Jimmy P: Volviendo loco al espectador…

por Alejandro Aramendía

Como decía Forrest Gump en una de las más célebres citas que en su boca situó el guionista Eric Roth, “la vida es como una caja de bombones: nunca sabes qué te va a tocar”.

El Cine es parecido. Uno entra a una sala de cine pensando que verá una cosa, y en muchas ocasiones, lo que se encuentra no tiene nada que ver con lo que esperaba.

Yo entré en la sala a ver Jimmy P con muchas ganas de ver otra excelente actuación del intérprete Benicio Del Toro, y lamentablemente, acabé observando un tedioso y aburrido tropiezo del director Arnaud Desplechin.

George Devereux (Mathieu Amalric) psicoanaliza a Jimmy Picard (Benicio Del Toro)

Si bien la trama en sí ya es aburrida, el director se encarga de acentuar dicho error con un trabajo impresentable. Vayamos por partes.

El guión de la película se asienta sobre la historia del libro “Reality and dream: Psychotherapy of a Plains Indian” del escritor George Devereux, que a su vez es uno de los protagonistas de la trama. La cinta nos cuenta el proceso de estudio y tratamiento de un enfermo mental, James Picard, indio blackfoot, por parte de una serie de doctores entre los que se encuentra el propio George Devereux, antropólogo y psicoanalista francés, con un oscuro pasado, todo ello ambientado en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Aparte de pretencioso, resulta lento y aburrido. El guión posee digresiones interminables que pretenden parecer interesantes y altivas, pero que dejan al espectador con ganas de contestar “y a mí, ¿qué?”. Por otro lado, se introducen momentos flashback que no son meramente narrativos, y que albergan la intención de dibujar un cuadro dramático, con un trasfondo conmovedor o “concienciador” fracasado, que no hacen sino aumentar la sensación de que la película está quedando verdaderamente larga…

Devereux (Amalric) y Madeleine (McKee)

El trabajo de Desplechin como cineasta queda muy en entredicho después de su labor aquí. Lejos de evocarnos sus mejores trabajos, como aquel Reyes y Reina (2004), nos da la impresión de que repite batacazo. No consigue darle ritmo a su película, a veces crea secuencias mudas que solamente entiende él, y ni siquiera se esfuerza en ofrecer planos firmes, sino que la cámara baila, mareante, en la cara de los intérpretes. Su elección del sonido en el primer tramo de la cinta es la de un amateur que se pone a editar vídeos caseros, y sólo en la segunda mitad de la película consigue crear algo de interés.

Por otro lado, apenas consigue sacar algo bueno de sus principales figuras. Benicio Del Toro (Traffic (Steven Soderbergh, 2000), Salvajes (Oliver Stone, 2012)), en el papel de Jimmy Picard, el enfermo, nos ofrece una actuación engorrosa, algo forzada, y que no termina de encajar muy bien con la personalidad más ácida y campechana que Del Toro suele depositar en sus personajes. Más que un enfermo psiquiátrico, parece un retrasado mental.

Algo mejor lo hace Mathieu Amalric (La escafandra y la mariposa (Julian Schnabel, 2007), actualmente en los cines con El Gran Hotel Budapest (Wes Anderson, 2014)) como George Devereux. Es un actor camaleónico, que en esta pieza resulta natural y creíble. Tal vez su excelente actuación sea lo mejor de todo el film.

En el ámbito de las actuaciones de reparto, podríamos decir que la mejor es la de Gina McKee (Notting Hill (Roger Michell, 1999), Expiación (Joe Wright, 2007)), en el papel de Madeleine, grácil y amable, con un carácter que, una vez más, el director no explota, en otro de los puntos en los que deja la trama abierta e inexplicada, como lo hace con el oscuro pasado del personaje George Devereux. Tampoco lo hace mal la actriz Jennifer Pademski como Doll, la nueva chica que ha conocido Jimmy.

Si bien la fotografía no es mala, ni tampoco la ambientación, el diseño de producción no salva las enormes carencias que posee esta obra. Jimmy P es lenta, soporífera, poco interesante, y está mal dirigida. Bombón agrio…

– Lo Mejor: La naturalidad y la calidad de Mathieu Amalric en pantalla.

– Lo Peor: El ritmo soporífero de la cinta, y los cabos sueltos que el director no explica.

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