Las dos caras de enero: Las dos caras de Hossein Amini

por Alejandro Aramendía (@alejandro_arame)

En numerosas ocasiones, he hablado del carácter multidisciplinario de las figuras que conforman la industria de la Producción, el primero (puesto que funciona antes que el segundo…) de los dos grandes hemisferios en que se compone el mundo del Cine.

Chester (Viggo Mortensen) y Colette (Kristen Dunst) MacFarland

Los actores se convierten en directores; los directores se convierten en guionistas, o en productores; los productores se convierten en directores a veces, y a su vez, de vez en cuando, en compositores, ayudantes, sindicalistas, o directores de marketing. Tal vez venga del puro amor por el arte concreto, o del génesis habitual de todos ellos, estudiantes sin demasiados recursos que deben llevar a cabo una labor polivalente para sacar adelante sus pequeños brotes de virtuosismo. El caso es que al final todos quieren probar un poco de todo.

Siendo cierto y nada extraño que suceda lo anteriormente descrito, no es menos verdad que todos ellos tienen una competencia en la que son más hábiles, y por supuesto, unos cuantos puntos en los que poseen carencias. Y no siempre descubren su ‘destreza de oro’ a la primera. Así, Mel Gibson es mucho mejor director que actor (algo similar a lo que le ocurre a Ben Affleck…); Quentin Tarantino destaca más como guionista que como intérprete; David Yates es mejor productor que realizador; Clint Eastwood no es para nada un mal compositor…

A veces uno erra al empezar en algo, y otras uno falla al cambiar. Hoy voy a hablar de un ejemplo de esto último, en la figura de Hossein Amini, director de Las dos caras de enero.

Colette MacFarland

Hossein Amini, un inglés de origen iraní, comenzó su andadura cinematográfica apuntando alto. Con tan solo 23 años, consiguió colarse en el mundillo gracias a un cortometraje de acción, y saltó a la palestra con varias adaptaciones exitosas de guiones tanto para telefilmes como para largometrajes de sala. De talento innegable, llegó a obtener una nominación al Oscar de Mejor Guión Adaptado con Las alas de la paloma (Iain Softley, 1997). Tras ella, un enorme parón lo separó de los trabajos que lo han situado a primer nivel internacional: el guión de Las cuatro plumas (Shekhar Kapur, 2002); la historia de Shanghai (Mikael Hafstrom, 2010), el guión de Drive (Nicholas Winding Refn, 2011), su mejor trabajo; el guión de Blancanieves y la leyenda del cazador (Rupert Sanders, 2012); y el guión de La leyenda del samurái: 47 Ronin (Carl Rinsch, 2013).

Como puede comprobarse, Amini siempre había desarrollado su carrera a las teclas de la máquina de escribir, pero, decidido, se sumergió en la dirección de una película de producción considerable. Craso error. Las dos caras de enero cuenta, efectivamente, con un decente guión, a cargo del propio Amini, pero es en la ejecución de ese guión, la forma de plasmarlo en la pantalla del propio cineasta, donde el trabajo de Amini queda en entredicho.

Oscar Isaac, a la izquierda, en el papel de ‘Rydal’

La historia, adaptada de la novela de suspense homónima de Patricia Highsmith, nos dibuja un thriller en el que una pareja estadounidense de mediana edad, Chester y Colette MacFarland, de evidente poder adquisitivo y oscuro pasado, se encuentra por casualidad, durante un viaje aparentemente distendido por Atenas, con Rydal, un guía turístico americano, jóven y codicioso, deseoso por obtener aquello que Chester MacFarland posee. El destino de los tres queda unido cuando, de forma inesperada, Chester es asaltado por un mafioso detective privado a las órdenes de unos viejos acreedores. La muerte de este detective lo hará depender únicamente de Rydal para huir de Atenas sin ser descubierto.

Con un principio interesante, Hossein Amini nos presenta a los personajes y los describe de una forma eficaz, gracias a su buena escritura, y a pesar de ser tosco y simple a la hora de secuenciar las imágenes. A partir del segundo tercio de película, el nudo se hace pesado, Amini se pierde en una serie de escenas que ilustran una poco clara relación entre Colette y Rydal, claramente exigidas a partir del libro original, pero que carecen de viabilidad cinematográfica en una película de hora y media de duración, al menos en las manos de un Hossein Amini que da detalles imprecisos de solo una parte de un todo. El final, extraño y enrevesado, no soluciona la pesadez general de la película. ¿Y por qué? Porque el ritmo durante todo el filme es imperdonablemente lento.

En el apartado interpretativo, Viggo Mortensen realiza un buen papel, medido, compacto, sin altibajos, para plasmar al propio Chester MacFarland. Pero de nada vale remar muy fuerte en la barca que se dirige hacia el precipicio. Él no tiene la culpa.

Kristen Dunst es Colette MacFarland. Su personaje tiene un carácter secundario, pero un poco más de pasión no habría venido mal. Daba igual de todos modos.

En el papel de Rydal tenemos a Oscar Isaac. A él le pasa al contrario que a su compañera. Sobreactúa en determinados momentos, a pesar de encajar más o menos el papel.

En el apartado sonoro, la música de Alberto Iglesias ayuda a que la película no se haga demasiado pesada, lleva en sus espaldas la carga del primer tramo de la película, y le otorga un aire especial característico del estilo de las películas de suspense de hace algún tiempo (la trama se ambienta en la década de 1960′. La música ayuda a trasladar al espectador de forma práctica).

En el hilo de lo anterior, la buena conjunción de fotografía y vestuario, así como la buena elección de los exteriores en los que fue rodada, hacen que la ambientación sea considerablemente buena.

No obstante, esto no resulta suficiente para convertir a Las dos caras de enero en una película que apruebe. Y esto se debe, repito, a la simpleza y la lentitud en el resultado de realización de Hossein Amini, que, por cierto, ya se encuentra trabajando en un nuevo proyecto. Llevará por título ‘Our Kind Of Traitor’. Eso sí: él únicamente será el guionista…

– Lo Mejor: La interpretación de un solvente Viggo Mortensen, y los primeros 25 minutos de película.

– Lo Peor: La lentitud general del film, condenado al olvido.

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