“Tierra Prometida: calidad, aprovechada al 85%…”

por Alejandro Aramendía

Vamos a hablar de Tierra Prometida.

Cuando un realizador decide introducir un tema social en una de sus películas, debe saber que esto implica una serie de riesgos añadidos, que no corren otro tipo de películas de carácter más convencional.

Para empezar, su proyecto corre el riesgo de ser rechazado por la productora, insegura de depositar un presupuesto concreto en una película susceptible de desagradar a una parte importante del público.

Por otro lado, su proyecto corre el riesgo de incomodar a cierto segmento o grupo social, al que la cinta hace referencia, directa o indirectamente, y que usará, si esto sucede, sus ramas de influencia para procurar que nadie vaya a escuchar la historia que querrá contar.

Por supuesto, tratar un tema social es hablar, sobre la gente, a la gente. Esto produce polarización: habrá gente a la que le guste la película porque comparte sus ideas, y gente que no comparta la visión del mundo que la cinta generada ofrece. El boca a boca juega su papel, y esto se relaciona directamente con los resultados en taquilla.

Sue (Frances McDormand) y Steve (Matt Damon)

No obstante, como dijo aquel, “quien no arriesga, no gana”. Una película que habla sobre un tema polémico o de actualidad, si triunfa, lo hace de verdad.

Gus Van Sant es un hombre arriesgado. Muy a menudo, por no decir casi en la totalidad de su filmografía, ha introducido discusiones sociales o retratos de pequeñas piezas de la sociedad en sus películas. Su ópera prima, Mala Noche (1985), narraba la historia de un gay que trata de seducir a un inmigrante mexicano menor de edad (empezó suave, ¿eh?). Después realizó Drugstore Cowboy (1989), describiendo la dramática vida de cuatro toxicómanos. En sus películas, ha hablado de la prostitución, de la homosexualidad, de los traumas filio-parentales, de las drogas, del racismo, de las masacres en institutos… Después de ser nominado al Oscar a Mejor director por El indomable Will Hunting, y recibir la Palma de Oro de Cannes en la misma categoría por Elephant, realizó una película basada en la figura del polémico Kurt Cobain, y volvió a ser nominado al Oscar por Mi nombre es Harvey Milk, donde reflejaba la vida de este político homosexual.

Esta vez, con Tierra Prometida, Van Sant ha abierto una discusión sobre la polémica fracturación hidráulica o fracking, un método de extracción de gas natural, en alza en las zonas rurales de EEUU, y que las compañías energéticas están llevando a cabo sobre tierras cuyos derechos de extracción son previamente comprados a los dueños del terreno, que a su vez suelen estar presionados a la venta por la situación de crisis actual. Todo esto ya es un logro para el director, pues supone que ha llegado a plantear algo a la gente. Y lo ha hecho a través de una película que dirige con acierto, contando las cosas desde un punto de vista bastante sencillo, con escenas que transmiten ideas con sólo un par de palabras de la boca de los actores, sin diálogos retorcidos ni rizar el rizo con los planos.

El actor y guionista John Krasinski, en el papel de Dustin Noble

El guión, escrito por Matt Damon y John Krasinski principalmente (que además protagonizan la película), cuenta con una trama sencilla, bien contada hasta la parte final de la cinta, donde un par de giros argumentales rompen con la sencillez con la que se va narrando el relato. Después de hora y pico de tranquilidad, viendo una historia que no hace pensar apenas al espectador, esta sacudida argumental incomoda un tanto.

El argumento de la película cuenta la historia de dos agentes comerciales de una de estas empresas de fracking, que inteligentemente, utilizando técnicas estudiadas de negociación, luchan por conseguir que los dueños de grandes extensiones rurales estampen su firma en los contratos favorables para la compañía.

Analicemos a los protagonistas.

Matt Damon (La saga El caso Bourne, Invictus, Más allá de la vida, y una infinidad más…) interpreta a Steve Butler, uno de los dos agentes comerciales. El actor, que a menudo resuelve sus papeles de una forma muy notable, no pierde la costumbre en esta cinta. Es un actor de calidad. Tal vez no brillante, pero en el que se puede confiar a la hora de otorgarle un papel protagonista. Actúa bien.

La pareja laboral de Butler es Sue Thamason, a la que da vida la actriz Frances McDormand (Casi famosos (2000), En tierra de hombres (2005), Moonrise Kingdom (2012)). Sin lugar a dudas, es la mejor interpretación de toda la cinta. McDormand no sólo dota a su personaje de un humor ácido y curioso, sino que le da una seriedad serena, eficaz, que hace que sea muy creíble. Buen trabajo.

En los secundarios, observamos a John Krasinski (Dreamgirls (2006), Una aventura extraordinaria (2012)), en el papel de anti-héroe (interpreta a Dustin Noble, un extraño activista medioambiental). Se le nota algo más verde que al resto del reparto, pero no llega a desentonar. También vemos a Rosemarie DeWitt (La boda de Rachel (2008)), interpretando con gracia el papel de la maestra de escuela, Alice. Cierran el casting los talentosos Scott McNairy, Titus Welliver y Hal Holbrook.

En general, todo el reparto actúa con calidad, dejando buenas sensaciones con papeles bastante creíbles.

En el apartado técnico, destaca la fotografía del film, que transmite con tonos un tanto apagados, y escenas con paisajes rurales y momentos con lluvia, varias cosas: por un lado el estado de ánimo del protagonista, cada vez más presionado por los problemas laborales que le surgirán al no conseguir parte de sus objetivos; y por otro, el aislamiento de los pueblos y territorios sometidos a compra-venta.

En el musical, el compositor Danny Elfman, caracterizado por crear bandas sonoras bellas, coloridas y llamativas, no ve cómo es explotado todo su potencial.

En definitiva, Tierra Prometida es un film de calidad media, cuyo valor aumenta gracias a la tremenda calidad de su director, su reparto, y su compositor musical, pero que sin duda, con algo más de trabajo y buen tino, podría haberse convertido en una película que marcase la diferencia. Finalmente, no lo es. Aunque Gus Van Sant, en América, ya ha creado el debate…

– Lo mejor: La interpretación de Frances McDormand, y un diálogo: la negociación en la cafetería, al principio de la cinta, entre el comercial Steve Butler y el alcalde del pueblo donde transcurre la trama.

– Lo peor: Que se haya desaprovechado la oportunidad de convertir esta película, de calidad media-alta, en una de las mejores del año.

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