Felices 140: ¡Todo por la “pasta”!

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por Carlos Montes (@micarmontes)

¿Cuántas veces nos ha hecho nuestro subconsciente la pregunta del millón?: ¿Por cuánto dinero sería yo capaz de venderme? ¿y de traicionar mis principios? ¿el dinero todo lo puede, si tengo una situación difícil? … ¿y si solo lo quiero por puro interés para cambiar mi estatus social? En esta ocasión no es la pregunta del millón, es la pregunta de los 140 millones que nos presenta la directora Gracia Querejeta en su nueva película. Ésta es la cifra que ha ganado la protagonista del film y la que hace que toda la historia gire en torno a ella.

Elia (Maribel Verdú) invita a sus amigos y familiares para que celebren su 40 cumpleaños junto a ella. Después de enseñarles su flamante nueva casa y de preparar una fiesta por todo lo alto, Elia les da a todos la noticia de que le han tocado 140 millones de euros en un Euromillón.

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En la séptima cinta de la realizadora nos volvemos a encontrar con uno de los temas más recurrentes que maneja la directora cuando construye sus películas, como los problemas personales del ser humano. Nos lo mostró en Siete Mesas de Billar Francés, 15 Años y un Día, y en ésta que nos ocupa nos muestra un nuevo eslabón de cómo cada persona se enfrenta a sus propias miserias. Buen trabajo de Querejeta en el guión, acompañada de Antonio Santos Mercero (hijo del gran Antonio Mercero) que también había escrito junto a la directora su anterior cinta 15 Años y un Día. Respecto al trabajo de la directora lo único que se antoja un tanto frío es el final que nos deja su largometraje. El film desgrana claramente en qué se puede convertir cualquier persona tanto para lo bueno como para lo malo, haciendo hincapié en lo segundo cuando se trata de dinero, y como éste es capaz de desestructurar a cada persona del modo que sea. En la película nos encontramos diferentes situaciones y relaciones, bien sean de pareja, amistad, familiares… y vemos como se refleja en cada una de ellas ese poso del ¡Todo por la “pasta”! que les hace cambiar, o no, según el interés por el que la dignidad se deja manejar y puede alterar no solo la percepción de sus vidas sino la de los demás.

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El muy buen tono general de las interpretaciones elevan bastante el film de la directora, en especial el rol protagonico que adquiere durante la trama Maribel Verdú (Elia), que se intuye como la musa de Querejeta ya que le ha dado las riendas de sus últimas tres películas. La actriz resuelve con aplomo, versatilidad, destreza y verosimilitud los registros que le ofrece su personaje, algo a lo que ya nos tiene acostumbrados a lo largo de su extensa carrera. Además, aquí, el peso de la mayoría de la historia recae en Verdú y lo lleva muy bien. Eduard Fernández (Ramón) sale con una muy buena actuación una vez más (¡Y van…!), de un hombre que sabe darle el tono exacto en cada momento a su trabajo, tanto a nivel gestual como a la hora de hablar. Eduard es un gran actor y en este film vuelve a demostrarlo.

El personaje de Marian Álvarez (Cati) da bastante juego a lo largo de todo el metraje. Sin duda alguna la protagonista de La Herida (anterior película de la actriz) demuestra que sigue al alza y que es un valor seguro a la hora de apostar por ella como bien nos deja ver en esta cinta. ¡Está atinadísima en cada aparición! Buena también la interpretación de Nora Navas (Martina). Aquí la vemos como esposa de E. Fernández y realizando un trabajo con mucha naturalidad y sencillez, algo que domina con mucha soltura.

Para no desentonar del resto del reparto, aparecen dos actores que siempre ofrecen bastante fiabilidad: Antonio de la Torre (Juan), que se sigue llevando a su terreno cada papel que cae en sus manos; y por otro lado, ese actor al que siempre anteponemos su cara, con el típico ¡Ah sí, este!, a su nombre, Ginés García Millán (Mario), al que vemos con una seguridad en sí mismo que hace que su actuación fluya de manera natural durante todas las escenas en las que aparece. Alex O´Dogherty (Polo), Paula Cancio (Claudia) y Marcos Ruiz (Bruno) realizan una más que correcta interpretación de sus respectivos personajes.

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Llegados a este punto, tan solo resta decir que Felices 140, sin ser nada novedosa en cuanto a lo que nos cuenta en su trama, sí es una oportuna, convincente y eficaz propuesta sobre la avaricia, mezquindad y codicia del ser humano, aderezada con una sutil ironía que se hace notar a lo largo de su argumento, que nos “obliga” a dejarnos una pregunta final: ¿Somos nosotros los que tenemos el dinero o es el dinero el que nos maneja a nosotros?

– Lo Mejor: El muy buen tono en general a nivel interpretativo. Su buen guión.

– Lo Peor: Un final algo desangelado. Su vetusto montaje.

Negociador: El negocio es… Barea

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por Carlos Montes (@micarmontes)

No digo nada nuevo si menciono que un hombre como Borja Cobeaga ha caído de pie en el mundo cinematográfico. Le ha ido bien tanto a nivel de guionista como de director, si bien es verdad que esta última faceta como realizador de largometrajes la ha vuelto a desempeñar no hace mucho, ya que su anterior película, No Controles, la filmó hace cuatro años. ¡Pero fijáos!:

La Primera Vezcorto nominado al Goya (Cobeaga, director y guionista). Éramos Pocos, corto nominado al Goya y al Oscar (Cobeaga, director y guionista). Pagafantasnominado el director B. Cobeaga al Goya a la Mejor Dirección Novel, además de cosechar una buena acogida de crítica y público la cinta. Vaya Semanita y Gran Hermano, dos programas de televisión que a día de hoy siguen cosechando mucho éxito: en el primero estuvo como director y guionista, y en el segundo como realizador. Democráciacorto ganador del Festival de Nantes (Cobeaga; director). 7:35 de la Mañana, corto nominado al Oscar (Cobeaga, actor). Ocho Apellidos Vascos, la película más taquillera de la historia del Cine español (Cobeaga, guionista).

Ramón Barea, como ‘Manu’

Se puede decir que Borja Cobeaga ha caído de pie en el Cine, ¿no?

Manu Aranguren (Ramón Barea) es enviado como interlocutor del gobierno español para negociar con un miembro de ETA una salida al conflicto armado. Una vez establecido en Suiza, Manu, empieza a ver cómo los malentendidos y las situaciones extrañas no son lo que el esperaba en una situación tan delicada.

Claramente el realizador ha llevado el argumento de su película por un tono de tragicomedia, dándole un toque personal y particular a un tema tan escabroso como fue el de las negociaciones para poner fin a la banda terrorista ETA. Sin duda ese pulso de guionista se nota en como ha construido la parte cómica en esta cinta, y es que, nada tiene que ver con el humor ligero, ameno y agradable que vimos en un guión como Ocho Apellidos Vascos o en sus anteriores largometrajes. Aquí, el humor es tan seco como áspero y cortante, y lleva muy poco de convencional. El tono de comedia ha tenido que ser buscado porque no era fácil ni natural encontrarlo debido a la temática que se tocaba, pero Cobeaga lo acabó encontrando gracias al proceso de documentación para realizar la película.

Varias son ya las cintas que han reflejado el conflicto vasco a lo largo de la filmografía española, pero la inmensa mayoría de ellas, por no decir todas, siempre volcadas en el dramatismo al hablar de un tema que había que cogerlo con alfileres. En Negociador uno tiene la sensación al salir de la sala de Cine, de que en la balanza final, la comedia está por encima del drama, pero vuelvo a insistir en que es un humor rudo, arisco y rígido.

