“Agosto: el teatro, al servicio del cine…”

por Alejandro Aramendía

Es habitual encontrarnos que el mundo del arte escénico no posee límites internos entre sus diferentes ramas, y a menudo nos encontramos que los artistas que forman parte de él son multi-disciplinares.

Así, muchos de los actores que protagonizan las películas más taquilleras suelen esconder una no tan notable carrera musical, por ejemplo, o más habitualmente, un pasado sobre los tablones teatrales. Muchos realizan el camino inverso, y dedican su trabajo al teatro después de haber triunfado en Hollywood.

Esta retroalimentación entre ramas interpretativas no sólo es parte  del fenómeno interno del intérprete propiamente dicho, sino también del resto de artistas que forman parte del cuadro, como los directores, productores y guionistas. Es por ello que, a menudo, muchas de las cintas que podemos encontrar en la gran pantalla fueron un día “modestas” obras de teatro que inspiraron al creador cinematográfico. Claros ejemplos de este fenómeno son Equus (Sidney Lumet, 1977), Sweeney Todd (Tim Burton, 2007), Romeo & Juliet (Franco Zeffirelli, 1968), Amadeus (Peter Shaffer, 1984), o la más reciente Un Dios Salvaje (Roman Polanski, 2011). Todas ellas son piezas de teatro que dieron el salto al cine. Hay muchos más ejemplos. Como la película que hoy nos ocupa.

Barbara (Julia Roberts), junto a su madre, Violet (Meryl Streep)

Inspirada en la obra teatral homónima del dramaturgo estadounidense Tracy Letts (obra, en España, protagonizada por Amparo Baró y Carmen Machi), August: Osage County o simplemente Agosto, como aquí se ha titulado, nos dibuja una escena un tanto atípica, mostrándonos a una familia de tres hermanas de mediana edad, acompañadas por sus parejas y descendientes, que regresan al caserío rural donde se criaron en las extensas llanuras de Oklahoma, para reunirse con su madre, ante la repentina e inexplicable desaparición del padre de las tres.

Del mismo modo que yo les presento la trama, lo hace el director, John Wells (The Company Men, 2010), que permite que la situación sea descrita de un modo teatral muy purista: sustituyendo las grandes secuencias descriptivas con los propios diálogos de los protagonistas, que son quienes realmente nos describen lo que está sucediendo. El trabajo de Wells en este sentido es bastante bueno. Por otro lado, consigue sacar de su reparto verdaderas chispas de genialidad interpretativa. Hablaremos de los protagonistas más tarde.

Si bien la situación, como he comentado, viene descrita por los diálogos de un guión que escribe el propio Tracy Letts, el trabajo de producción a la hora de grabar los exteriores rurales y los interiores de la casa en la que se desarrolla toda la acción, ha sido, a mi juicio, extraordinario, mostrándonos la vasta amplitud y consecuente soledad de los campos de Oklahoma, y representando un calor veraniego que casi traspasa la pantalla y llega a la piel del espectador gracias al trabajo en el departamento de fotografía.

En contraste, el apartado musical es prácticamente inapreciable. Lejos de ser malo (la partitura corre a cargo de Gustavo Santaolalla, compositor que ganó dos Oscars por la banda sonora de Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005) y Babel (A. G. Iñárritu, 2006)), pasa desapercibido por la suavidad de su música y su función puramente decorativa. Esto contribuye a que aumente aún más la sensación de estar viendo una obra de teatro, y la carga de la película siga recayendo sobre los actores.

El elenco casi al completo, en una de las mejores escenas de la película

Pero no podía haber salido mejor, puesto que es precisamente el reparto quien eleva la calidad de la película hasta un punto verdaderamente notable.

Al igual que el guión, el elenco de actores se dispone como ramas alrededor de un tronco central, la matriarca Violet Weston, interpretada de una forma sublime por la magistral Meryl Streep (señalar dos o tres de sus películas al azar como representativas de su carrera sería un insulto al resto…), que recibe su decimo octava nominación al Oscar por su trabajo en esta película. Si la Academia es justa en su valoración, Meryl Streep recibirá su cuarta estatuilla.

Julia Roberts (Pretty Woman (Garry Marshall, 1990), Erin Brockovich (Steven Soderbergh, 2000)) es la segunda cabeza de cartel, y no es para menos. Su trabajo interpretando a la hija mayor Barbara Weston es posiblemente el mejor trabajo de su carrera, junto al que le dio el Oscar en el año 2000. Su papel evoluciona dentro de la película de una forma que llega a asombrarnos. En consecuencia, está nominada para el premio de este año en la categoría de Mejor actriz de reparto.

Junto a ella, vemos a un profundo, aunque algo secundario Ewan McGregor (Trainspotting (Danny Boyle, 1996), Big Fish (Tim Burton, 2003)), interpretando a la pareja de Barbara, Bill Fordham. Sin embargo, dentro de los roles masculinos, el que más destaca es el de Chris Cooper (Charlie Aiken, cuñado de Violet en el film), que aporta una calidad interpretativa mayúscula. También actúa de una forma extraordinaria Dermot Mulroney (al que recientemente vimos en la poco exitosa Jobs (Joshua Michael Stern, 2013)…), que desprende detalles geniales en su interpretación de Steve Huberbrecht, pareja de Karen Weston (Juliette Lewis, que por cierto, se contagia de su compañero, y deja su propia huella sobre el film).

El resto de intérpretes, en general, están a un gran nivel, siendo Agosto una película coral en la que todo el reparto afina a la perfección.

Charlie Aiken Sr. (Chris Cooper) junto a Charlie Aiken Jr. (Benedict Cumberbacht)

La contrapartida es, tal vez, una demasiado breve, aunque excelente, aparición de Sam Shepard (como Beverly Weston), y cierta falta de profundidad en el interesante personaje de Benedict Cumberbacht, Charlie Aiken Jr..

Agosto es una “película teatral”, si se me permite el término, hecha específicamente para lucimiento de sus intérpretes, que nos muestran un cuadro familiar (de familia…) dramático, a veces demasiado familiar (de cercano…) para el espectador.

– Lo Mejor: Meryl “Oscar” Streep.

– Lo Peor: Opta a un número reducido de galardones, como consecuencia de su guión poco narrativo.

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