Robert De Niro, el mejor actor del mundo

Se dice de él que es el mejor actor del mundo. Algunos lo han situado a la altura de Marlon Brando, y es uno de los intérpretes más serios y profesionales a la hora de llevar a cabo un proyecto. Y no sólo actúa, sino que además se ha atrevido en un par de ocasiones a ponerse detrás de la cámara…
Robert De Niro es, sin duda alguna, una de las figuras que coronan la cúspide de la pirámide de Hollywood. Y eso que Bob no está siquiera en el Top 10 de los actores que más cobran…

Robert Anthony De Niro Jr. nació en Greenwich Village, Nueva York, el 17 de agosto de 1943. De padres artistas (su madre era poeta y pintora, mientras que su padre se dedicaba a la pintura expresionista), Robert De Niro vivió durante su infancia en la casa de su madre, situada en el conocido barrio neoyorquino de Little Italy. Allí asistía a una escuela pública infantil, donde con diez años interpretó el papel del león cobarde en una representación escolar de El mago de Oz. Éste fue el debut interpretativo del actor, que, con solamente 16 años, abandonó los estudios para incorporarse a una escuela de interpretación, decidido a convertirse en un actor profesional. Conocido en la calle como “Bobby Milk”, a causa de su tez pálida, Robert De Niro se relacionó durante su juventud con algunas figuras del hampa de la Gran Manzana, en las que seguramente se basaría a la hora de realizar algunos de sus papeles más negros.

En 1963, Robert De Niro obtuvo su primer papel cinematográfico, a las órdenes del director Brian De Palma. The Wedding Party supuso su primera colaboración conjunta.

Tras varios trabajos en el teatro y algún que otro papel de poca importancia en largometrajes, y habiendo colaborado con De Palma en varias ocasiones, Robert De Niro fue escogido para un importante papel en la película de 1973, Muerte de un jugador. Con esta cinta, el actor ganó cierta popularidad, lo que marcó un momento clave en su carrera, ya que gracias a esto, y al aval de De Palma, Robert comenzó a trabajar con el que sería su director fetiche, Martin Scorsese, en la cinta Malas Calles, de ese mismo año.

Un año más tarde llegaría otro de los momentos decisivos de su carrera.

En 1971, Francis Ford Coppola realizó audiciones para su película El Padrino. Un tímido Robert De Niro se presentó al casting para la elección del actor que daría vida al temperamental personaje de Sonny Corleone, pero su forma de actuar, y su poco explosiva interpretación, provocaron el rechazo de su candidatura para un papel que requería intensidad exaltada por momentos. El papel finalmente se lo llevó James Caan.

De Niro, como Vito Corleone, en El Padrino II

No obstante, Francis Ford Coppola quedó maravillado por las dotes de De Niro, que a pesar de no ser el ideal para el papel de Sonny, dejó marcado positivamente al director. Gracias a esto, en 1974, Francis Ford Coppola decidió darle el papel del joven Vito Corleone en El Padrino II. El resultado no pudo ser más exitoso: el mundo entero se quedó perplejo ante la virtuosa interpretación del neoyorquino, y la cinta recibió críticas incluso más halagadoras que las que recibió la precuela. El Padrino II se convirtió en un éxito de taquilla y crítica, y Robert De Niro ganó el primer Oscar de su carrera como Mejor actor de reparto.

A partir de aquí, su carrera experimentaría un crecimiento vertiginoso.

En 1976, el actor participó en tres películas. En la primera, a las órdenes del director Bernardo Bertolucci, Robert interpretaba al patrón de una hacienda italiana en medio de la vorágine de principios del siglo XX. Sin embargo, no fue por Novecento por la que sería recordado, sino por el segundo proyecto que llevó a cabo.

De Niro, en Taxi Driver

Dirigido por Martin Scorsese, Robert De Niro rodó Taxi Driver, en la que daba vida a un desequilibrado e inestable excombatiente. Según él mismo reconoció, jamás pensó que dicha película fuera a tener ningún impacto. Sin embargo, la cinta, convertida en pieza de cine de culto, inmortalizó a De Niro con la conocida frase “you talking to me?”, y terminó por unir a actor y director, que volvieron a trabajar juntos un año más tarde en New York, New York.

Su tercer proyecto fue El último magnate, de Elia Kazan.

En 1978, Robert De Niro se convirtió en otro taciturno excombatiente, en la bélica El cazador (The Deer Hunter).

Un par de años más tarde, Martin Scorsese volvió a llamar a De Niro, y puso en sus manos el guión de un biopic sobre el boxeador italo-americano Jake LaMotta.

De Niro interpretaría al mítico púgil, mientras que Joe Pesci, otro de sus actores fetiche, haría del hermano y manager del deportista, en una película que no sólo recorrería la vida deportiva del boxeador, sino también su oscura vida privada, a lo largo de varios años. Para ello, Bob tendría que ponerse en forma para rodar las escenas que reflejasen al LaMotta en el momento más álgido de su carrera deportiva, y después ir variando su físico, hasta el punto de llegar a ganar más de 20 Kg de peso, con el fin de reflejar el momento de mayor deterioro del campeón del peso welter. De Niro aceptó, y no sólo supo cumplir con lo que la producción exigía, sino que firmó la que hoy en día se considera una de las mejores actuaciones de la historia del cine.