Otra de las cosas que compensa el visionado de la película es la muy buena actuación de Ramón Barea (Manu Aranguren), un actor al que siempre hemos visto en papeles como secundario y dejándonos buenas interpretaciones. En esta ocasión pasa a ser el absoluto protagonista a lo largo de todo el metraje y creo que ha sido el mejor negocio para el film, ya que se hecha la película a sus espaldas de una manera más que digna. También es un acierto del director ya que otros compañeros de profesión al ver la cinta se darán cuenta de que Barea es muy capaz de sacar adelante un papel protagónico.

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Josean Bengoetxea se mete en la piel de Jokin, el contrapunto de Manu a la hora de las negociaciones. Durante todo el largometraje lo vemos igual de sobrepasado por las rocambolescas situaciones que vive. ¡Buen trabajo el suyo!

Melina Matthews (Sophie) es la traductora del mediador del conflicto. Bien en su papel, como ya hiciera en Mamá (2013) a las ordenes de Andrés Muschietti. Pronto la veremos junto a Sean Penn y Javier Bardem en The Gunman de Pierre Morel.

Evidentemente en Negociador cada uno puede extraer su conclusión de hacia qué lado tiende a ir la cinta al tocar un tema que durante años fue de rabiosa actualidad, y precisamente B. Cobeaga deja a la imaginación de cada uno esto, y de manera abierta claramente. Tan claro, como el “buenismo” inocentón que muestran sus personajes principales Manu y Jokin.

Negociador es esa película donde veremos si la mano de Cobeaga vuelve a funcionar, que demuestra que Ramón Barea puede ser tan protagonista principal como de reparto, en la que vuelvo a ver a Óscar Ladoire ¡Y eso me alegra!

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Se le hace una mención especial a Marví Bilbao al final de los créditos ¡Eso me alegra aún más!, y me permitió conocer a un tipo sencillo, amable y con facilidad de palabra, Borja Cobeaga. ¡Ahora sé por qué triunfan sus guiones…!

– Lo Mejor: La interpretación de Ramón Barea. La aparición de Secun de la Rosa y María Cruickshank.

– Lo Peor: Que Carlos Areces no hace creíble a su personaje.

Entrevista con Borja Cobeaga, director de ‘Negociador’

 

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“Uno se imagina unas negociaciones muy matemáticas, muy solemnes, muy graves, donde todo está milimetrado, y al final no era así. El factor humano pesaba mucho.”

“Una de las cosas que tienes que hacer cuando haces una película es saber dónde estás ubicado. No creo que ésta sea una película fácil.”

“Hollywood es muy impresionante. Es muy de plástico, pero también tiene una cosa inquietante de verdad. En la fiesta de nominados ¡Spielberg apareció en chándal!”

 

“España. Segunda mitad de la primera década del siglo XXI. Un político vasco decide emprender la ardua tarea de negociar con ETA el final de la violencia de la banda terrorista. Sin embargo, la situación, lejos de resultar solemne y calculada, acabará dependiendo enormemente de las relaciones personales establecidas entre los interlocutores…”

Ésta es la nueva trama que nos propone Borja Cobeaga, con un tono de humor al que no estamos habituados, en su nueva película, Negociador (que se estrena en cines el día 13 de marzo). El cineasta donostiarra, que todavía saborea el gran éxito cosechado con Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez-Lázaro, 2014), cuyo guión escribió junto a Diego San José, nos presenta su tercer largometraje como director, nuevamente imbuido en el género cómico que ya trabajó con sus anteriores filmes, Pagafantas (2009) y No Controles (2010).

El realizador atiende a Cinefilex| en un ambiente distendido, en el corazón de uno de los cines más puristas de Pamplona, los cines Golem Yamaguchi, para arrojar una mirada distinta a su película, al camino que la precede, y al que viene por delante…

Afiche de ‘Negociador’, la nueva película de Borja Cobeaga

Cinefilex|: ‘Negociador’ trata un tema complicado. La ETA, las negociaciones secretas del Gobierno con la banda terrorista, sometidas a críticas desde muchos sectores… ¿Por qué decidiste darle un tono cómico a la película?

Borja Cobeaga: Yo creo que el lado cómico de ‘Negociador’, que evidentemente es una tragicomedia (dado que tratamos un tema espinoso, que no da tanto pie a una comedia loca) viene no tanto de que yo quisiese sacarle punta cómica, sino porque la realidad tuvo mucho de cómico. Esta película viene de ese momento en que se empiezan a conocer muchas cosas de aquellas negociaciones, sobre las que el propio Jesús Eguiguren escribió un libro. El libro tiene pasajes delirantes, de comedia, ¡incluso algunos tan exagerados que no quise poner en la película! Por ejemplo, antes de ponerse a negociar Josu Ternera y Eguiguren, en aquel hotel en Suiza a las 8 de la mañana, ¡se veían el encierro de Sanfermines! Uno se imagina unas negociaciones muy matemáticas, muy solemnes, muy graves, donde todo está milimetrado, y al final no era así. El factor humano pesaba mucho. Más que hacer algo cómico, he puesto la mirada en los elementos cómicos que tenía la realidad…

C|: ¿Y cómo surge esa idea de hacer una película sobre las negociaciones entre ETA y Gobierno?

B.C.: Surge en el momento en que decido hacer una comedia algo más “tristona”. Vengo de hacer comedia alocada, y este tipo de comedia, con un poso más dramático, la había practicado en mis cortos, pero nunca en un largometraje. Y después de haber trabajado en ‘Vaya Semanita’, y haber sentido ese interés por los elementos cotidianos del conflicto vasco, más que aquello que está en primer término, apareció ‘Negociador’. Me apetecía un montón hacer una película con este tema, y por ello, dado el tamaño que tiene, y sus ambiciones, es una película muy personal. Tiene algo de capricho, de “me apetecía hacer esta película, y punto”. Por ello no había tanto estudiado al respecto. La historia apareció, encajaba muy bien con el tono que quería, y simplemente la hice.

C|: ‘Negociador’ comparte algunos ingredientes con ‘Ocho Apellidos Vascos’, de la que fuiste co-guionista, como la temática vasca, la comicidad, una duración cómoda que ronda la hora y media… ¿podría alcanzar el éxito que cosechó la película de Martínez-Lázaro?

B.C.: Yo creo que ‘Negociador’ es una película pequeña, y más esquinada. Una de las cosas que tienes que hacer cuando haces una película es saber dónde estás ubicado. No creo que ésta sea una película fácil. Tiene muchos silencios, y un tono extraño que a mí me interesa mucho, pero que puede desconcertar. Quien espere ver una película de carcajada limpia puede llegar a sentirse bastante decepcionado, y eso es algo que a mí no me gustaría provocar. “Vas a entrar y te vas a partir la caja”, no, no es así. Sí que puede hacer gracia, porque yo creo que es una película graciosa, pero no es una película de las que vas a ver al cine para desconectar. Tiene un humor más incómodo, más seco. Y yo siempre pienso que si algo me interesa a mí, que me considero una persona bastante normal, podrá interesarle también a más gente. Eso me gustaría. Pero por otro lado estoy muy ubicado, y soy realista con lo que puede suponer esta película, que por otro lado tiene una distribución mucho más modesta, y un apoyo publicitario y promocional más modesto que Ocho apellidos vascos.

Ramón Barea, como el político ‘Manu Aranguren’

C|: Al final de los créditos haces una mención a Mariví Bilbao. ¿Por qué le dedicas esta película?

