Fantasía y Amor unidas en “Un Amor Entre Dos Mundos”

Por Andrea Zabalza

¿Qué debe tener una película de amor para no caer en la rutina que siguen todas las películas románticas de los últimos 10 años?

Juan Solanas debió hacerse la misma pregunta cuando escribió Un Amor Entre Dos Mundos, y bien por él, porque ha conseguido que una historia que en la propia película se describa como una auténtica historia de amor, se convierta en una historia con más fantasía e ingenio de la que muchos son capaces de aceptar en una película y que, a mí, me ha apasionado.

El director de la película, encargado también del guión, es Juan Diego Solanas (“El Hombre sin Cabeza” (2003), “Nordeste” (2005)). Su trabajo es fantástico. Al igual que en sus dos anteriores trabajos, sabe crear una gran atmósfera durante toda la película, es capaz de crear una poesía de 2 horas que embriaga al espectador y lo transporta al mundo que ha creado (o en este caso a dos mundos) para hacerle sentir protagonista de la película. Ha sabido reunir todo lo necesario para que una película funcione: 2 protagonistas conocidos por todos (Kirsten Dunst y Jim Sturgess); un argumento diferente (dos mundos, uno encima de otro, y unidos por una gran empresa llamada Intermundo); unos efectos visuales impresionantes; una preciosa Banda Sonora; un guión que, aunque a veces atropellado, resulta agradable para el espectador, y ha sabido integrar la magia, la fantasía, la realidad, el amor, la crítica social y la locura de forma impecable para crear el cóctel perfecto que nos invita a soñar despiertos.

El reparto no podía ser mejor: el mayor peso de la película recae sobre el joven Jim Sturgess (“21 Black Jack” (2008), “El Atlas de las Nubes” (2012)), que interpreta el papel de Adam, un joven del mundo inferior, que trabaja para ganarse la vida en un mundo destinado a desaparecer. Su papel no es muy complejo, pero Sturgess sabe dar siempre un toque entre melancólico y un poco loco a sus papeles, que hacen ganar puntos a sus personajes. Su pareja en la película es Eden, interpretada por una acertada Kirsten Dunst (“Las Vírgenes Suicidas” (1999), “Melancolía” (2011)), que vuelve al drama romántico de una forma más que acertada, brindándonos una Eden muy creíble y cercana al espectador.  Ambos actores están acompañados de un buen elenco de secundarios encabezados por el siempre divertido y encantador Timothy Spall (al que todos recordamos por ser Peter Pettingrew en la SagaHarry Potter”.

El argumento es muy diferente a lo que se nos había presentado hasta ahora. Se trata de dos mundos superpuestos, uno encima de otro, con personajes que aparecen en una misma imagen, unos boca arriba y otros boca abajo. Un mundo de “arriba” rico y próspero que vive de la energía y la electricidad, y un mundo de “abajo”, pobre y destinado a desaparecer, que vive del petróleo y en el que sus habitantes mueren de hambre y frío, en unas difíciles condiciones, mientras el mundo de “arriba” aprovecha todos los recursos para seguir prosperando, con la única preocupación de que estos mundos nunca se junten. Ambos mundos están unidos por una gran empresa llamada Intermundo, que gobierna sobre todos y es la encargada de controlar sobretodo que los habitantes de “abajo” no puedan subir al mundo de “arriba”.

La trama principal se centra en el joven Adam, un chico del mundo de abajo que cuando era pequeño conoció a Eden, una chica del mundo de arriba. Lo que comenzó como un simple juego, una diversión de niños pasó a convertirse con el paso de los años en un profundo amor. Pero tras un accidente, Adam y Eden no vuelven a verse. 10 años después el joven ve a Eden por televisión y descubre que trabaja en Intermundo. Adam decide ir a buscarla, y para ello tendrá que romper las reglas y subir al mundo de arriba.

Pero la película se quedaría en poco si no fuera por la espectacular estética creada por su director, con planos superpuestos. Vemos durante toda la película en una mitad de pantalla un personaje que aparece boca abajo, mientras en la otra mitad de la pantalla el otro personaje aparece boca arriba. Las imágenes en las que podemos observar ambos mundos son fantásticas, están llenas de color y luz en el mundo de “arriba”, y son sombrías y tristes en el mundo de “abajo”, y todo en un mismo plano que sabe captar y mezclarse de forma perfecta.  Estad atentos a la escena en la que el personaje de Kirsten Dunst baila un tango en el “Café Dos Mundos”, y vemos ambos mundos en el mismo plano, con gente bailando y girando alrededor de una bella lámpara. La escena es magnífica, y la música que la acompaña es exquisita.

Otro gran punto del film es su ya mencionada Banda Sonora a cargo de Benoit Charest (“Bienvenidos a Belleville” (2003), “Una Botella en el Mar de Gaza” (2011)). Cada escena está acompañada por la música perfecta, con diferentes estilos, desde un precioso tango a una nostálgica música que nos hacen viajar al interior de la historia.

En definitiva, se trata de una película de amor, con elementos dramáticos, fantásticos, e incluso de humor, que harán al espectador disfrutar en cada una de sus escenas. Con unos efectos visuales magníficos y una fotografía espectacular. Y un reparto de lujo, que hace muy bien los deberes en esta película.

Lo mejor: la estética, la luz y el color, los efectos visuales y un argumento diferente que nos hace disfrutar.

Lo peor: un final que peca de atropellado, y el hecho de que, siendo una magnífica historia de amor, dicha historia nos deje quizá un poco fríos.

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