“Objetivo: La Casa Blanca : Por Dios, la Patria, y el Presidente…”

por Alejandro Aramendía

Los Estados Unidos de América son, actualmente, la confederación de estados más potente, económicamente hablando, del Mundo. Es algo objetivo. Su PIB nominal supera con creces el de cualquier otro país del planeta, y únicamente la Unión Europea, como conjunto, es capaz de hacer frente a su capacidad de generar riqueza interior.

Gerard Butler, en el papel del agente Mike Banning

Pero EEUU no sólo posee la mayor fuerza económica de la Tierra, sino que además, marca enormemente la corriente cultural de prácticamente todos los habitantes del que se conoce como “Mundo Occidental”. Todo lo que EEUU produce culturalmente es exportado al exterior, para que todo aquel que lo consume sienta el deseo de formar parte de América. Escuchamos su música, vestimos sus zapatillas y camisetas, sus ciudades nos hechizan y atraen, sus universidades nos parecen las mejores, y sobre todo, observamos atónitos sus películas, que en comparación con las nuestras, son mucho mejores…

Postureo. Posiblemente, el 90% de sus películas sean pésimas. Posiblemente, nuestra cultura sea enormemente más rica, debido en parte a que poseemos muchísimos más años de Historia que ellos. Posiblemente, la América de verdad no sea como nos la venden… Pero nos la han vendido.

Hemos permitido que EEUU sea el país mundial de referencia. Y ellos se lo han creído. Son conocedores de su posición para con el resto. Y lo reflejan en sus películas.

Hoy vamos a hablar de Objetivo: La Casa Blanca. Una película de acción, con un guión típico, sin originalidad. Con muchas explosiones, y poco diálogo. Con unas actuaciones pésimas, y unos personajes estereotipados. Pero, sobre todo, y esto es lo que más me desagrada, una película que desprende cierto tufillo a “los americanos somos los amos del mundo, y el ejemplo a seguir…”, que a veces ralla lo irrespetuoso.

Empecemos con la dirección.

El estadounidense Antoine Fuqua dirige la cinta del mismo modo que ha dirigido sus anteriores trabajos. Training Day (2001), El rey Arturo (2004), Shooter: El tirador (2007), Los Amos de Brooklyn (2009), son algunos de sus títulos más conocidos. Todos sus proyectos se caracterizan por dar un papel protagonista a las secuencias de acción, siendo comunes los tiroteos interminables, los combates cuerpo a cuerpo más contundentes que artificiosos, etc.

Cuando haces lo anterior, lo normal es que el resultado sea una película que entretiene, pero que no transmite nada. Algo para pasar el rato, inflarte a base de palomitas, y ya. Esto en sí no es malo, pero conforme la experiencia cinematográfica va aumentando, uno se acaba dando cuenta de que no hay originalidad en los argumentos, y los elementos de la trama resultan demasiado fáciles de identificar. La cinta se torna previsible, y por lo tanto, las escenas beligerantes, insuficientes.

A la drcha.: Aaron Eckhart, como el Presidente Benjamin Asher

Lo anterior es precisamente el problema que tiene el guión. Es previsible, es típico o poco original, y es simple y facilón. Pero sobre todo, es demasiado patriótico.

La historia se centra en Mike Banning (Gerard Butler), un miembro del Servicio Secreto americano, relegado a un puesto de oficina en el Departamento del Tesoro, que se convertirá en la única esperanza para recuperar la Casa Blanca del control de un grupo terrorista para-militar procedente de Korea, y rescatar al presidente de los EEUU, uno de los rehenes que ha tomado dicho comando.

Las continuas frases a lo largo de toda la película, que dejan entrever la importancia de EEUU para mantener la paz y la libertad mundiales, o el simple hecho de que siempre (y con esta película, una vez más…) los americanos sean los buenos, y los extranjeros los malos, comienza a cansar. Durante toda la película se escuchan tambores de marcha y cornetas militares, acompañando a las escenas, en las que en el 80% de los planos aparece la bandera de barras y estrellas. Es tal la exaltación del sentimiento estadounidense, que llegué a sentir vergüenza ajena en una de las secuencias: concretamente, en la que la Secretaria de Defensa, Ruth McMillan (interpretada por una, como de habitual, sobreactuada Melissa Leo…) jura su lealtad a la bandera americana, mientras es apaleada y arrastrada por un grupo de terroristas. Absurdo.

Melissa Leo (The Fighter (2010), Oblivion (2013)) no es la única que deja bastante que desear. La actuación de Aaron Eckhart (Paycheck (2005), El caballero oscuro (2008)), un mediano actor acostumbrado a papeles humildes, pone más trabajo que talento para sacar su papel adelante. Morgan Freeman (Cadena perpetua (1994), Million Dollar Baby (2004), y un ciclópeo etcétera…),  interpreta al Portavoz Trumbull. Lo hace con calidad, bien, pero no me gusta la dirección que está tomando su carrera, en la que, últimamente, abundan las películas de segunda fila, cuando él es uno de los actores de mayor talento del panorama internacional.

En cuanto a los papeles principales, Gerard Butler (300 (2006), RocknRolla (2008)) interpreta al héroe Banning, mientras que el villano Kang, cae sobre los hombros del actor Rick Yune (The Fast & Fourious (2001), El hombre de los puños de hierro (2012)). El primero, posee carisma, y deja que su presencia se note, aunque no estamos ante su mejor trabajo; el segundo, demasiado frío, no llega a asustarnos de verdad.

Lo más destacable de la cinta son sus efectos especiales. Las explosiones, los decorados donde fue rodada, y el resto de elementos que le dan espectacularidad, son logros que consigue una considerable producción.

Pero no aporta nada más. Objetivo: La Casa Blanca no es más que lo mencionado en el párrafo inmediatamente superior, y está colmada de los defectos mencionados en los anteriores. Sin embargo, sus ingresos ya han duplicado la cifra de coste de su producción. ¿Por qué? Tal vez los aplausos de la gente animada, al finalizar la película con la apoteósica frase “¡Dios bendiga a los Estados Unidos de América!”, sean la explicación. Tal vez, una vez más, nos la hayan vendido…

– Lo mejor: Sus efectos especiales, vistosos y realistas.

– Lo peor: El intenso patriotismo americano que inunda la película.

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