Felices 140: ¡Todo por la “pasta”!

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por Carlos Montes (@micarmontes)

¿Cuántas veces nos ha hecho nuestro subconsciente la pregunta del millón?: ¿Por cuánto dinero sería yo capaz de venderme? ¿y de traicionar mis principios? ¿el dinero todo lo puede, si tengo una situación difícil? … ¿y si solo lo quiero por puro interés para cambiar mi estatus social? En esta ocasión no es la pregunta del millón, es la pregunta de los 140 millones que nos presenta la directora Gracia Querejeta en su nueva película. Ésta es la cifra que ha ganado la protagonista del film y la que hace que toda la historia gire en torno a ella.

Elia (Maribel Verdú) invita a sus amigos y familiares para que celebren su 40 cumpleaños junto a ella. Después de enseñarles su flamante nueva casa y de preparar una fiesta por todo lo alto, Elia les da a todos la noticia de que le han tocado 140 millones de euros en un Euromillón.

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En la séptima cinta de la realizadora nos volvemos a encontrar con uno de los temas más recurrentes que maneja la directora cuando construye sus películas, como los problemas personales del ser humano. Nos lo mostró en Siete Mesas de Billar Francés, 15 Años y un Día, y en ésta que nos ocupa nos muestra un nuevo eslabón de cómo cada persona se enfrenta a sus propias miserias. Buen trabajo de Querejeta en el guión, acompañada de Antonio Santos Mercero (hijo del gran Antonio Mercero) que también había escrito junto a la directora su anterior cinta 15 Años y un Día. Respecto al trabajo de la directora lo único que se antoja un tanto frío es el final que nos deja su largometraje. El film desgrana claramente en qué se puede convertir cualquier persona tanto para lo bueno como para lo malo, haciendo hincapié en lo segundo cuando se trata de dinero, y como éste es capaz de desestructurar a cada persona del modo que sea. En la película nos encontramos diferentes situaciones y relaciones, bien sean de pareja, amistad, familiares… y vemos como se refleja en cada una de ellas ese poso del ¡Todo por la “pasta”! que les hace cambiar, o no, según el interés por el que la dignidad se deja manejar y puede alterar no solo la percepción de sus vidas sino la de los demás.

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El muy buen tono general de las interpretaciones elevan bastante el film de la directora, en especial el rol protagonico que adquiere durante la trama Maribel Verdú (Elia), que se intuye como la musa de Querejeta ya que le ha dado las riendas de sus últimas tres películas. La actriz resuelve con aplomo, versatilidad, destreza y verosimilitud los registros que le ofrece su personaje, algo a lo que ya nos tiene acostumbrados a lo largo de su extensa carrera. Además, aquí, el peso de la mayoría de la historia recae en Verdú y lo lleva muy bien. Eduard Fernández (Ramón) sale con una muy buena actuación una vez más (¡Y van…!), de un hombre que sabe darle el tono exacto en cada momento a su trabajo, tanto a nivel gestual como a la hora de hablar. Eduard es un gran actor y en este film vuelve a demostrarlo.

El personaje de Marian Álvarez (Cati) da bastante juego a lo largo de todo el metraje. Sin duda alguna la protagonista de La Herida (anterior película de la actriz) demuestra que sigue al alza y que es un valor seguro a la hora de apostar por ella como bien nos deja ver en esta cinta. ¡Está atinadísima en cada aparición! Buena también la interpretación de Nora Navas (Martina). Aquí la vemos como esposa de E. Fernández y realizando un trabajo con mucha naturalidad y sencillez, algo que domina con mucha soltura.

Para no desentonar del resto del reparto, aparecen dos actores que siempre ofrecen bastante fiabilidad: Antonio de la Torre (Juan), que se sigue llevando a su terreno cada papel que cae en sus manos; y por otro lado, ese actor al que siempre anteponemos su cara, con el típico ¡Ah sí, este!, a su nombre, Ginés García Millán (Mario), al que vemos con una seguridad en sí mismo que hace que su actuación fluya de manera natural durante todas las escenas en las que aparece. Alex O´Dogherty (Polo), Paula Cancio (Claudia) y Marcos Ruiz (Bruno) realizan una más que correcta interpretación de sus respectivos personajes.

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Llegados a este punto, tan solo resta decir que Felices 140, sin ser nada novedosa en cuanto a lo que nos cuenta en su trama, sí es una oportuna, convincente y eficaz propuesta sobre la avaricia, mezquindad y codicia del ser humano, aderezada con una sutil ironía que se hace notar a lo largo de su argumento, que nos “obliga” a dejarnos una pregunta final: ¿Somos nosotros los que tenemos el dinero o es el dinero el que nos maneja a nosotros?

– Lo Mejor: El muy buen tono en general a nivel interpretativo. Su buen guión.

– Lo Peor: Un final algo desangelado. Su vetusto montaje.