B.C.: Su mención, y que la película esté dedicada a ella, se debe a todo nuestro trabajo juntos. En el corto ‘La primera vez’ que fue lo primero que hice, y en ‘Éramos pocos…’, ella era la protagonista; en ‘No controles’ tenía un pequeño papel; en ‘Pagafantas’ iba a salir, pero lo hizo María Asquerino porque Mariví estaba enferma y no pudo hacerlo. Para mí Mariví ha sido como una madre en el Cine. Yo escribía para ella, y ella para mí era como un “Rolls Royce”: cuando escribía para ella, el material se levantaba muchísimo. Su muerte para mí fue como la de un familiar directo. Y ya que la película tenía ese tono personal, gracias también a que en ella volvía a trabajar Ramón Barea, creía que debía estar dedicada a ella. Por supuesto, me habría encantado que hubiese salido también en ésta…

C|: Tienes dos facetas: la de guionista y la de director. Ésta es tu tercera película como realizador, y sin embargo has trabajado en la escritura de más de seis largometrajes… ¿Qué te gusta más, escribir o dirigir?

B.C.: A mí me gusta más dirigir que escribir, porque soy bastante sociable y el hecho de dirigir te lleva siempre a socializar. Ya tienes el plan establecido, que es el guión, y lo ejecutas tratando con actores, con técnicos, … Escribir es más esclavo porque estás en tu casa comiéndote la cabeza. Escribir tiene una parte divertida, pero también una muy sufrida que ser director no tiene. Sin embargo, es algo por otro lado hago muchas veces con Diego San José, con el que he escrito cine y programas de televisión, y tiene esa parte satisfactoria de complicidad. No obstante, como proceso, me divierte más dirigir.

C|: Generalmente el material que escribes suele ser original… ¿Prefieres este tipo de guiones frente a los adaptados?

Cobeaga, en el set de rodaje

B.C.: A mí me gusta escribir con variedad. Siempre escribo comedia, aunque eso no creo que sea una decisión, sino que simplemente me sale así. ¡Una vez me puse a escribir un corto de terror, y quedó comedia! Sin embargo, disfruto de igual manera escribiendo comedias del estilo de ‘Negociador’, más secas, o comedias más alocadas, como ‘Ocho apellidos vascos’, o puntos intermedios como ‘Pagafantas’. Es verdad que cuando una historia es tuya, personal, y se te ha ocurrido a ti, tiene una cosa muy “viva”, porque eso que se te ha ocurrido va a estar en una pantalla, interpretado por unos actores, y la gente lo va a poder ver… Eso tiene algo muy especial. Pero, por ejemplo, en el caso de ‘Negociador’ tuve que investigar mucho, y es una historia original inspirada en unos personajes, por lo que tendría algo de adaptación. Y hay una parte en el proceso que es muy divertida. Una de las razones por las que hice esta película es que muchos amigos míos, guionistas, se documentaban al escribir guiones basados en hechos reales o con referentes en la realidad, y me comentaban que se lo pasaban muy bien.

C|: Estamos de resaca post-Oscars, y tú precisamente estuviste nominado en 2007 a Mejor Cortometraje con ‘Éramos pocos…’ ¿Cómo es Hollywood?

B.C.: Hollywood es muy impresionante. Es muy de plástico, pero también tiene una cosa inquietante de verdad. Ves una familiaridad en que en cinco metros cuadrados haya cuarenta estrellas de Hollywood que resulta bastante llamativa. Por ejemplo, en la fiesta de nominados, que se celebra como un mes antes, y que es bastante distendida e informal, sin toda esa tensión de los premios, ¡Spielberg apareció en chándal! (risas). Y esas cosas impresionan mucho. A lo mejor había venido andando desde su casa, aquí al lado… ¡De hecho! el que ganó el Oscar finalmente en mi categoría, que era angelino, había ido andando al Beverly Hilton, donde era la fiesta… Para mí era todo muy “marciano”. Yo estaba escribiendo ‘Pagafantas’ cuando saltó la noticia. Viajé a Los Ángeles como si me hubiesen extraído de mi casa, teletransportado, y al final de todo te vuelven a teletransportar de vuelta. Y llegas a casa y está la cama sin hacer, la pila de platos en la fregadera… Es como una cápsula de la que sabes que vas a salir, pero muy curiosa mientras estás dentro.

Cobeaga, junto a Spielberg. vía RTVE

 

C|: ¿Y te gustaría trabajar fuera de España…?

B.C.: Sí que me gusta trabajar fuera de España, porque no me fui de Erasmus, y siempre he tenido esa cosa. Pero es verdad que una de las cosas que más me gustan de hacer cine, y lo que más disfruto cuando estoy escribiendo, es dialogar. Como director me siento más seguro con el dialogo en castellano, una lengua que domino. Si tuviera que rodar en inglés, o en otro idioma, sería como renunciar a uno de mis puntos fuertes. Creo que dialogar es lo mejor que hacemos Diego San José y yo, por ejemplo. Y si tuviera que estar dirigiendo una película en inglés, o en francés, y tuviera que tener un traductor a mi lado que me confirmase que todo está bien vocalizado, que se entiende bien, y que tiene sentido, me daría la sensación de que no estoy dirigiendo…

C|: Una pregunta original: ¿Qué pregunta te gustaría que te hiciesen sobre ‘Negociador’?

B.C.: ¡Joder, pues sí! La verdad, es curiosa… ¡Sí! Me gustaría que me hiciesen la siguiente pregunta: “¿por qué crees que una película tan pequeña y tan poco ambiciosa ha batido el récord de taquilla en su primer fin de semana…?” ¡No! ¡No creo que eso vaya a pasar! (risas). Hay una cosa que me gusta responder, que incluso cuando no me lo preguntan la saco a colación, que es: “¿esto ya supone un cambio de estilo? ¿vas a abandonar las comedias locas para seguir este tipo de historias, e incluso ya ir poniéndote en serio poco a poco?” La respuesta es “no”. Porque sí que me gusta mucho cultivar la comedia loca. Y justamente una de las cosas que me parecen maravillosas de, en el mismo año, haber escrito ‘Ocho apellidos vascos’ y haber dirigido ‘Negociador’, es que colma todas mis expectativas de lo que debe ser el cine: que puedas hacer una película pequeña y personal, y que vaya a un festival de cine y se lleve un premio, y por otro lado también una película muy comercial y muy popular. Y si consigo combinar estas dos facetas, estoy cumpliendo un sueño. Puedes llegar al punto de hacerlo con la misma película, como Alberto Rodríguez con ‘La Isla Mínima’, que consigue una película de un acabado artístico estupendo, y encima taquillera. Pero, de momento, si yo puedo combinar estas dos facetas, me siento bastante cómodo.

C|: ¡No dejes nunca de hacer comedia!

B.C.: No, no, yo eso no… Siempre hay preguntas sobre si la comedia se siente infravalorada, y todo eso… Yo creo que quienes hacemos comedia flipamos bastante cuando una idea que se nos ha ocurrido hace no sé cuántos meses, aparece en la pantalla y la gente se ríe. No hay subidón mayor que ése…

C|: En mayo empieza el rodaje de ‘Ocho apellidos vascos 2’, también sabemos que estas trabajando en el guión de ‘Superlópez’ de Javier Ruiz Caldera. Danos alguna primicia de algún proyecto futuro…

B.C.: De momento estamos con eso. Es verdad que estaba escribiendo ‘Superlópez’ junto a Diego San José para Javier Ruiz Caldera, cuando fue el éxito de ‘Ocho apellidos vascos’, y los dientes de los productores se pusieron largos ante la posibilidad de una segunda parte. Todo se interrumpió un poco con la escritura de ‘Ocho apellidos vascos 2’, que ya estamos finiquitando, y ya nos hemos vuelto a poner con ‘Superlópez’, con la expectativa de que se ruede el año que viene. Nos queda mucho trabajo por delante. Tengo que estrenar ‘Negociador’, pulir detalles del guión de ‘Ocho apellidos…’… Yo creo que el 2015 está atado y bien atado, y eso son guiones que escribo, no películas que dirijo. Ni siquiera sé qué película voy a dirigir a continuación…

 

Samba: El “baile” de Sy y Gainsbourg

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por Carlos Montes (@micarmontes)

Llega la esperada nueva película de Erik Toledano y Olivier Nakache, más aún, después del tremendo exitazo que supuso su anterior film Intocable, que a un servidor le pareció algo mejor que este del que voy a escribir ahora.

