Corazones de acero: Pintando con sangre…

por Alejandro Aramendía (@alejandro_arame)

Nunca he sentido especial atracción por el arte pictórico. Siempre he creído que no tengo el gusto (o la inteligencia) necesarios para analizar un cuadro o una pintura, por el que acaban pagándose verdaderas fortunas, sobretodo, y esto creo que nos pasa a la mayoría, si pertenece a lo que actualmente se denomina “Arte Moderno”. Esto tal vez sea porque, prácticamente, nunca un cuadro ha llegado a hacerme experimentar algún tipo de emoción o sentimiento. Me pasó con Dalí. Una vez. La metamorfosis de Narciso. Que nadie me pregunte por qué.

Sin embargo, me encantan las obras de arte cinematográfico que parecen verdaderos cuadros. Son cintas que, valiéndose de la historia que relatan, nos describen de forma impactante una situación, una escena. El argumento pasa a un nivel secundario. El contexto es lo que prima.

El ‘Fury’, junto a sus 5 tripulantes: Biblia, Norman, Chacal, Gordo, y Grady

Esto precisamente es Corazones de acero (la nueva travesura del delegado de títulos de Columbia Pictures España, que juzgó poco adecuado el título original ‘Fury’…).

Corazones de acero nos presenta un cuadro bruto, crudo, y áspero de lo que fue la 2ª Guerra Mundial, y lo que es, por extensión, un escenario de guerra. El argumento es la historia del sargento Don Collier, apodado ‘Chacal’ por el equipo bajo su mando, junto al que gobierna un tanque de guerra americano (el Fury) sumergido en los últimos compases de la guerra contra los nazis, en la Alemania del segundo trimestre de 1945. Las últimas batallas han dejado una vacante dentro de su unidad, que será ocupada por Norman Ellison, un joven soldado poco acostumbrado al barro de la batalla.

De izda. a drcha.: Biblia (LaBeouf), Gordo (Peña), Norman (Lerman), y Grady (Bernthal)

El guión es una genialidad. Con poco diálogo, da sin duda preferencia a la descripción, con escenas que nos muestran escenarios horrorosos, con una crudeza salvaje, un realismo nauseabundo, y una brutalidad a la que pocos estamos acostumbrados en nuestro cómodo sofá occidental. Boyd Swan, al que apodan Biblia por su obsesión religiosa, le advierte con estas palabras a su recién añadido compañero Norman: “Espera a ver de lo que es capaz el Hombre”. Esta frase podría ser el título del cuadro que nos pinta el director y guionista, David Ayer. Pero no todo de lo que es capaz el Hombre es negativo, o moralmente bajo. También hay lugar para los valores encumbrados. También hay luz entre la oscuridad que arroja el humo de la pólvora quemada. Además, la ausencia de maniqueísmo en la película es uno de los puntos más fuertes del guión. Aquí no hay buenos ni malos. Solo personas en guerra.

Plasmar todo eso en la pantalla con la fuerza con la que lo ha hecho el propio Ayer no es nada fácil, máxime si podemos contar las escenas de acción con los dedos de una mano. Se nota, y mucho, que el director pertenece a esa raza de cineastas que, como Tarantino, crecen a base de vender guiones (David Ayer es responsable del guión de, entre otras, la oscarizada Training Day (Antoine Fuqua, 2001)), y que se convierten en el “Juan Palomo” del mundo del Cine: yo me imagino la película, y yo la hago realidad.

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Curiosamente, también como Tarantino, el director ha tenido la diestra habilidad de exprimir a sus actores. Si el guión es el boceto del cuadro, la imperceptible línea que sirve de estructura, la pintura son sin duda las actuaciones de su reparto, que Ayer consigue elevar a una cota altísima.

Brad Pitt es el encargado de dar vida a Chacal. El actor, maltratado a lo largo de la historia, aquejado de esta maldición de la que os he hablado muchas veces que tienen los actores guapos que se convierten en ídolos de carpeta, está, una vez más, soberbio. Transmite con precisión y calidad la complicada personalidad del protagonista, en un papel comedido y pausado. Me da pena ver cómo uno de los mejores actores del mundo va camino de retirarse sin un Oscar (como actor, pues ya tiene uno como productor).

No obstante, Brad Pitt está justo por debajo de la que yo creo que es la mejor actuación de la película, que es la que da vida al personaje Grady Travis. El actor Jon Bernthal, al que consideré sin dudarlo lo mejor de aquella pasable El Mensajero (Ric Roman Waugh, 2013), y que también ha estado a la altura de grandes producciones como El escritor (Roman Polanski, 2010) o El lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2013), empieza ya a ser un secundario a tener en cuenta. Se ha hecho su hueco en la industria a base de grandes pequeñas actuaciones. No me extrañaría que algún día este chico ganase un Oscar. Tiene talento y trabaja bien.

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A la sombra de estas dos figuras, se encuentran los actores Shia LaBeouf, que da vida a Biblia, y Logan Lerman, que se mete en la piel del joven Norman. El primero está bien, pero no tan bien como en el videoclip que recientemente ha grabado para una no tan nueva canción de la cantante Sia, titulada ‘Elastic Heart’, que pudimos escuchar como pieza de la banda sonora de Los Juegos del Hambre: En llamas (Francis Lawrence, 2013). Lo de la música está muy bien, pero si yo fuese él, echaría el resto en la industria que me da de comer.

El segundo, sin embargo, me ha sorprendido gratamente. Alejado de papeles insípidos como los que interpreta como protagonista de la saga Percy Jackson o en Los tres mosqueteros (Paul W. S. Anderson, 2011), y más cerca de buenos trabajos como el que nos brindó en Las ventajas de ser un marginado (Stephen Chbosky, 2012), se mete de lleno en su papel, y nos lo muestra de una forma muy convincente.

El quinto integrante de la unidad, Gordo, interpretado por Michael Peña, pasa totalmente desapercibido, algo que no dice mucho del actor, al que el guión tampoco le ofrece demasiadas posibilidades.

Con un guión que facilita las cosas para que el reparto dé sus frutos, el trabajo de montaje, fotografía y el departamento sonoro hacen el resto. Principalmente, éste último, que a escasas horas de conocer las nominaciones a los premios de la Academia de Artes Cinematográficas Americana, se perfila como el único capaz, para mí, de competir este año con Interstellar (Christopher Nolan, 2014) para llevarse la famosa estatuilla dorada en las categorías de Mejor sonido y Mejor mezcla de sonido.

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La banda sonora de Steven Price es también uno de los buenos puntos que dan los últimos retoques con pincel fino a esta obra de arte que David Ayer ha conseguido producir de la nada, y que se sitúa dentro de mi Top 10 de las mejores películas bélicas de los últimos 50 años, codeándose con verdaderas joyas del género como Salvar al soldado Ryan, La delgada línea roja, o Platoon.

El director ya se encuentra produciendo su próximo trabajo. Se titulará Suicide Squad, y contará con figuras de primer nivel como Will Smith, Jared Leto o Tom Hardy.

Esperen a ver de lo que es capaz un buen cineasta…

– Lo Mejor: El trabajo de David Ayer, tanto en guión como en dirección, y el producto general que se obtiene como resultado.

– Lo Peor: Pertenece a un género que cotiza a la baja. Eso le cerrará muchas puertas.

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