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Negociador: El negocio es… Barea

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por Carlos Montes (@micarmontes)

No digo nada nuevo si menciono que un hombre como Borja Cobeaga ha caído de pie en el mundo cinematográfico. Le ha ido bien tanto a nivel de guionista como de director, si bien es verdad que esta última faceta como realizador de largometrajes la ha vuelto a desempeñar no hace mucho, ya que su anterior película, No Controles, la filmó hace cuatro años. ¡Pero fijáos!:

La Primera Vezcorto nominado al Goya (Cobeaga, director y guionista). Éramos Pocos, corto nominado al Goya y al Oscar (Cobeaga, director y guionista). Pagafantasnominado el director B. Cobeaga al Goya a la Mejor Dirección Novel, además de cosechar una buena acogida de crítica y público la cinta. Vaya Semanita y Gran Hermano, dos programas de televisión que a día de hoy siguen cosechando mucho éxito: en el primero estuvo como director y guionista, y en el segundo como realizador. Democráciacorto ganador del Festival de Nantes (Cobeaga; director). 7:35 de la Mañana, corto nominado al Oscar (Cobeaga, actor). Ocho Apellidos Vascos, la película más taquillera de la historia del Cine español (Cobeaga, guionista).

Ramón Barea, como ‘Manu’

Se puede decir que Borja Cobeaga ha caído de pie en el Cine, ¿no?

Manu Aranguren (Ramón Barea) es enviado como interlocutor del gobierno español para negociar con un miembro de ETA una salida al conflicto armado. Una vez establecido en Suiza, Manu, empieza a ver cómo los malentendidos y las situaciones extrañas no son lo que el esperaba en una situación tan delicada.

Claramente el realizador ha llevado el argumento de su película por un tono de tragicomedia, dándole un toque personal y particular a un tema tan escabroso como fue el de las negociaciones para poner fin a la banda terrorista ETA. Sin duda ese pulso de guionista se nota en como ha construido la parte cómica en esta cinta, y es que, nada tiene que ver con el humor ligero, ameno y agradable que vimos en un guión como Ocho Apellidos Vascos o en sus anteriores largometrajes. Aquí, el humor es tan seco como áspero y cortante, y lleva muy poco de convencional. El tono de comedia ha tenido que ser buscado porque no era fácil ni natural encontrarlo debido a la temática que se tocaba, pero Cobeaga lo acabó encontrando gracias al proceso de documentación para realizar la película.

Varias son ya las cintas que han reflejado el conflicto vasco a lo largo de la filmografía española, pero la inmensa mayoría de ellas, por no decir todas, siempre volcadas en el dramatismo al hablar de un tema que había que cogerlo con alfileres. En Negociador uno tiene la sensación al salir de la sala de Cine, de que en la balanza final, la comedia está por encima del drama, pero vuelvo a insistir en que es un humor rudo, arisco y rígido.

Otra de las cosas que compensa el visionado de la película es la muy buena actuación de Ramón Barea (Manu Aranguren), un actor al que siempre hemos visto en papeles como secundario y dejándonos buenas interpretaciones. En esta ocasión pasa a ser el absoluto protagonista a lo largo de todo el metraje y creo que ha sido el mejor negocio para el film, ya que se hecha la película a sus espaldas de una manera más que digna. También es un acierto del director ya que otros compañeros de profesión al ver la cinta se darán cuenta de que Barea es muy capaz de sacar adelante un papel protagónico.

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Josean Bengoetxea se mete en la piel de Jokin, el contrapunto de Manu a la hora de las negociaciones. Durante todo el largometraje lo vemos igual de sobrepasado por las rocambolescas situaciones que vive. ¡Buen trabajo el suyo!

Melina Matthews (Sophie) es la traductora del mediador del conflicto. Bien en su papel, como ya hiciera en Mamá (2013) a las ordenes de Andrés Muschietti. Pronto la veremos junto a Sean Penn y Javier Bardem en The Gunman de Pierre Morel.

Evidentemente en Negociador cada uno puede extraer su conclusión de hacia qué lado tiende a ir la cinta al tocar un tema que durante años fue de rabiosa actualidad, y precisamente B. Cobeaga deja a la imaginación de cada uno esto, y de manera abierta claramente. Tan claro, como el “buenismo” inocentón que muestran sus personajes principales Manu y Jokin.

Negociador es esa película donde veremos si la mano de Cobeaga vuelve a funcionar, que demuestra que Ramón Barea puede ser tan protagonista principal como de reparto, en la que vuelvo a ver a Óscar Ladoire ¡Y eso me alegra!

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Se le hace una mención especial a Marví Bilbao al final de los créditos ¡Eso me alegra aún más!, y me permitió conocer a un tipo sencillo, amable y con facilidad de palabra, Borja Cobeaga. ¡Ahora sé por qué triunfan sus guiones…!

– Lo Mejor: La interpretación de Ramón Barea. La aparición de Secun de la Rosa y María Cruickshank.

– Lo Peor: Que Carlos Areces no hace creíble a su personaje.

Entrevista con Borja Cobeaga, director de ‘Negociador’

 

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“Uno se imagina unas negociaciones muy matemáticas, muy solemnes, muy graves, donde todo está milimetrado, y al final no era así. El factor humano pesaba mucho.”