En el quinto largometraje de la pareja de realizadores franceses se puede decir que han decidido continuar por la senda que tan buen resultado les dio el protagonizado por Omar Sy y François Cluzet, con un cine comprometido que se sostiene con una correcta línea argumental, un solvente trabajo actoral, una variada banda sonora, y buenas dosis de un humor que en esta Samba no está tan marcado como en Intocable, y que se dirige más al lado del compromiso al tocar el tema de la inmigración. En cualquier caso, las dos cintas funcionan bien dentro de sus diferencias argumentales, si bien la anterior a esta era mejor.

Omar Sy, Charlotte Gainsbourg y Izïa Higelin

Toledano y Nakache hacen un compromentido, sencillo y buen trabajo para continuar el buen hacer de un cine como el francés, que demuestra año tras año ser uno de los más potentes de Europa.

Joven y Bonita (2014), Guillaume y los chicos ¡a la mesa! (2013), La Venus de las pieles (2013), La vida de Adèle (2013), De óxido y hueso (2012), En la casa (2012), Un dios salvaje (2011), The Artist (2011)… Como habéis podido comprobar, todas y cada una de ellas en un margen de cuatro años. Os aseguro que todas ellas (quien las ha visto, lo sabe) son muy buenas. Esto es un claro ejemplo de la buena salud de la que goza el cine en Francia. Sin duda alguna, las películas Intocable y Samba contribuyen para que la filmografía del país vecino siga por el buen camino.

Samba (Omar Sy) es un inmigrante en situación irregular que se gana la vida como puede en París. Alice (Charlotte Gainsbourg) es una ejecutiva que está de baja debido a una leve enfermedad que le produce agotamiento. Cuando Samba y Alice se encuentran por primera vez, comienzan una entrañable relación de amistad…

El film tiene mucho peso a través de su banda sonora, donde podemos escuchar a intérpretes y canciones como Bob Marley y The Wailers con ‘Waiting in vain’; Gilberto Gil con ‘Palco’; Syreeta y su ‘To know you is to love you’; o The Brothers Johnson con su tema ‘Stomp!’. La música es como un personaje más cuando Nakache y Toledano se ponen tras las cámaras.

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La película transcurre con una línea argumental correcta, y sin salirse un ápice de lo establecido. Quizá por ahí se le puede achacar algún pero a los realizadores franceses, a los que no les gusta demasiado buscar vías de sorpresa que puedan desajustar o desdibujar la tonalidad y la propuesta del guión. ¡Arriesgan lo justo y necesario!

Otra de las cosas que encajan bien en la película son los momentos de alternancia entre dramatismo y comedia. En su anterior film, esto se remarcaba más al haber bastantes más dosis de humor. En Samba, el tono de comedia viene en cuentagotas, pero está insertado de manera muy correcta.

Me sorprende mucho que se diga que esta cinta es la segunda parte de Intocable, cuando aquella era una comedia con algunos momentos de drama, y en esta el humor apenas aparece, y se habla de un tema como la inmigración sin darle un marcado dramatismo, y además contando una historia romántica de por medio. Esto último era algo inexistente en la anterior de Toledano y Nakache.

Que la cinta haya funcionado bien tiene su base fundamental en los buenos trabajos que han hecho los protagonistas, empezando por Omar Sy en el papel de Samba, que demuestra que no le viene grande un rol en el que ha tenido que sacar su lado más serio, y que se puede desenvolver bien cuando le lleguen papeles con mayor carga dramática. Sigue llenando la pantalla y demostrando seguridad en sí mismo, a la vez que transmitiendo buenas sensaciones. ¡Eso el espectador lo capta!

Cómo no, una vez más la grandísima Charlotte Gainsbourg (Alice) nos deja una muy buena actuación. Naturalidad, sencillez, saber estar, credibilidad… Todas esas cosas tan fáciles de decir y tan difíciles de hacer en el cine. Pero ella está tan acostumbrada a hacerlo en tantos personajes diferentes que lo domina como quiere. ¡Y lo mejor es que sigue dándolo todo!

A la izda.: Tahar Rahim, como ‘Wilson’

 

Tahar Rahim (Wilson) nos deja unos divertidos momentos durante el metraje y demuestra que sigue al alza después de sorprendernos en Un profeta y gustarnos en El pasado. Buena interpretación también de Izïa Higelin (Manu), una chica que debutó hace apenas tres años en el cine. Hace creíble y lleva bien su personaje de trabajadora social “responsable”.

Como dice Omar Sy en la película: “me llamo Samba, ¡como el baile!”. Y los directores han sabido marcar unos buenos pasos, y sin correr demasiados riesgos, han dejado que Sy y Gainsbourg sean la pieza principal de este baile.

– Lo Mejor: Las actuaciones de Omar Sy y Charlotte Gainsbourg. Hablar de manera natural y sencilla de un tema social sin tener que despertar conciencias.

– Lo Peor: No profundizar algo más en la relación entre Samba y Alice.

Whiplash: Buscando la excelencia

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por Carlos Montes (@micarmontes)

Después de salir de la sala de cine, intercambiamos opiniones el productor musical Jorge Montes y un servidor sobre la película de Damien Chazelle. Llevando la conversación al terreno que mejor conoce, como es el de la música, me dijo una frase que me llamó la atención: “La diferencia entre un buen trabajo musical y uno con talento, está entre oír, y escuchar”. ¡Tiene razón! En el Cine pasa exactamente lo mismo a la hora de ver una película. Somos capaces de apreciar y de diferenciar una muy buena cinta de una obra maestra. Sobre todo esto trata esta Whiplash de D. Chazelle. La búsqueda de talento, de llegar a la cima al precio que sea, pasar por situaciones vejatorias por conseguir un sueño casi inalcanzable, etc. Una cinta concisa, directa y tan tajante que no se permite ninguna licencia de cara a la galería, algo que por momentos puede llegar a agobiar al espectador debido a su cuadriculado argumento en el que apenas se encuentra un momento de respiro. Pero lo seductor en este largometraje es dejarte llevar por esta búsqueda de los personajes de conseguir lo que desean al precio que sea y pasar por el peaje de un thriller duro, muy bueno y rotundo. ¡Déjate llevar por la apuesta de Damien Chazelle y por sus personajes en busca de la excelencia!

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Andrew Neiman (Miles Teller) es un joven que sueña con poder convertirse en uno de los grandes talentos de la historia de la música. Da clases de batería en el conservatorio Shafer. Uno de sus prestigiosos profesores es Terence Fletcher (J.K. Simmons), conocido por sus rigurosos métodos de enseñanza. Cuando el profesor y el alumno se juntan para dar clase mantienen una tensa relación.

