“Un lugar donde refugiarse: ¿Alguien ha pedido azúcar?”

por Alejandro Aramendía

El Cine es una modalidad artística, y, a la hora de juzgar una obra de arte, debemos considerar dos dimensiones claramente diferenciadas de ella.

Por un lado, el valor objetivo de dicha obra. No referido a su valor material, sino cualitativo. A la calidad de la obra de arte, y en el caso del Cine, a la calidad objetiva del film.

Por otro lado, el efecto subjetivo que la obra ejerce sobre nosotros, esto es, lo que la película consigue transmitirnos, o como nosotros la apreciamos, con la psicología particular de cada uno.

Para ilustrar la competencia entre objetividad-subjetividad a la hora de juzgar una obra de arte, muchas veces se ha utilizado una comparativa con la temperatura: “Una habitación está a una temperatura concreta y objetiva, y dos personas que la habitan pueden sentir sensaciones diferentes de frío o de calor”.

Existen películas buenas, y películas malas. Existen películas que nos gustan, y películas que no. No siempre existe una concordancia, positiva o negativa, en ambos aspectos.

De izda.-drcha.: Josh (Noah Lomax), Katie (Julianne Hough), Lexie (Mimi Kirkland) y Alex (Josh Duhamel).

Hoy vamos a hablar de Un lugar donde refugiarse. Una película que yo juzgo mala, y que a mí, personalmente, me ha dejado bastante templado, pero que puede llegar a gustar, y mucho. Especialmente, al público sensiblero.

Lasse Hallström (Suecia, 1946) es un director generalmente asociado al cine sentimental. ¿A quién ama Gilbert Grape? , Las normas de la casa de la sidra, Chocolat, Casanova, Siempre a tu lado, Hachiko, Querido John, La pesca del salmón en Yemen… Prácticamente, toda la filmografía reciente del realizador posee un estilo argumental y una temática similar.

Si bien la historia no es completamente suya (el guión de Leslie Bohem es una adaptación de la novela Safe Haven, del escritor Nicholas Sparks), sí lo es el estilo que imprime sobre el largometraje, plagado de escenarios idílicos, situaciones un tanto inverosímiles, diálogos y sucesiones tópicas y predecibles, y personajes estereotipados.

Desde el primer minuto, un espectador medianamente avispado tiene clarísimo quién es el bueno y quién el malo, y a partir de la media hora, empezará a desear la aparición de algún “feo” (por terminar con el guiño a Eastwood…) que avive el argumento, y rompa con la racha de escenas tópicas y empalagosas, y escenarios de postal, que el guión va enumerando.

Tampoco es buena la dirección que Hallström ejecuta sobre sus principales actores, permitiendo que Julianne Hough (Burlesque (2010), Footloose (2011), Rock Of Ages (2012), en fin…) se muestre incluso pánfila y estúpida en algunas de sus escenas, o Josh Duhamel (Transformers I y II, Como la vida misma (G. Berlanti, 2010)) no consiga transmitir prácticamente nada en otras tantas.

Profundicemos en los actores.

Julianne Hough interpreta a Katie, una chica que huye de su pasado, buscando un lugar donde aislarse, en una pequeña ciudad portuaria del sur de Carolina del Norte. Allí conocerá a Alex (el personaje de J. Duhamel), un padre que lucha por sacar adelante a sus dos hijos regentando una pequeña tienda/estación de servicio, en el centro de una familia asolada por la muerte su mujer.

Del argumento no puedo decir nada más, debido a que, como ya he comentado, es altamente predecible, y cualquier detalle en adición daría demasiadas pistas.

De los actores, diré que Hough es una mala actriz, que, sin éxito, intenta suplir con su belleza la carencia aguda de talento interpretativo que padece. En cuanto a Josh Duhamel, podríamos decir algo parecido. El actor, atractivo para el público femenino en general, consigue encandilar a las espectadoras, y camuflar la falta de fuerza y de presencia que hemos podido ver alguna que otra vez suelta, en papeles como el que lleva a cabo en la serie televisiva Las Vegas. Para el público masculino (o dejémoslo en “no-andrófilo”, para evitar que alguien se sienta discriminado…), dicho camuflaje no surte efecto.

La actriz Cobie Smulders, en el papel de “Jo”.

En un papel secundario, observamos a Cobie Smulders (conocida por interpretar a Robin en la sitcom americana Cómo conocí a vuestra madre), dando vida a Jo. La actriz aparece poco, y apenas consigue hacer que nos olvidemos de su célebre alter-ego. Por otro lado, el actor David Lyons (otro habitual en las teleseries americanas…) sobreactúa en su interpretación del detective de policía Kevin Tierney.

Pocas cosas buenas podemos sacar de esta cinta.

Una de ellas es su buena fotografía, y la forma en que se ha conseguido captar el esplendor de los exteriores en los que fue rodada. Además, la localización de dichos escenarios está muy bien transmitida, permitiendo al espectador hacerse una imagen mental casi perfecta del mapa de la ciudad donde se desarrolla la trama.

Otra, la actuación admirable de la pequeña Mimi Kirkland, en el papel de Lexie, la hija de Alex.

En definitiva, Un lugar donde refugiarse es una película bonita y sentimental, pero que se excede intentando emocionar al observador, y utiliza trucos fáciles para ello. Al final, se acaba tornando no apta para diabéticos.

– Lo mejor: La actuación de la pequeña Kirkland, y los valores que la cinta intenta transmitir, que no son del todo malos.

– Lo peor: El guión, y las actuaciones. El primero: predecible, tramposo, tópico y lento. Las segundas: malas, interpretando papeles demasiado estereotipados.

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