“Una de las cosas que tienes que hacer cuando haces una película es saber dónde estás ubicado. No creo que ésta sea una película fácil.”

“Hollywood es muy impresionante. Es muy de plástico, pero también tiene una cosa inquietante de verdad. En la fiesta de nominados ¡Spielberg apareció en chándal!”

 

“España. Segunda mitad de la primera década del siglo XXI. Un político vasco decide emprender la ardua tarea de negociar con ETA el final de la violencia de la banda terrorista. Sin embargo, la situación, lejos de resultar solemne y calculada, acabará dependiendo enormemente de las relaciones personales establecidas entre los interlocutores…”

Ésta es la nueva trama que nos propone Borja Cobeaga, con un tono de humor al que no estamos habituados, en su nueva película, Negociador (que se estrena en cines el día 13 de marzo). El cineasta donostiarra, que todavía saborea el gran éxito cosechado con Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez-Lázaro, 2014), cuyo guión escribió junto a Diego San José, nos presenta su tercer largometraje como director, nuevamente imbuido en el género cómico que ya trabajó con sus anteriores filmes, Pagafantas (2009) y No Controles (2010).

El realizador atiende a Cinefilex| en un ambiente distendido, en el corazón de uno de los cines más puristas de Pamplona, los cines Golem Yamaguchi, para arrojar una mirada distinta a su película, al camino que la precede, y al que viene por delante…

Afiche de ‘Negociador’, la nueva película de Borja Cobeaga

Cinefilex|: ‘Negociador’ trata un tema complicado. La ETA, las negociaciones secretas del Gobierno con la banda terrorista, sometidas a críticas desde muchos sectores… ¿Por qué decidiste darle un tono cómico a la película?

Borja Cobeaga: Yo creo que el lado cómico de ‘Negociador’, que evidentemente es una tragicomedia (dado que tratamos un tema espinoso, que no da tanto pie a una comedia loca) viene no tanto de que yo quisiese sacarle punta cómica, sino porque la realidad tuvo mucho de cómico. Esta película viene de ese momento en que se empiezan a conocer muchas cosas de aquellas negociaciones, sobre las que el propio Jesús Eguiguren escribió un libro. El libro tiene pasajes delirantes, de comedia, ¡incluso algunos tan exagerados que no quise poner en la película! Por ejemplo, antes de ponerse a negociar Josu Ternera y Eguiguren, en aquel hotel en Suiza a las 8 de la mañana, ¡se veían el encierro de Sanfermines! Uno se imagina unas negociaciones muy matemáticas, muy solemnes, muy graves, donde todo está milimetrado, y al final no era así. El factor humano pesaba mucho. Más que hacer algo cómico, he puesto la mirada en los elementos cómicos que tenía la realidad…

C|: ¿Y cómo surge esa idea de hacer una película sobre las negociaciones entre ETA y Gobierno?

B.C.: Surge en el momento en que decido hacer una comedia algo más “tristona”. Vengo de hacer comedia alocada, y este tipo de comedia, con un poso más dramático, la había practicado en mis cortos, pero nunca en un largometraje. Y después de haber trabajado en ‘Vaya Semanita’, y haber sentido ese interés por los elementos cotidianos del conflicto vasco, más que aquello que está en primer término, apareció ‘Negociador’. Me apetecía un montón hacer una película con este tema, y por ello, dado el tamaño que tiene, y sus ambiciones, es una película muy personal. Tiene algo de capricho, de “me apetecía hacer esta película, y punto”. Por ello no había tanto estudiado al respecto. La historia apareció, encajaba muy bien con el tono que quería, y simplemente la hice.

C|: ‘Negociador’ comparte algunos ingredientes con ‘Ocho Apellidos Vascos’, de la que fuiste co-guionista, como la temática vasca, la comicidad, una duración cómoda que ronda la hora y media… ¿podría alcanzar el éxito que cosechó la película de Martínez-Lázaro?

B.C.: Yo creo que ‘Negociador’ es una película pequeña, y más esquinada. Una de las cosas que tienes que hacer cuando haces una película es saber dónde estás ubicado. No creo que ésta sea una película fácil. Tiene muchos silencios, y un tono extraño que a mí me interesa mucho, pero que puede desconcertar. Quien espere ver una película de carcajada limpia puede llegar a sentirse bastante decepcionado, y eso es algo que a mí no me gustaría provocar. “Vas a entrar y te vas a partir la caja”, no, no es así. Sí que puede hacer gracia, porque yo creo que es una película graciosa, pero no es una película de las que vas a ver al cine para desconectar. Tiene un humor más incómodo, más seco. Y yo siempre pienso que si algo me interesa a mí, que me considero una persona bastante normal, podrá interesarle también a más gente. Eso me gustaría. Pero por otro lado estoy muy ubicado, y soy realista con lo que puede suponer esta película, que por otro lado tiene una distribución mucho más modesta, y un apoyo publicitario y promocional más modesto que Ocho apellidos vascos.