Extraído de un cortometraje con el mismo título, que el director había presentado en varios festivales como Sundance y Aspen, el segundo largometraje como director de Chazelle está obteniendo un rotundo éxito de crítica y público, hasta el punto de haber cosechado 5 nominaciones al Oscar (Película, Guión Adaptado, Actor de Reparto para J.K. Simmons, Montaje y Mezclas de Sonido). No está nada mal para ser la segunda vez que el realizador se pone detrás de las cámaras. Aquí lo más destacable de su trabajo es cómo posiciona la cámara especialmente respecto al personaje de Andrew, para que nos dejemos arrastrar por sus sentimientos.

También hay que reseñar que el bien estructurado guión es uno de los apartados que más fuerza y empaque dan al argumento, consiguiendo a su vez que la trama nos resulte dura, áspera y redonda en su conjunto final. El guión también está escrito por D. Chazelle, algo que no le era ajeno ya que había escrito algunos guiones cinematográficos. Es el autor del guión de Grand Piano, film protagonizado por Elijah Wood.

Y es que “una de las peores cosas que le puedes decir a un artista son estas dos palabras: ¡Buen trabajo!”. Aunque no son las palabras exactas de J.K. Simmons, en uno de los grandes momentos del largometraje, y reflejan muy bien la historia y el hilo argumental que nos cuenta la película.

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Muy relevante el sonido a lo largo de todo el metraje gracias a su acústica impoluta, y con el que se disfruta de unas escenas que toman fuerza y relevancia debido a su elegante sonoridad.

¿Quieres conseguir algo en esta vida para que te recuerden? ¿Qué estás dispuesto a hacer para conseguirlo? ¿Dónde está el limite del bien y el mal cuando quieres extraer lo máximo de una persona? Todas estas preguntas surgen en numerosos ámbitos de la sociedad: Deporte, política, trabajo… en Whiplash se centra en la música, y en cómo un profesor mediante unas formas poco convencionales desea sacar lo mejor de uno de sus pupilos, y como éste quiere ocupar uno de los suculentos puestos de trabajo tocando la batería en una alta escuela de Nueva York. Algo muy parecido ya nos había mostrado Darren Aronofsky en la magnífica Cisne Negro.

Ni que decir tiene que una de las cosas que predominan en el film es la música Jazz que suena a lo largo de la cinta y que se disfruta con la misma intensidad que los planos en los que aparecen sus protagonistas. De los que voy a hablar ahora…

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Antes de ver la película leí de pasada que no se entendía muy bien que todos los elogios fueran solo a favor de J.K. Simmons y apenas se dijera nada de Miles Teller. Después de ver la cinta os puedo asegurar que quien escribía el artículo tenía razón. Teller hace una actuación excelente, sincera, y totalmente llena de realismo. No se sabe qué pasa por la cabeza de Andrew pero se intuye. Sin duda es una gran interpretación como ya había mostrado en uno de sus anteriores trabajos The Spectacular Now (Aquí y Ahora, en España). Desde luego que está a la altura de ese grandísimo actor que es J.K. Simmons, como se suele decir: “Uno de los secundarios de lujo”, que con su reciente nominación al Oscar se perfila como uno de los grandes favoritos para ganar el premio. Es evidente que está magnífico y portentoso haciendo de maestro en un conservatorio que lleva a sus alumnos de manera firme, rigurosa y con estilo militar para obtener lo que quiere.

Melissa Benoist (Nicole) es la única del reparto a la que se le puede hacer mención ya que el resto del metraje se centra en los dos actores ya mencionados. En las pocas apariciones que tiene en la gran pantalla hace gala de seguridad, timidez y destreza de forma bien llevada.

Este trabajo mostrado le va a llevar a cotas más altas al realizador, y como bien muestran los personajes dentro de la trama, tendrá que luchar por conseguir su obra maestra. De momento Whiplash se queda en una muy buena película.

¡Por cierto! Mientras escribo estas líneas, me he enterado de que era el cumpleaños de Damien Chazelle. ¡Felicidades, aquí tienes mi regalo…!

– Lo Mejor: El excelente final que tiene la trama del film. Las actuaciones de J.K. Simmons y Miles Teller.

– Lo Peor: La interminable escena en primer plano de Andrew tocando la batería en la parte final de la cinta.

Birdman: Volando entre bambalinas

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por Carlos Montes (@micarmontes)

Una cosa está muy clara después de ver Birdman: su director Alejandro González Iñárritu se ha alejado completamente del Cine al que nos tenía acostumbrados en sus últimos trabajos, 21 Gramos, Babel y Biutiful. Lo nuevo de Iñárritu nada tiene que ver con lo antes visto del realizador, hasta el punto de abandonar aquellos delirantes dramas para pasar a una atípica comedia trepidante. Una cinta llena de humor cínico, realista, conciso y sobre todo acertado. Porque, si bien es verdad que dentro del argumento nos encontramos una amalgama de personajes desubicados, llenos de engreimiento y artificio, y que no se molestan en disimular su vulgaridad e inseguridades, la película por encima de todo lo que resalta muy bien son los momentos de banalidad, egocentrismo y patetismo que tiene cada personaje. Y lo hace mediante un enorme sentido del humor como ya he descrito unas lineas más arriba.

IMG_4115Tras haberse convertido en uno de los superhéroes más aclamados por el público después de trabajar en la trilogía Birdman, Riggan (Michael Keaton) trabaja en un teatro de Broadway años después de haber abandonado el personaje. Pero su “voz de subconsciente” le incita para que retome su viejo papel.

La labor del realizador en la primera hora y cuarto de largometraje es encomiable: nos lleva por todo el set teatral cámara en mano en un tour de force (una maniobra de habilidad, fuerza, ingenio o técnica en una situación difícil) entre bambalinas para no perderse ni un solo detalle de cómo se mueven los actores, para apreciar mejor la fotografía, descubrir todo el trabajo de dirección artística en las escenas, etc. Respecto al resto del metraje pasada esa hora y cuarto, la cinta de iñárritu da un pequeño bajón debido a que el propio director pierde un poco el control respecto al personaje que es la voz de la conciencia de Michael Keaton. ¡Dicho personaje le da casi lo mejor y lo peor al buen trabajo del realizador mexicano!

Grandísima labor la que ofrece el director de fotografía una vez más Emmanuel Lubezki, ganador el año pasado del Oscar fotográfico por Gravity. Presumiblemente estará también este año entre los cinco candidatos al premio por Birdman.

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A la dcha.: Michael Keaton como ‘Riggan Thomson’, papel por el que recientemente ha obtenido un Globo de Oro

La B.S.O. es muy destacable a lo largo de este film, especialmente en su parte central y muy llamativa en los créditos de principio y final. Antonio Sánchez ha compuesto una música donde uno de sus puntos fuertes es la batería, algo bastante inusual en las bandas sonoras en el Cine. ¡Una apuesta cuando menos arriesgada, buena y remarcable!

La forma y manera de mezclar los entresijos de los personajes con la “gente de a pié”, la acidez y negrura que destila el personaje Birdman, los “cuchillos” que se lanzan mutuamente y sin miramientos los protagonistas, unas situaciones donde el egocentrismo y la desesperación van de la mano en cada momento… Todo dentro de un microcosmos bajo el techo de un teatro.

Abarcando ya la parte de los actores empezamos por Michael Keaton (Riggan Thomson), que hace una de sus mejores actuaciones en el Cine. Dándonos unas idas y venidas mentales merced a su “alter ego” que son dignas de estar entre los nominados al Oscar de mejor actor. Lo sabremos el próximo jueves día 15 de enero.

Vemos haciendo de hija de Keaton a Emma Stone (Sam), llevando una vida tan infeliz como entregada a las nuevas tendencias en las redes sociales. Hace poco comenté en mi crítica de Magia a la Luz de la Luna que a la actriz le hace falta un papel de protagonista absoluta para sacar a relucir lo gran interprete que es. Éste trabajo en Birdman la sube un peldaño más arriba…

Edward Norton se mete en la piel de Mike, y sus cara a cara con Keaton y Stone son una de las muchas cosas disfrutables que tiene el largometraje. Vemos unas interpretaciones en todo su esplendor en una cinta que es muy propicia para ello.