El cambio físico del actor en Toro Salvaje fue drástico

Toro Salvaje le dio a Robert De Niro su segundo Oscar, ésta vez como Mejor actor principal.

En la década de los ’80, De Niro decidió dar un aire heterogéneo a su carrera, e intercaló papeles de tipo duro, relacionados con los bajos fondos o los ambientes oscuros, con papeles en películas de otros géneros.

Mientras que interpretaba a un gángster callejero, en la obra maestra de Sergio Leone, Érase una vez en América, o dejaba al mundo maravillado con su interpretación del gran capo mafioso Al Capone, en Los intocables de Elliot Ness (una nueva colaboración con Brian De Palma), también aceptaba papeles más cómicos, como el de El rey de la comedia, de Martin Scorsese, o se introducía en el drama de época, como en La misión, de Roland Joffé.

Por otro lado, De Niro invirtió en el mundo del cine, a través de la productora TriBeCa Productions, a su vez responsable del TriBeCa Film Festival, que según llegó a reconocer el actor, condicionó algunos de sus papeles posteriores.

Y película a película, trabajo tras trabajo, llegaron los ’90, la década más prolífica del actor, que llegó a actuar en una media de dos películas y media por año.

En 1990 trabajó en Cartas a Iris, Despertares, y Uno de los nuestros.

En 1991, Culpable por sospecha, la archi-televisada Llamaradas, y El cabo del miedo, cuyo papel es uno de los más recordados.

En 1992 realizó Gente de Sunset Boulevard y La noche y la ciudad.

En 1993 participó en La chica del gángster y Vida de este chico, y además debutó en la dirección, con la negra pero optimista Una historia del Bronx, donde también interpretaba un papel secundario. Curiosamente, la cinta narra la relación sentimental entre un italoamericano y una chica de raza negra. Aquí De Niro reflejó parte de su propia vida personal, siendo él un italoamericano que siempre ha mantenido relaciones sentimentales con mujeres afroamericanas, desde la actriz y cantante Diahnne Abbott, pasando por la modelo Toukie Smith, hasta su actual pareja, Grace Hightower.

En 1994 únicamente participó en Frankenstein de Mary Shelley.

El año 1995 trajo Las cien y una noches, la exitosa Heat, que reunió nuevamente a De Niro con Al Pacino, y la prácticamente perfecta Casino, otro trabajo más junto a Scorsese.

De izda. a dcha.: Martin Scorsese, Joe Pesci, y Robert De Niro, durante el rodaje de Casino

El año siguiente, De Niro trabajó en la película coral Sleepers, y en La sangre que nos une.

En 1997 llegaron Cop Land, La cortina de humo, y Jackie Brown. Esta última supuso el primer trabajo junto al también genial Quentin Tarantino, con el que volvería a relacionarse (esta vez como productor, en lugar de director) en Machete, 13 años más tarde.

En 1998 De Niro trabajó en Grandes esperanzas y Ronin; y cerró la década con Nadie es perfecto, y Una terapia peligrosa, que traería una secuela tres años después. En total, 26 películas a sus espaldas.

A partir de aquí, la carrera del actor sufrió algunos altibajos, tal vez marcados también por la salud del actor, que en 2003 fue diagnosticado de un cáncer de próstata que le obligó a entrar en quirófano.

De Niro junto a Billy Crystal, en Una terapia peligrosa

Por un lado, el actor decidió enfocar su carrera hacia el género cómico, participando en las ya mencionadas Una terapia peligrosa I y II, y en la saga Los padres de ella. Por otro, los papeles que debían tener más intensidad, como el de Un golpe maestro (última película que llegó a rodar Marlon Brando) o Asesinato Justo (junto a Pacino de nuevo) se quedaron en películas que obtuvieron un éxito mediocre. Esto, unido a que su segundo trabajo como director en El Buen Pastor no obtuvo críticas favorables, dejaron la carrera de De Niro un tanto tocada.

Sin embargo, el papel de De Niro en Todos están bien dejó muy buen sabor de boca, y devolvió la fé a aquellos que aún esperaban ver el resurgir del actor.

En 2011, De Niro recordó lo que era triunfar en taquilla con la exitosa Sin límites, y un año más tarde se sumó al reparto de dos películas significativas: la primera, Luces Rojas, por estar dirigida por el talentoso director español Rodrigo Cortés; la segunda, por ser la plataforma en la que De Niro volvería a demostrar su enorme talento interpretativo.

Bradley Cooper interpreta al hijo de De Niro, en El lado bueno de las cosas

El lado bueno de las cosas, dirigida por David O. Russell, y adaptación de la novela homónima de Matthew Quick, supuso un éxito a nivel mundial, y obtuvo críticas muy positivas. Este éxito se materializó en varias nominaciones al Oscar, entre ellas, la de Robert De Niro como Mejor actor de reparto.

De Niro no obtuvo la estatuilla, pero sí que convenció a todo el mundo de que, lejos de encontrarse en el declive de su carrera, aún tiene mucho talento por aportar.

Dentro de poco, en abril de 2013, el actor estrenará la comedia La gran boda, debut del director y guionista Justin Zackham. Y sin duda alguna, todos los amantes del género esperamos la futura cinta mafiosa The Irishman, que seguramente supondrá el reencuentro definitivo de Robert De Niro con Martin Scorsese, Al Pacino y Joe Pesci.

Lo que nos hace pensar que lo mejor de el mejor actor del mundo, aún está por llegar…

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