Ramón Barea, como el político ‘Manu Aranguren’

C|: Al final de los créditos haces una mención a Mariví Bilbao. ¿Por qué le dedicas esta película?

B.C.: Su mención, y que la película esté dedicada a ella, se debe a todo nuestro trabajo juntos. En el corto ‘La primera vez’ que fue lo primero que hice, y en ‘Éramos pocos…’, ella era la protagonista; en ‘No controles’ tenía un pequeño papel; en ‘Pagafantas’ iba a salir, pero lo hizo María Asquerino porque Mariví estaba enferma y no pudo hacerlo. Para mí Mariví ha sido como una madre en el Cine. Yo escribía para ella, y ella para mí era como un “Rolls Royce”: cuando escribía para ella, el material se levantaba muchísimo. Su muerte para mí fue como la de un familiar directo. Y ya que la película tenía ese tono personal, gracias también a que en ella volvía a trabajar Ramón Barea, creía que debía estar dedicada a ella. Por supuesto, me habría encantado que hubiese salido también en ésta…

C|: Tienes dos facetas: la de guionista y la de director. Ésta es tu tercera película como realizador, y sin embargo has trabajado en la escritura de más de seis largometrajes… ¿Qué te gusta más, escribir o dirigir?

B.C.: A mí me gusta más dirigir que escribir, porque soy bastante sociable y el hecho de dirigir te lleva siempre a socializar. Ya tienes el plan establecido, que es el guión, y lo ejecutas tratando con actores, con técnicos, … Escribir es más esclavo porque estás en tu casa comiéndote la cabeza. Escribir tiene una parte divertida, pero también una muy sufrida que ser director no tiene. Sin embargo, es algo por otro lado hago muchas veces con Diego San José, con el que he escrito cine y programas de televisión, y tiene esa parte satisfactoria de complicidad. No obstante, como proceso, me divierte más dirigir.

C|: Generalmente el material que escribes suele ser original… ¿Prefieres este tipo de guiones frente a los adaptados?

Cobeaga, en el set de rodaje

B.C.: A mí me gusta escribir con variedad. Siempre escribo comedia, aunque eso no creo que sea una decisión, sino que simplemente me sale así. ¡Una vez me puse a escribir un corto de terror, y quedó comedia! Sin embargo, disfruto de igual manera escribiendo comedias del estilo de ‘Negociador’, más secas, o comedias más alocadas, como ‘Ocho apellidos vascos’, o puntos intermedios como ‘Pagafantas’. Es verdad que cuando una historia es tuya, personal, y se te ha ocurrido a ti, tiene una cosa muy “viva”, porque eso que se te ha ocurrido va a estar en una pantalla, interpretado por unos actores, y la gente lo va a poder ver… Eso tiene algo muy especial. Pero, por ejemplo, en el caso de ‘Negociador’ tuve que investigar mucho, y es una historia original inspirada en unos personajes, por lo que tendría algo de adaptación. Y hay una parte en el proceso que es muy divertida. Una de las razones por las que hice esta película es que muchos amigos míos, guionistas, se documentaban al escribir guiones basados en hechos reales o con referentes en la realidad, y me comentaban que se lo pasaban muy bien.

C|: Estamos de resaca post-Oscars, y tú precisamente estuviste nominado en 2007 a Mejor Cortometraje con ‘Éramos pocos…’ ¿Cómo es Hollywood?

B.C.: Hollywood es muy impresionante. Es muy de plástico, pero también tiene una cosa inquietante de verdad. Ves una familiaridad en que en cinco metros cuadrados haya cuarenta estrellas de Hollywood que resulta bastante llamativa. Por ejemplo, en la fiesta de nominados, que se celebra como un mes antes, y que es bastante distendida e informal, sin toda esa tensión de los premios, ¡Spielberg apareció en chándal! (risas). Y esas cosas impresionan mucho. A lo mejor había venido andando desde su casa, aquí al lado… ¡De hecho! el que ganó el Oscar finalmente en mi categoría, que era angelino, había ido andando al Beverly Hilton, donde era la fiesta… Para mí era todo muy “marciano”. Yo estaba escribiendo ‘Pagafantas’ cuando saltó la noticia. Viajé a Los Ángeles como si me hubiesen extraído de mi casa, teletransportado, y al final de todo te vuelven a teletransportar de vuelta. Y llegas a casa y está la cama sin hacer, la pila de platos en la fregadera… Es como una cápsula de la que sabes que vas a salir, pero muy curiosa mientras estás dentro.

Cobeaga, junto a Spielberg. vía RTVE

 

C|: ¿Y te gustaría trabajar fuera de España…?

