El Cielo Es Real: Pastor y sermón, en la misma dirección

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por Carlos Montes (@micarmontes)

Se están poniendo de moda en los últimos tiempos las películas de creencias o no creencias religiosas, cintas centradas en su base argumental, o por lo menos en buena parte de ella, en Dios, fieles, creyentes, fe, etc; así lo vimos en Philomena de Stephen Frears, Alabama Monroe de Felix Van Groeningen, Cartas a Dios de Eric-Emmanuel Schmitt, Un Dios Prohibido de Pablo Moreno… y por supuesto, no voy a caer en la ingenuidad de decir que han aparecido ahora porque es lo que toca. Films con esta temática los ha habido siempre a lo largo de la historia del Cine, grandísimas películas además.

Todd Burpo (Greg Kinnear) junto a su hijo Colton (Connor Corum)

Pero lo que no me gusta de estas que salen ahora (las citadas más arriba son tan buenas como tendenciosas) es la forma que tienen los directores de afrontar sus trabajos hacia el espectador, siempre intentando llevarlo a su terreno, obligándole a que se posicione y se decante a un lado o a otro. A mí, que de por sí, ya me interesa bastante poco el tema que se toca, si además intentan que de alguna manera tengas que elegir… el poco interés que me suscitaba la cinta se pierde por completo.

Las grandes películas como Ben-Hur de William Wyler, Los Diez Mandamientos de Cecil B. DeMille, La Pasión de Cristo de Mel Gibson, Marcelino Pan y Vino de Ladislao Vajda… ¡Tranquilos! No estoy cometiendo la osadía de comparar las de antes con las de ahora, solo pienso que en aquellas que abordaban lo mismo en cuanto a temática, los directores las hacían para el disfrute del espectador y de una manera mucho más natural dentro de su realización, sin hacer que el público salga con la idea de que el lado que yo te muestro es el correcto. Esto sí ocurre actualmente, y me ha vuelto a pasar con el trabajo de Randall Wallace y su El Cielo Es Real

Randall Wallace (Secretariat, El Hombre de la Máscara de Hierro) nos presenta este film basado en hechos reales de una forma amable y sencilla pero sin dejar de remarcarle al espectador que su realización solo tiene el camino de la creencia en Dios, y si eso es lo correcto, salirse de este guión no tiene ningún sentido. Es más, se permite el lujo de tirar alguna puya al lado contrario. Ya que he comentado lo del guión, os digo también que la cinta de R. Wallace es una adaptación del libro ‘Heaven is for Real’ de Todd Burpo y Lynn Vincent, del cuál, yo no sé si el realizador ha hecho una buena o mala adaptación a la gran pantalla porque no lo he leído (después de ver la película menos aún). Lo que tengo claro es que los mundos ficticios que se muestran durante el metraje, aunque bien presentados, son tan cursis y empalagosos como los discursos de Greg Kinnear.

Kelly Reilly, en el papel de ‘Sonja Burpo’

El pastor de una iglesia metodista tiene varios trabajos para poder pagar las facturas y sacar a su familia adelante. Entre esos familiares se encuentra su hijo Colton que, tras ser operado de urgencia y estar a punto de morir, comenta a sus padres que ha visto a Dios mientras era operado en el hospital.

Estamos ante un largometraje que tiene como guía la creencia de un niño en haber visto a Dios, y esto se muestra a través de sus palabras y su mirada, al igual que se corrobora que el pequeño Colton tiene toda la razón en lo que nos dice mediante los sermones de su padre cada domingo en la iglesia de sus fieles seguidores. Estamos ante un argumento muy del gusto de los americanos, y, a pesar de que el director quiera presentarnos un trabajo con una historia de pareja moderna y muy actual, las cosas tan típicas con las que nos encontramos solo hacen que estemos ante algo ya visto y que genera poco interés.

Si bien es verdad que la trama nos da pocas alegrías, estas vienen de la mano de la actuación de la muy buena actriz Kelly Reilly (Sonja Burpo), que desarrolla un trabajo con gran mesura en cada momento en la que la vemos en pantalla. Está creíble, sexy, segura, tranquila y fiable, todo lo que su personaje necesita en cada toma.

No puedo decir lo mismo de Greg Kinnear (Todd Burpo), que aunque no está mal en su interpretación, sus permanentes charlas cursilonas que va dejando en el devenir del metraje afean bastante una actividad que resulta cargante.

Connor Corum, como ‘Colton’

En cuanto a Connor Corum (Colton Burpo), realiza un buen trabajo para ser la primera vez que se pone delante de las cámaras. Mirada incisiva e importante para el desarrollo de su papel, aunque aquí Wallace abusa sin motivo de primeros planos.

Es una pena que los secundarios estén tan desaprovechados porque tienen calidad de sobra. Margo Martindale (Nancy Rawling) y Thomas Haden Church (Jay Wilkins) se muestran amables pero insustanciales a la hora de aportar cosas, ya que sus escasas apariciones no dan para más.

Desde luego que si la ola de películas basadas en la doctrina de la fe manipuladora no vierte su tendencia hacia las realizaciones abiertas, que no interesadas, en las que solo tenga cabida el único y absoluto propósito de que uno lo pase bien en el cine, porque le interesa la historia, procurando no perder nunca la magia de acudir a los cines… es mejor poner este tipo de largometrajes a las 4 de la tarde en la televisión. Empezando por éste.

– Lo Mejor: La actuación de Kelly Reilly.

– Lo Peor: Su olor tendencioso a que lo contado es la verdad absoluta. Que es más un telefilm.

 

 

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