Dom Hemingway: ladrón al puro estilo ‘RocknRolla’

por Alejandro Aramendía (@alejandro_arame)

Tengo que reconocer, en primer lugar, que soy un verdadero fanático del Cine Negro.

Desde El Golpe (G. R. Hill, 1973), hasta Camino a la perdición (Sam Mendes, 2002), pasando por Casino (Martin Scorsese, 1995), la nueva saga de Ocean’s Eleven (del director Steven Soderbergh), o las más oscuras y propias del Noir más puro como Zodiac (David Fincher, 2007), o la reciente Prisioners (Denis Villeneuve, 2013). Todas ellas cuentan con un punto en común característico: un buen guión que cuenta una historia girada entorno a la comisión de un delito, o entorno a las personas que los cometen habitualmente.

Por tanto, no sorprenderá en ningún caso que diga que Dom Hemingway, película de la que les hablo a continuación, me gustó. Y bastante. Hinquémosle el diente.

Dom Hemingway (Jude Law), junto a su amigo Dickie Black (Richard E. Grant)

La trama nos habla del propio Dom Hemingway, un ladrón canalla y descarado, de lengua afilada e hígado castigado, ampliamente conocido en los bajos fondos londinenses. Tras pasar 12 largos años en prisión, lejos de su hija y su enferma mujer, sale decidido a reclamar lo que su antiguo jefe, un poderoso gángster, le debe como premio por mantener la boca cerrada durante su condena. Acompañado por su camarada Dickie, ambos van en busca de la codiciada recompensa, pero la difícil personalidad de Dom acaba desatando una serie de desdichas que ninguno esperaba.

El guión corre a cargo del director de la cinta, Richard Shepard, responsable de cintas como The Matador (2005), o La sombra del cazador (2007). Su trabajo como guionista y como director recuerda bastante al de Guy Ritchie, con diálogos hilariosos y bizarros, y secuencias rápidas, rodadas con planos intensos a la par que extravagantes. La película, de algo más de hora y media de duración, se desarrolla con buen ritmo, es divertida (aunque a veces posee diálogos algo extridentes), y posee un componente también más serio cuando nos habla de la relación de Dom como padre. Shepard supera la prueba con elegancia.

El Sr. Fontaine (Demian Bichir), seguido por los dos ladrones

En el apartado de interpretaciones, Jude Law (¿alguien más lo recuerda junto a Sadie Frost en aquella Shopping: de tiendas de Paul W. S. Anderson de 1994…?) se encarga del trabajo principal. Una película que lleva por título el nombre de uno de sus personajes necesariamente supone un reto para el actor que encarna a dicho personaje, y al mismo tiempo, una oportunidad para lucirse. El 90% de la película es Dom Hemingway, y el 90% del éxito de la película es el buen trabajo de Jude Law. Creíble, suelto, carismático y talentoso, Law desarrolla su cometido a la vez que disfruta de su propia interpretación. El resultado es natural, y muy singular. Si el papel lo hubiese hecho otro actor, estaríamos hablando de una película distinta.

En el reparto secundario, Richard E. Grant (Love Hurts (2009), La Dama De Hierro (2011)), al que siempre he acusado de ser fisicamente una mezcla entre Christopher Walken y Geoffrey Rush, demuestra que puede ser un actor secundario tan capaz como estos dos. Dota al personaje de Dickie de una complejidad mayor que la que el propio guión le otorga, gracias a pequeños detalles en su actuación. Por otro lado, Demian Bichir (Salvajes (2012), Cuerpos especiales (2013)) parece anclado a papeles en los que representa a grandes jefes del hampa, como este en el que hace del Sr. Fontaine. Parece lógico: se le dan bastante bien.

En el punto más dramático, la joven Emilia Clarke, a la que todo el mundo asocia a la teleserie ‘Juego de Tronos’, interpreta a Evelyn, la hija de Dom. Su papel pone el toque de seriedad y sentimentalismo por el que el director quiso girar (la película podría haber sustituído esta subtrama por otra más propia del cine mafioso, pero está bien así también). Por último, Kerry Condon pone un toque curioso con su interpretación de Melody, sirviendo eficientemente como apoyo al guión.

En cuanto a la producción más técnica, destaca para bien la introducción de una banda sonora mixta, con canciones externas y piezas de producción propia, coordinada por John Coyne, que acompaña e ilustra de una forma satisfactoria a toda la trama. Y también merece una mención especial el departamento de catering, responsable de que Jude Law ganase más de 13 kilogramos para interpretar a este ladrón descuidado.

Evelyn (Emilia Clarke), la hija de Dom, cantando con su grupo

En definitiva, Dom Hemingway es una comedia negra bien dirigida por un neoyorquino que mama del estilo inglés, que consigue divertir y entretener, sobretodo, a aquellos que, como yo, disfrutan de este tipo de historias.

– Lo Mejor: El guión, y la interpretación de Jude Law, no disponible para otro actor que no fuese él.

– Lo Peor: Por momentos, los delirios del protagonista rozan el límite entre lo brillante y lo extravagante.

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