Trascendence: me viene a la mente Christopher Nolan…

por Alejandro Aramendía (@alejandro_arame)

“¿Es que no se te pegó nada de Nolan?”

Esa pregunta me asalta demasiado a menudo. Demasiadas veces. Con demasiados directores que parecen hacer oídos sordos a la gracia cinematográfica del que considero uno de los mejores de lo que a menudo llamo “la nueva generación”.

Me surgió cuando Zack Snyder, un realizador que ganó cierto prestigio tras haber dirigido las atrevidas 300 (2006), Watchmen (2009) y La leyenda de los guardianes de Ga’Hoole (2012), la pifió a la hora de adaptar el mito de Superman en su decepcionante El hombre de acero (2013), aún contando con el apoyo inversor de Christopher Nolan.

Will (Johnny Depp) conectado a la computadora con la que pretende ‘trascender’

Me vuelve a surgir de nuevo, después de ver la opera prima de Wally Pfister, el director de cinematografía y fotografía de muchas de las mejores películas del potente cineasta mencionado en el primer renglón. Memento (2000), la saga Batman Begins, El truco final (2006), Origen (2010), que le dió el Oscar… ¿No ha trabajado lo suficiente Wally Pfister junto a Nolan como para aprender a confeccionar una buena película de ciencia-ficción? La respuesta, evidente al terminar de ver Trascendence, es “no”.

Ambientada en un futuro cercano, el guión trata de transmitirnos la historia de Will Caster, un científico experto en Inteligencia Artificial, que prepara un avance revolucionario: una computadora capaz de establecer un comportamiento inteligente autónomo, PINN. Su trabajo no solo le reporta una enorme fama, sino también detractores: en medio de una presentación de sus avances, y junto a su esposa Evelyn Caster, también investigadora, es alcanzado por un proyectil infectado con material radiactivo, disparado por un terrorista anti-tecnológico, que lo condena a morir en menos de un mes. Su salida no es otra que tratar de unirse a la máquina que él mismo ha creado, con el fin de que su alma sobreviva en forma de software dentro de la computadora. ¿Pero será él realmente quien sobreviva? ¿O la IA que en su día creó?

Este dilema supone el núcleo vertebral de la trama de la película. El guión, que en un principio es ágil y entretenido, nos presenta una idea fresca, atractiva. Hasta que a Pfister se le va el asunto de las manos…

Rebecca Hall, como ‘Evelyn’

Cegado tal vez por el éxito que Nolan cosecha con su maestría a la hora de jugar con lo que el espectador no sabe, Pfister intenta realizar una copia barata a través de un guión que empieza a enredarse a partir de la primera media hora de cinta, se hace pesado y aburrido durante el tramo medio, y decepciona y deja cabos sueltos en el final. Así, uno no entiende por qué la película muestra enormes sinsentidos, ni tampoco por qué la esencia de los personajes no queda reflejada claramente al final. Parte de la culpa, innegablemente, es achacable a Jack Paglen, guionista de la película. Sin embargo, el error grave no es suyo, sino de los productores que contrataron a un cineasta inexperto para escribir el libreto de una producción de más de 100 millones de dólares (entre los que se encuentra, dicho sea de paso, Christopher Nolan, al que debo alabar como director, y atizar como productor…).

Si el único problema fuese que Wally Pfister se equivocó a la hora de recomendar guionista, la película aún hubiese podido salvarse, pero Pfister no estaba dispuesto a quedarse a medias. La realización que efectúa en la segunda mitad del filme, apoyando casi todo el peso de la película en un enfoque bélico, y en unos buenos aunque insuficientes efectos especiales, hace que el interés del espectador caiga en picado. Por otro lado, apenas saca provecho de un reparto que daba para mucho más. A continuación os hablo de él.

Johnny Depp (dudo que alguien no sepa quién es…) encarna al científico independiente y alternativo, Will Caster. Su interpretación, floja y apática, no es más que el fruto de una dirección más centrada en la actriz secundaria que en el protagonista.

La “secundaria” es Rebecca Hall (El truco final (2006), The Town (2010), Iron Man 3 (2013)), que se introduce en la piel de Evelyn, la esposa de Will. A través de ella, principalmente, se diseña el dilema ontológico de la trama. No realiza un mal trabajo.

Max (Freeman), el agente Buchanan (Murphy) y Evelyn (Hall), observan el núcleo de la IA.

Los verdaderos secundarios son Paul Bettany (Una mente maravillosa (2001), Master And Commander (2003), Margin Call (2011)), Morgan Freeman (Cadena perpetua (1994), Million Dollar Baby (2004), protagonista de Invictus (Clint Eastwood, 2009)) y Cillian Murphy (Batman Begins (2005), Origen (2010), Luces Rojas (2012)), en el mismo orden decreciente, tanto de importancia como de participación. El primero hace de Max Waters, amigo de la pareja protagonista, y es un trabajador actor que aquí no puede lucirse, a pesar de su intención de hacerlo (eclipsar a Johnny Depp es un propósito suicida, Paul…); el segundo está tomando una serie de papeles de nivel intermedio en la industria, como éste del investigador Joseph Tagger, que están dirigiendo su carrera a un punto por debajo del estrato en el que antes se situaba, situación que debe corregir; el tercero, por último, apenas aparece en la cinta, y cumple con su papel del agente Buchanan.

La nota de fondo la pone Kate Mara (127 Horas (2010), La Huída (2012)), hermana mayor de la también actriz Rooney Mara, a la que supera en años pero no en talento. Carga demasiado a su personaje, la activista Bree, de miradas enajenadas.

Fuera del reparto, lo que lucen son los efectos especiales. Como ya he dicho, no consiguen resolver el problema endémico de la película, pero es obvio que han debido de suponer una inversión considerable. Ayudan al director a dar el enfoque que él quiso a la película, erróneo bajo mi punto de vista.

La música, por otro lado, recuerda bastante a la de los trabajos del director de Origen (2010), algo curioso, puesto que el compositor de la banda sonora de Trascendence, Mychael Danna, jamás ha trabajado con Christopher Nolan. ¿Estaremos ante la primera decisión acertada de Wally Pfister?

Tal vez mi impresión sobre Trascendence venga enormemente condicionada, una vez más, por lo que esperaba de ella, que era mucho. Al final, la película no es más que un relato de ciencia-ficción aburrido y difícil de entender, y no la obra magnífica, interesante, innovadora y sorprendente que me esperaba.

¡Ay! Si la hubiese dirigido Nolan…

– Lo Mejor: La música que acompaña a las imágenes, compuesta por Mychael Danna.

– Lo Peor: Que la película lleve a Johnny Depp en portada, cuando realmente, apenas se saca partido del talento del actor, y del reparto en general.

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