B.C.: Sí que me gusta trabajar fuera de España, porque no me fui de Erasmus, y siempre he tenido esa cosa. Pero es verdad que una de las cosas que más me gustan de hacer cine, y lo que más disfruto cuando estoy escribiendo, es dialogar. Como director me siento más seguro con el dialogo en castellano, una lengua que domino. Si tuviera que rodar en inglés, o en otro idioma, sería como renunciar a uno de mis puntos fuertes. Creo que dialogar es lo mejor que hacemos Diego San José y yo, por ejemplo. Y si tuviera que estar dirigiendo una película en inglés, o en francés, y tuviera que tener un traductor a mi lado que me confirmase que todo está bien vocalizado, que se entiende bien, y que tiene sentido, me daría la sensación de que no estoy dirigiendo…

C|: Una pregunta original: ¿Qué pregunta te gustaría que te hiciesen sobre ‘Negociador’?

B.C.: ¡Joder, pues sí! La verdad, es curiosa… ¡Sí! Me gustaría que me hiciesen la siguiente pregunta: “¿por qué crees que una película tan pequeña y tan poco ambiciosa ha batido el récord de taquilla en su primer fin de semana…?” ¡No! ¡No creo que eso vaya a pasar! (risas). Hay una cosa que me gusta responder, que incluso cuando no me lo preguntan la saco a colación, que es: “¿esto ya supone un cambio de estilo? ¿vas a abandonar las comedias locas para seguir este tipo de historias, e incluso ya ir poniéndote en serio poco a poco?” La respuesta es “no”. Porque sí que me gusta mucho cultivar la comedia loca. Y justamente una de las cosas que me parecen maravillosas de, en el mismo año, haber escrito ‘Ocho apellidos vascos’ y haber dirigido ‘Negociador’, es que colma todas mis expectativas de lo que debe ser el cine: que puedas hacer una película pequeña y personal, y que vaya a un festival de cine y se lleve un premio, y por otro lado también una película muy comercial y muy popular. Y si consigo combinar estas dos facetas, estoy cumpliendo un sueño. Puedes llegar al punto de hacerlo con la misma película, como Alberto Rodríguez con ‘La Isla Mínima’, que consigue una película de un acabado artístico estupendo, y encima taquillera. Pero, de momento, si yo puedo combinar estas dos facetas, me siento bastante cómodo.

C|: ¡No dejes nunca de hacer comedia!

B.C.: No, no, yo eso no… Siempre hay preguntas sobre si la comedia se siente infravalorada, y todo eso… Yo creo que quienes hacemos comedia flipamos bastante cuando una idea que se nos ha ocurrido hace no sé cuántos meses, aparece en la pantalla y la gente se ríe. No hay subidón mayor que ése…

C|: En mayo empieza el rodaje de ‘Ocho apellidos vascos 2’, también sabemos que estas trabajando en el guión de ‘Superlópez’ de Javier Ruiz Caldera. Danos alguna primicia de algún proyecto futuro…

B.C.: De momento estamos con eso. Es verdad que estaba escribiendo ‘Superlópez’ junto a Diego San José para Javier Ruiz Caldera, cuando fue el éxito de ‘Ocho apellidos vascos’, y los dientes de los productores se pusieron largos ante la posibilidad de una segunda parte. Todo se interrumpió un poco con la escritura de ‘Ocho apellidos vascos 2’, que ya estamos finiquitando, y ya nos hemos vuelto a poner con ‘Superlópez’, con la expectativa de que se ruede el año que viene. Nos queda mucho trabajo por delante. Tengo que estrenar ‘Negociador’, pulir detalles del guión de ‘Ocho apellidos…’… Yo creo que el 2015 está atado y bien atado, y eso son guiones que escribo, no películas que dirijo. Ni siquiera sé qué película voy a dirigir a continuación…

 

Samba: El “baile” de Sy y Gainsbourg

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por Carlos Montes (@micarmontes)

Llega la esperada nueva película de Erik Toledano y Olivier Nakache, más aún, después del tremendo exitazo que supuso su anterior film Intocable, que a un servidor le pareció algo mejor que este del que voy a escribir ahora.

En el quinto largometraje de la pareja de realizadores franceses se puede decir que han decidido continuar por la senda que tan buen resultado les dio el protagonizado por Omar Sy y François Cluzet, con un cine comprometido que se sostiene con una correcta línea argumental, un solvente trabajo actoral, una variada banda sonora, y buenas dosis de un humor que en esta Samba no está tan marcado como en Intocable, y que se dirige más al lado del compromiso al tocar el tema de la inmigración. En cualquier caso, las dos cintas funcionan bien dentro de sus diferencias argumentales, si bien la anterior a esta era mejor.

Omar Sy, Charlotte Gainsbourg y Izïa Higelin

Toledano y Nakache hacen un compromentido, sencillo y buen trabajo para continuar el buen hacer de un cine como el francés, que demuestra año tras año ser uno de los más potentes de Europa.

Joven y Bonita (2014), Guillaume y los chicos ¡a la mesa! (2013), La Venus de las pieles (2013), La vida de Adèle (2013), De óxido y hueso (2012), En la casa (2012), Un dios salvaje (2011), The Artist (2011)… Como habéis podido comprobar, todas y cada una de ellas en un margen de cuatro años. Os aseguro que todas ellas (quien las ha visto, lo sabe) son muy buenas. Esto es un claro ejemplo de la buena salud de la que goza el cine en Francia. Sin duda alguna, las películas Intocable y Samba contribuyen para que la filmografía del país vecino siga por el buen camino.