En cuanto a los secundarios, tanto Naomi Watts (Lesley), como Andrea Riseborough (Laura), a la que pudimos ver en Welcome To The Punch y Oblivion (para los que su nombre no os suene tanto), nos dejan unas buenas e interesantes actuaciones, destacando una escena en la que se refleja perfectamente lo que supone moverse en el mundo del espectáculo.

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Del último actor de reparto del que voy a escribir es Zach Galifianakis (Jake) que aparece en torno a unas cinco o seis veces a lo largo del metraje para dejarnos un buen sabor de boca. ¡Está magnífico! Alterna humor y seriedad en su personaje como no habíamos visto hasta ahora. Digamos, en su lado más serio o dramático.

Sin ser redonda y aún cayéndose algo en su tramo final… te hace reír y mucho, tiene una excelente primera parte, gran fotografía y actuaciones de gran nivel… ¿Que más quieres para ver una muy buena película?

– Lo Mejor: Las interpretaciones de Keaton, Norton y Galifianakis. Su fotografía. El acertadísimo humor.

– Lo Peor: Que Iñárritu se exceda en el uso de la cámara en mano.

 

 

Unbroken (Invencible): Louis de Nazareth

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por Carlos Montes (@micarmontes)

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Una de las muchas cosas buenas que tiene el Cine es que te da la oportunidad de conocer personajes e historias de cuya existencia ni por casualidad sabríamos, de no ser por el Séptimo Arte (los libros, la televisión, prensa, etc., son otras vías: a mí me encanta descubrirlos en la sala de cine ante la gran pantalla). Me ha ocurrido con este Louis Zamperini. Este hombre nacido en Nueva York en 1917 era hijo de padres italianos. Ni él ni sus progenitores hablaban inglés, y eso hacía que Louis tuviera problemas en el colegio, y para evitarlos se hizo miembro del equipo de atletismo donde a los 17 años ganó un importante campeonato en USA, y a los 19 años se clasificó para los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 (aquellos famosos JJ.OO donde participaba Jesse Owens, y tenían como espectador a Hitler). Tres años después de dichos juegos, Zamperini entró en el ejército tras estallar la Segunda Guerra Mundial…

¡Tranquilos! No he desvelado nada sobre la película ya que la historia comienza a partir de esta citada 2º Guerra Mundial y se centra en el sufrimiento al que fue sometido durante la misma Louis Zamperini.

En la segunda cinta como directora tras su debut con En Tierra de Sangre y Miel (2011), nos encontramos con una Angelina Jolie valiente que ha plasmado sin alardes una película basada en hechos reales. Algo que no siempre es sinónimo de éxito, ya que este tipo de trabajos suelen ser un arma de doble filo. Pero la directora sale airosa (nunca mejor dicho) ya que lo más potente de su realización son las escenas aéreas (leí en una entrevista suya que era lo que más miedo le daba en su nuevo proyecto) que nos ofrece en los primeros minutos del metraje con planos muy buenos y llenos de realismo. La relizadora, a parte de todo lo dicho hasta ahora, en ningún momento ha adornado su película con detalles absurdos y facilones donde se podría prestar a ello al tratarse de una historia real. No, se ha centrado exclusivamente en lo que le ocurrió a Zamperini y ya está. ¡Eso se agradece!

En plena Segunda Guerra Mundial y después de un tiroteo de fuego cruzado, el avión en el que viaja Louis Zamperini (Jack O`Connell) cae al océano Pacífico. Comienza en ese momento una odisea para él y dos de sus compañeros del ejército.

A. Jolie ha querido rodearse de lo más granado para este film: ha escogido a Alexandre Desplat para que componga la banda sonora. No es de lo mejor del compositor pero es una pieza destacable. Por otro lado, en el apartado fotográfico tenemos al gran Roger Deakins, que nos da una bonita y apreciable visión de su trabajo por tierra, mar y aire. ¡Desplat y Deakins son dos hombres en busca del Oscar cuyas respectivas carreras ya merecen! El primero ha estado nominado en seis ocasiones, y entre sus trabajos encontramos El Curioso Caso de Benjamin Button, Fantastic Mr. Fox, Argo y Philomena. El segundo cuenta con once nominaciones y algunos de sus meritorios logros los hemos podido ver en Fargo, El Hombre Que Nunca Estuvo Allí, El Asesinato de Jesse James por el Cobarde Robert Ford y Prisoners. Hago una reseña sobre estos dos grandes artistas porque me apetecía destacarlos ahora que han trabajado juntos.

Lo que ya no es bueno en el largometraje de Angelina Jolie es el tener siempre la sensación de estar ante un film lento, con poca agilidad a la hora de trazar su argumento. No sé si debido al guión (costaría creerlo al ser de los Coen), a su montaje, o a que Jolie lo haya querido así. ¡No se hace soporífero pero algo más de ritmo le hubiera venido bien!

Muy destacable la interpretación de Jack O`Connell (Zamperini), llena de serenidad, contención y sosiego, para este actor al que vimos en películas como This Is England y 300: El Origen de un Imperio. También lo veremos en cartelera proximamente en el film 71 del director Yann Demange.

Buena actuación de Takamasa Ishihara (Watanabe), donde su intenso, agresivo y autoritario papel no baja un ápice en toda la película.

Correcto y bien llevado el trabajo de Domhall Gleeson (Phil) como el compañero de andanzas durante todo el metraje de Zamperini.

Poco más que destacar en cuanto a interpretaciones se refiere, ya que aunque el resto del reparto es también convincente, son los tres actores mencionados los que copan la gran mayoría de escenas y planos (en especial Jack O`Connell) en el largometraje de A. Jolie.

La directora Angelina Jolie, junto al verdadero Louis Zamperini

 

Así que… con bastantes más pros que contras en esta Unbroken donde destacan esos primeros veinte minutos para luego ponerse en “modo diesel”, sería injusto no mencionar que ha sido bonito y agradable descubrir quién era Louis Zamperini, quien falleció el 2 de julio de 2014 sin poder llegar a ver la buena película que Angelina Jolie hizo sobre su historia. ¿O quizás sí?, en esa grandísima pantalla que es el cielo!

– Lo Mejor: La actuación de Jack O´Connell, y lo bien filmados que están los ataques aéreos.

– Lo Peor: No haberle dado más ritmo al largometraje.

 

Magia a la Luz de la Luna: Término médium

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por Carlos Montes (@micarmontes)

Nueva película en la extensa carrera del cineasta neoyorkino y de nuevo comenzará ese absurdo “debate” sobre si esta cinta que toca ahora es la buena o es la mala de éste Woody Allen que hace películas como churros. ¡Si la anterior fue Blue Jasmine y era buena, esta debería ser mala! ¿O quizá la cinta protagonizada por Cate Blanchett no era tan acertada y A Roma Con Amor era algo mejor? Pero entonces… si esta última estaba bien, ¿no era buena Midnight In Paris a pesar de su flamante Oscar a guión original? En fin… como el propio nombre de la película indica: la Magia de ver cada uno el cine a nuestra manera. A la luz de la luna, o de la forma que uno crea conveniente… lo que está claro es que es innecesario entrar en raros debates sobre si esta cinta es mejor o peor que la anterior. Lo que está muy claro es que W. Allen ha hecho mucho por el Séptimo Arte y con eso me quedo.