Samba (Omar Sy) es un inmigrante en situación irregular que se gana la vida como puede en París. Alice (Charlotte Gainsbourg) es una ejecutiva que está de baja debido a una leve enfermedad que le produce agotamiento. Cuando Samba y Alice se encuentran por primera vez, comienzan una entrañable relación de amistad…

El film tiene mucho peso a través de su banda sonora, donde podemos escuchar a intérpretes y canciones como Bob Marley y The Wailers con ‘Waiting in vain’; Gilberto Gil con ‘Palco’; Syreeta y su ‘To know you is to love you’; o The Brothers Johnson con su tema ‘Stomp!’. La música es como un personaje más cuando Nakache y Toledano se ponen tras las cámaras.

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La película transcurre con una línea argumental correcta, y sin salirse un ápice de lo establecido. Quizá por ahí se le puede achacar algún pero a los realizadores franceses, a los que no les gusta demasiado buscar vías de sorpresa que puedan desajustar o desdibujar la tonalidad y la propuesta del guión. ¡Arriesgan lo justo y necesario!

Otra de las cosas que encajan bien en la película son los momentos de alternancia entre dramatismo y comedia. En su anterior film, esto se remarcaba más al haber bastantes más dosis de humor. En Samba, el tono de comedia viene en cuentagotas, pero está insertado de manera muy correcta.

Me sorprende mucho que se diga que esta cinta es la segunda parte de Intocable, cuando aquella era una comedia con algunos momentos de drama, y en esta el humor apenas aparece, y se habla de un tema como la inmigración sin darle un marcado dramatismo, y además contando una historia romántica de por medio. Esto último era algo inexistente en la anterior de Toledano y Nakache.

Que la cinta haya funcionado bien tiene su base fundamental en los buenos trabajos que han hecho los protagonistas, empezando por Omar Sy en el papel de Samba, que demuestra que no le viene grande un rol en el que ha tenido que sacar su lado más serio, y que se puede desenvolver bien cuando le lleguen papeles con mayor carga dramática. Sigue llenando la pantalla y demostrando seguridad en sí mismo, a la vez que transmitiendo buenas sensaciones. ¡Eso el espectador lo capta!

Cómo no, una vez más la grandísima Charlotte Gainsbourg (Alice) nos deja una muy buena actuación. Naturalidad, sencillez, saber estar, credibilidad… Todas esas cosas tan fáciles de decir y tan difíciles de hacer en el cine. Pero ella está tan acostumbrada a hacerlo en tantos personajes diferentes que lo domina como quiere. ¡Y lo mejor es que sigue dándolo todo!

A la izda.: Tahar Rahim, como ‘Wilson’

 

Tahar Rahim (Wilson) nos deja unos divertidos momentos durante el metraje y demuestra que sigue al alza después de sorprendernos en Un profeta y gustarnos en El pasado. Buena interpretación también de Izïa Higelin (Manu), una chica que debutó hace apenas tres años en el cine. Hace creíble y lleva bien su personaje de trabajadora social “responsable”.

Como dice Omar Sy en la película: “me llamo Samba, ¡como el baile!”. Y los directores han sabido marcar unos buenos pasos, y sin correr demasiados riesgos, han dejado que Sy y Gainsbourg sean la pieza principal de este baile.

– Lo Mejor: Las actuaciones de Omar Sy y Charlotte Gainsbourg. Hablar de manera natural y sencilla de un tema social sin tener que despertar conciencias.

– Lo Peor: No profundizar algo más en la relación entre Samba y Alice.

50 Sombras de Grey: decepción tras los azotes

Por Andrea Zabalza (@zabal22)

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Afiche de la película 5O Sombras de Grey

Me gustaría aclarar lo primero tres cosas:

1º No soy fan de los libros escritos por E.L James, es más, me resultaron repetitivos y aburridos, pero pienso que hay algo que admirar en lo que ha hecho, porque es complicado pasar de un libro mal escrito a una película mal rodada, y eso es precisamente lo que ocurre en este caso.

2º Si cuando compráis las entradas lo que esperáis todos es ver una película erótica, de alto contenido sexual y escenas explícitas (que es lo que cabría esperar de una película catalogada en nuestro país con una censura de +18), no perdáis el tiempo, ni una cosa ni la otra, es una película de amor revestida con alguna escena de sexo (de las que hablaré más tarde).

3º Los que habéis leído los libros o visto ya la película y pensáis que es una idea magnífica recrear lo aprendido en casa, por favor, NO LO HAGÁIS.