Stanley (C. Firth) y Sophie (E. Stone)

Sin salirse de sus marcados renglones y con unas pautas a las que ya nos tiene acostumbrados, el realizador nos cuenta una historia de amor poco convencional además de dejar entrever su poca creencia en todo lo relacionado con el mundo del esoterismo. Bien filmada, con una buena elección de la música a la hora de acompañar las escenas (quizás, de sus últimos films, la mejor selección musical), gran acierto a la hora de ambientar la cinta; dirección artística, vestuario… Buen trabajo del director, aunque en unos meses nadie hablará de esta Magic In The Moonlight.

Stanley (Colin Firth) es un prestigioso mago de la alta sociedad de los años veinte que se encarga de desenmascarar a los farsantes médiums que tratan de vivir del cuento. Tras conocer a Sophie (Emma Stone), una joven que se gana la vida con sesiones de espiritismo, Stanley se replantea su tozuda y rígida visión del mundo esotérico.

A pesar de tener un reparto coral, en la nueva cinta de Allen, al contrario que en el resto de sus largometrajes los actores secundarios en esta ocasión tienen un rol apenas testimonial tanto a la hora de actuar como de salir en pantalla. Nombres como los de Eileen Atkins, Simon McBurney (los dos actores más destacados de los de reparto), Marcia Gay Harden o Jackie Weaver nos dejan una presencia casi testimonial durante el film. Algo extraño y poco habitual en un realizador al que le encanta que la gente que se pone delante de las cámaras tenga bastante presencia y dé más juego.

Diálogos acertados pero que no enseñan nada nuevo, un guión de toques ligeros que se hace ameno y agradable, una historia bien contada para un relato intrascendente… como veis, todo gira en torno a contradicciones y a un ni fu ni fa. ¡Está bien, pero no pasa de ahí! Después de ver la película, valga el juego de palabras que da título a la crítica para decir que lo nuevo de Allen es de término médium.

Sophie, realizando una de sus sesiones

Sin duda alguna lo más destacable del largometraje es la gran ambientación que ha creado el realizador, enseñándonos unos paisajes costeros muy bonitos a lomos de la rivière francesa, una buena fotografía de la mano de Darius Khondji y un cuidado vestuario que lleva la firma de Sonia Grande.

Destacan los dos actores protagonistas, ya que llevan totalmente el peso de la cinta y consiguen crear una entrañable conexión entre ellos. A Colin Firth se le ve una seguridad y un aplomo en lo que hace que provoca que el espectador empatice pronto con su personaje, lleno a su vez de terquedad, inseguridad y egocentrismo a partes iguales. El lado femenino lo pone Emma Stone, una actriz a la que le tiene que llegar ese gran papel que explote al completo todo su potencial interpretativo. Hasta ahora nos ha dado buenas interpretaciones en Criadas y Señoras, Rumores y mentiras, … pero si le llega un buen papel, esta chica subirá un par de peldaños a nivel de actuación. En Magic in the Moonlight da la dulzura necesaria en cada plano, expresando su mirada más que su cuerpo, y sentándole realmente bien el vestuario de la época de los años veinte que Woody Allen nos muestra a lo largo del metraje.

Como he comentado anteriormente, los secundarios brillan por su ausencia. En este caso, tanto Eileen Atkins como Simon McBurney tienen algo más de presencia que Marcia Gay Hardenm o Jackie Weaver. A pesar de esto, los momentos en los que aparecen, están a la altura de su grandeza como intérpretes.

Que nadie se lleve a engaño. Aunque la mayoría de la crítica extraiga cosas positivas sobre la película, no es un trabajo que de aquí a un tiempo te haga retener nada de su argumento. Vuelvo a repetir que estamos ante un buen y decente film que nos deja un resultado escaso y olvidable.

Retomando el principio de la crítica, y aunque a mí el largomentraje no me ha dado ni frío ni calor, y siendo una cinta ligera e ingenua, también  hay que reconocer que la dulce historia de amor y la poca creencia en lo espiritual que se ve en su trasfondo son de lo más agradable. Así que no seré yo quien sitúe a Magia a la luz de la Luna por encima o por debajo de otras películas del director, pero sí diré que W. Allen es necesario para el Cine.

¡Por cierto! El director ya prepara su nuevo film, con Joaquin Phoenix de protagonista. ¡Ya deseo verla!

– Lo Mejor: La ambientación de la película

– Lo Peor: La escasa aparición de los grandes secundarios

Los Boxtrolls: Plastilina burguesa

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por Carlos Montes (@micarmontes)

Partamos de la base de que de la cinta de la que voy a escribir no es tan sorprendente como fue la ópera prima de los Estudios Laika, aquella sensacional y sorprendente Los Mundos de Coraline. Dejo desde el principio claro que este nuevo trabajo de Laika es poco novedoso en cuanto a guión, bueno en su conjunto final delante de las cámaras y excelente respecto a su equipo artístico  detrás de ellas.

Lo primero que debes preguntarte es: ¿de dónde vienen éstos seres llamados Boxtrolls? Y la respuesta es algo sorprendente: De las cloacas de la alta burguesía en la época post-victoriana. Con una premisa así, choca bastante que unas de las cosas más flojas de toda la cinta sea el guión que no muestra nada a la hora de jugar con lo que parece un buen material, aunque bien es cierto que deja algunos buenos detalles en las conversaciones de los personajes que vienen marcados por tendencias con cierta bis cómica, algo de locura y mucha estridencia.

Los directores Graham Annable y Anthony Stacchi se encargan de la realización de éstos adorables seres de tonalidad grisácea y cuyo envoltorio exterior es una caja de cartón con la que se identifican. Es la primera vez que ambos realizadores  se ponen detrás de las cámaras para los Estudios Laika. Por lo visto hasta ahora, debe de ser una directriz de la empresa. Porque por el momento, de las tres películas de los estudios ninguna de ellas ha repetido director, a pesar de las buenas críticas recibidas y del apoyo del público, tanto para Los Mundos de Coraline de Henry Selick, como para El Alucinante Mundo de Norman de Sam Fell y Chris Butler, y ésta que nos ocupa, que, aunque sea un poquito más floja que sus antecesoras, tiene el apoyo de la crítica, y el público intuyo que no le dará la espalda…

En el poblado de Cheesebridge, donde se dan cita los más altos y distinguidos caballeros y señoras de la época post-victoriana y donde se mira por el dinero, la posición social y el más apestoso y fuerte de los quesos, viven dentro en sus alcantarillas unos malvados y repugnantes seres que desean hacerse con los preciados bienes de los demás.

Otro de los sellos que identifican a Laika son los mundos oscuros que presentan en sus films, tanto a nivel de la fotografía, decorados, dirección artística… lo que llamaríamos “la parte técnica”; como a nivel argumental, ya que sus historias giran en torno a situaciones que rayan la siniestralidad, como vimos en los angustiosos sueños y pesadillas de Coraline, en las visiones del pasado con los muertos de Norman, y en ésta, con unos Boxtrolls viviendo en el subsuelo y rodeados de personajes malvados. Y escribiendo sobre personajes malvados… ¡Voy con ellos!

Del primero que voy a hablar es del mejor de toda la película que no es otro que el gran Archibald Snatcher (qué nombre más aristocrático), que en la versión original tiene la voz del gran Ben Kingsley, y que gracias a él sube bastantes puntos la cinta. Es carismático, charlatán, ponzoñoso, estridente, y con mucha tendencia a llegar muy alto… Todo un acierto la creación de este personaje tan peculiar.

Winnie se nos presenta en la versión original con la voz de Elle Fanning, y es una desdichada niña que no tiene ningún apego por eso que llaman la alta sociedad. Aporta mucha frescura al argumento y tiene unas escenas muy divertidas con Eggs.