Aclarado esto, vayamos con lo que nos interesa. La película “50 Sombras de Grey” se ha convertido en el éxito del año, bate records en la taquilla de medio mundo y ya se han confirmado sus secuelas también basadas en las novelas escritas por E.L James (50 Sombras más Oscuras y 50 Sombras Liberadas). Se trata de la adaptación del Best Seller del mismo nombre que se ha convertido en todo un éxito y que ha llevado a mujeres de todo el mundo a coquetear con el mundo del Sadomasoquismo (algunas incluso han sufrido daños físicos, de ahí la advertencia de antes). Supongo que debe tener algo atrayente eso del Amo y Sumiso, porque los libros ya han superado a la hasta ahora imbatible saga Harry Potter y a su autora J.K Rowling. Siendo sincera, comencé a leerme los libros y casi no acabo ni el primero, me parecieron aburridos, incluso mal escritos, no quiero ofender a ningún fan de la saga, pero creo que al final del tercer libro, siempre el mismo tema, acaba siendo un suplicio.

En cuanto a la película, tenía mis esperanzas, en lo más hondo de mi corazón de que teniendo como directora a Sam Taylor-Jhonson cuyo primer trabajo como directora no dejó mal sabor de boca y demostró carácter y valentía, creí que veríamos en pantalla algo decente, que me encontraría una película con alto contenido sexual, valiente, que deje a los espectadores con la boca abierta, pero creo que no lo ha conseguido, siento que se ha dejado seducir por las cifras multimillonarias que puede dar una producción de este tipo si la haces edulcorada y dejas que las adolescentes a las que les encanta el guapo Christian Grey vayan al cine a ver la película. En mi caso y creo que en el de mucha gente, lo único que ha conseguido con su forma de dirigir esta película, los planos estratégicamente escogidos para enseñar pero no, y con su forma de dirigir a dos actores que por supuesto no han dado el tipo, debiendo haber sabido conseguir cierta química entre ellos, lo conseguido en mi caso, es decepción. Decepción de no haber visto una película que tratase de verdad un tema como el llamado S&M (mundo que queda muy alejado de mis conocimientos y que por ello no trataré en esta crítica, pero sí diré que muchos expertos en este tema han dicho de esta película y sus libros que simplifican y abaratan una práctica que para muchos es su forma de vivir una relación), que podría dar un juego brutal y de haber sido una apuesta valiente, brindarlos un nuevo clásico del cine erótico (que no vulgar) como lo fue en su día la francesa Emmanuelle (Just Jeackin, 1974) o la más reciente Soñadores (Bernardo Bertolucci, 2003) que en momentos mucho menos propicios y con mentes más cerradas que la actual se convirtieron en grandes clásicos.

En cuanto a los actores, en el papel del hombre de negocios con un pasado tormentoso, el Señor Christian Grey, es interpretado por Jamie Dornan a quien hemos visto en la serie Once Upon a Time en varios capítulos, pero que es gracias a este papel cuando se presenta ante el gran público. Y en el papel de la joven e inocente estudiante de filología inglesa tenemos a una hijísima, Dakota Jhonson (hija de Don Jhonson y Melanie Griffith) que a pesar de haberla visto en películas como La Red Social (David Fincher, 2010) también encuentra en esta película su primer papel importante. Nuevamente, siendo sincera, ninguno de los dos me gustaban para dar vida a los protagonistas de esta “tórrida” historia, y no me equivocaba, ambos están descolocados durante gran parte de la película por no decir toda, a ella no se la cree nadie como la joven inocente y más cuando se pasa media película mordiéndose los labios en tono más que sugerente. Pero él ya es de otro mundo, cuando un actor no se cree su propio personaje es un grave problema y si no eres capaz de decir una frase sin sonar incómodo, está claro, no es tu papel. Además entre ellos no hay química alguna, ya lo pudimos ver en los Globos de Oro cuando dieron un premio juntos y no se miraron a la cara, o en las diversas premiers que han realizado de la película donde hemos visto más de lo mismo.

Christian Grey y Anastasia Steele en una escena de la película

Y una película en la que falla su directora y fallan sus actores, ¿qué más podría fallar? Exacto, su guión. Hay momentos en los que creo que se les ha ido de las manos, una cosa es hacer (o intentar hacer más bien) un guión con toques eróticos, salvajes o sexuales, otra, hacer un guión vulgar con frases como “Yo no hago el amor, yo follo (pausa dramática), duro” que suelta el señor Grey y que Jamie Dornan parece escupir las palabras de forma más que incomoda, no producen el efecto deseado en el espectador, en mi caso produjo una severa carcajada al igual que muchas frases primas hermanas de la mencionada.

A lo ya comentado se suman las esperadísimas y debo decir esporádicas escenas de sexo. Su productora lleva animando el cotarro y dejando con la miel en los labios a los seguidores de la saga durante meses, prometiendo la GRAN película, con escenas de lo más eróticas y sinceramente, que en 2 horas de metraje, haya un total de 11 minutos de sexo (y no de lo más explícito que digamos), no me parece un gran porcentaje, durante la película podrán ver un total de 3 azotes, 6 latigazos, 2 culos masculinos y un par de golpecitos con una fusta. Las escenas, además, están grabadas de forma que me llama mucho la atención porque te la empiezan vendiendo como algo muy sugerente y la música elegida así como los tonos de la película jugando con las sombras hacen presagiar algo, pero finalmente se quedan en muchos planos picados y juegos de cámaras, con escenas muy oscuras. Y no digo que sea malo que esté grabado así, es más hay veces que es mejor no enseñar, que enseñar y quedar mal, pero si prometes durante meses y haces que se especule con lo que se va a mostrar, muchos espectadores salen de la sala de cine como lo han hecho, decepcionados con lo visto.