El Boxtroll más aventurero, dulce y despistado es Eggs, y tiene la voz (siempre en su versión original) de Isaac Hempstead Wright, que es un actor  al que no tengo ubicado, al haber desarrollado su corta carrera sobre la serie de televisión Juego de Tronos. Yo, al no ser seguidor de series, le pierdo la pista, pero los seriéfilos lo reconoceréis seguro. Sin duda alguna, el personaje da profundidad a la trama.

Otro de los destacados protagonistas en el film es Lord Portley-Rind (Jared Harris es su voz), y para que no os volváis locos os digo que en el doblaje en castellano se llama Lord Camembert. Este lord tiene el ego muy subido, la inteligencia baja y deja unos buenos y divertidos detalles a lo largo de la cinta.

Salen bastantes más personajes y Boxtrolls en la historia, pero los segundos como buenos trolls que son, solo balbucean y emiten gruñidos, y de los primeros, os dejo que saquéis vuestras conclusiones en la sala de cine y ante la gran pantalla.

El trabajo que se intuye y se ve a lo largo del largometraje se antoja tremendo, incluso mucho más en esta tercera película de Laika que en las dos anteriores, ya que ésta es la que alberga más figuras en las que el trabajo de Stop-Motion (que de forma tan magistral maneja la empresa) se refleja de manera excelente en todo el film. Tiene un mérito tremendo realizar este trabajo en el que se requiere mucha paciencia y tiempo a la vez. Para entenderlo bien, os recomiendo que os veáis los contenidos extra de sus cintas, y seguro que apreciáis mucho más su enorme trabajo. En los créditos finales de esta película hay un pequeñísimo homenaje a esto que estoy comentando.

En definitiva, estamos ante una buena película que nos deja divertidos momentos, con sus detallados escenarios, por parte de unos Estudios Laika a los que, pase lo que pase, siempre les gusta arriesgar. Y a pesar de haber algunos vacíos en el guión que se ven reflejados en la trama, atreverse a coger esa plastilina de parvulitos y llevarla a la gran pantalla de manera tan profesional como magistral, es para quitarse el sombrero blanco…

– Lo Mejor: El trabajo del equipo artístico de Laika, el personaje de Archibald Snatcher, y la escena de Winnie enseñando modales a Eggs.

– Lo Peor: Que algunos de los personajes “humanos” no estén más definidos, junto a su predecible final.

Magical Girl: Lo sórdido, lo oscuro…

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por Carlos Montes (@micarmontes)

Estamos viviendo un aunténtico boom en cuanto al género thriller, en mayor o menor medida, cinematográficamente hablando, en los últimos meses. ¡Veamos! El Niño de Daniel Monzón; El Hombre Más Buscado de Anton Corbijn; La Isla Mínima de Alberto Rodríguez; Gone Girl de David Fincher; y esta Magical Girl de Carlos Vermut. Todas ellas, en menos de dos meses, y además las cinco aprueban con buena nota. Con lo complicado que es dentro de un mismo género, y en tan corto espacio de tiempo que salgan 5 películas tan apetecibles. ¿Os lo imagináis en el género de la comedia, el terror o la ciencia ficción? Sinceramente, a día de hoy no.

Bárbara Lennie, como ‘Bárbara’

La segunda cinta del director Carlos Vermut (su ópera prima fue Diamond Flash) nos envuelve en un halo de sordidez, desasosiego, dramatismo negro, oscuridad y desaliento. Lejos de tener al espectador maniatado al mirar la historia, lo que produce es todo el efecto contrario, te hace partícipe de ella para que, a través de sus enlazados caminos, quieras saber más de ese mundo interior que proyectan sus personajes. Hace dos cosas muy bien el realizador en esta película: una es dejar entrever el tormentoso y angustioso pasado de los personajes durante la trama; la otra es “engañarte” de manera original y suspicaz, dejando al espectador con sensaciones encontradas.

Un profesor de literatura que se ha quedado en paro debido a la profunda crisis, desea cumplir el sueño de su hija de 12 años. Un caro vestido oficial de la serie de dibujos animados manga “Magical Girl Yukiko“.

La cinta de Vermut viene avalada por ser la triunfadora en el pasado Festival de Cine de San Sebastián, consiguiendo la Concha de Oro a la mejor película y la Concha de Plata al mejor director.

Dentro de este microclima creado por el director en el que todos los personajes se mueven por sus fragiles y complejas vidas, llenos de amargura y arrastrados por un lúgubre pasado, nos encontramos con un argumento desarrollado en tres partes: Mundo, es la relación de un padre con su hija. Demonio, una mujer desequilibrada y su marido. Carne, un maestro con un oscuro pasado. ¡El juego que nos plantea Vermut es de lo más interesante si sabes disfrutar de la cinta!

Otra de las curiosidades del film es el atrevimiento del director a la hora de “mezclar” la B.S.O ya que te encuentras a Manolo Caracol y su tema “La Niña de Fuego”, mezclada con música compuesta para el Anime japonés. ¡Vermut arriesga y le encaja muy bien!

Vamos con más cosas buenas de la cinta, como son las grandes interpretaciones del reparto, empezando por uno de los grandes del cine español como José Sacristán (Damián), que tiene mucho ganado a la hora de realizar su trabajo con su imponente voz, que para este papel resulta fundamental.  Sigue siendo una gozada verlo en todos los variados registros a lo largo de su carrera, además estamos disfrutando mucho con él en el cine gracias a sus últimos trabajos en Madrid, 1987, El Muerto y Ser Feliz y esta Magical Girl en la que está tremendo.

Bárbara Lennie, que en la película se llama igual que en la vida real, lleva a sus espaldas buena parte de la historia, y si tengo que definir su actuación, diría que es hipnótica. Mirada fría, enigmática, temerosa, cínica, frágil… todo eso nos da la actuación de Lennie, además de un llamativo desnudo integral para esta actriz que crece en cada uno de sus papeles. Sonará con fuerza en un tiempo cuando se hable de las nominaciones a los Goya.

Excelente interpretación la de Luis Bermejo (Luis) dándonos un trabajo con total naturalidad y sosiego, que es todo lo que requiere un personaje que por su situación podría actuar de manera bien diferente, pero Bermejo lo lleva donde él quiere sin ninguna estridencia ni exageración. Lo borda. Casi con toda seguridad lo veamos entre los nominados a mejor actor secundario en los próximos Goya. Él ya estuvo nominado a Mejor actor revelación por la cinta Una Palabra Tuya. No deja de ser curiosa esta categoría llamada “revelación” cuando, por ejemplo, un actor como Bermejo ya había trabajado antes de ser nominado en nueve películas. Cositas de la academia…

En la piel de Alicia vemos a la debutante Lucía Pollán. Viendo su actuación, nadie diría que hace su primer trabajo en el mundo cinematográfico, ya que su seguridad, temple y creíble trato al personaje hace pensar que lleve ya mucho tiempo en este “mundillo”. Desde luego que su futuro, si le siguen dando trabajo, es muy prometedor.

Para finalizar, debo decir que, si no te apetece entrar en la dinámica que propone Vermut, es más que posible que no te guste su cinta, porque se te hará difícil entenderla y seguramente no te apetecerá empatizar con la trama ni con sus personajes, pero si te gustan las películas que dejan entrever y te insinúan para que tu imaginación haga el resto… Ya estarás preparado para entrar en la habitación del lagarto negro.

– Lo Mejor: Su guión original y el buen tono general de las interpretaciones.

– Lo Peor: Que la tilden de obra maestra, y que no te metas en el argumento desde el principio.