Muchos me dirán que soy muy dura, si supiesen todo lo que me callo por no ofender a nadie… Pero voy a ser buena y cumplir con algo que siempre me he prometido, buscar algo bueno de cada película. En este caso no es para menos, y voy a destacar dos cosas: por un lado, la presencia de Marcia Gay Harden como la madre de Christian Grey porque aunque sale muy poco, su elegancia en pantalla se hace notar y se agradece, sobre todo en una película que en ocasiones roza lo vulgar. Y en segundo lugar, su BSO con canciones de Beyoncé y su versión R&B del exitazo “Crazy in love”, pasando por una versión de Witchcraft del mismísimo Frank Sinatra son lo mejor de una película cuyo resultado general es pobre.

Me gustaría para acabar hablar de una escena en concreto de la película, que dio mucho de qué hablar durante la presentación de la película en la Berlinale el pasado 12 de febrero, y no es otra que la escena en la que Christian Grey tras una primera noche de “pasión” con Anastasia, aparece tocando una pieza fabulosa del gran Frédéric Chopin, en una habitación a oscuras con una gran ventanal que deja ver las preciosas vistas de Seattle desde el Edificio Penthouse, en el momento en el que aparece Anastasia cubierta por una sábana y se acerca a Christian… lo demás pueden imaginarlo, la presentación que podría ser de lo más romántica y erótica, es en esta película motivo de una gran carcajada general, así fue durante su presentación a la crítica en el famoso y aclamado Festival de Cine de Berlín y lo fue también para mí cuando acudí a la sala de cine.

En conclusión, película cuya expectativa y realidad no concuerdan, con unos protagonistas con una química nula y un guión desafortunado.

Lo mejor: gran parte de su BSO y la gran presencia (aunque pequeña) de la gran Marcia Gay Harden.

Lo peor: sus protagonistas y la película en general. Y que hayan confirmado sus dos secuelas, que supongo seguirán la misma senda que esta primera (aunque espero equivocarme).

Foxcatcher: 2 + 5 = 7…

por Alejandro Aramendía (@alejandro_arame)

Estoy empezando a cogerle cierto paquete a los biopics.

Lo sé. Todo el mundo del Cine lo sabe. Últimamente, no hay un camino más sencillo (dentro de su ardua complejidad…) para que te den un Oscar como actor, que interpretar un personaje dramático basado en una persona real, existente, y generalmente, cercana en el tiempo y el espacio (tanto material como digital, pues hoy en día cualquiera puede teclear en Google “Jordan Belfort” y conocer la historia del verdadero “lobo de Wall Street”…).

¿Me equivoco? Echemos la vista atrás:

Año 2005. Jamie Foxx protagoniza Ray (Taylor Hackford), dando vida al emblemático músico Ray Charles. Se lleva el Oscar.

Año 2006. Philip S. Hoffman, que en paz descanse, se lleva el premio por interpretar a Truman Capote, bajo la dirección de Bennett Miller, a quien en breve haremos una visita.

Año 2009. Sean Penn se lo lleva por retratar al primer congresista gay de los EEUU, Harvey Milk.

Año 2011. Colin Firth gana la estatuilla dorada dando vida al rey Jorge IV.

Año 2013. Daniel Day Lewis hace de Abraham Lincoln, y se lleva el Oscar a Mejor actor.

Año 2014. Matt McCounaghey se disfraza de Ron Woodroof, famoso seropositivo que fundó el ‘Club de compradores de Dallas’ como medio para conseguir una cura alternativa para su enfermedad. Premio.

Tatum, como ‘Mark Schultz’; Carell, como ‘John DuPont’

¿Y ellas? Meryl Streep como Margareth Thatcher; Marion Cotillard como Edith Piaf; Helen Mirren como Isabel II de Inglaterra… Y ni siquiera nos hemos parado a considerar los premios de reparto.

Los biopics generan Oscars para sus intérpretes, y esto es un hecho. Pero, ¿qué sacrifican a cambio? Su genialidad. Nunca un biopic llega a ser una película redonda, de la talla de una obra maestra, y con el calado de un icono de culto. Los biopics generan estrellas en Boulevard y Vine Street, no joyas para el Archivo Nacional del Congreso.

Por eso los biopics nunca llegan a enamorarme. Por eso les estoy empezando a coger cierto paquete.

Y que nadie me malinterprete. Las películas biográficas de primer nivel (excluyo secundarias del estilo Jobs (J.M. Stern, 2013), Amelia (Mira Nair, 2009), …) generalmente son buenas. Pero nunca llegan a ser excelentes. Siempre, de ocho sobre diez. Y por ello estoy empezando a condenarlas al prejuicio.

A la dcha.: Mark Ruffalo, como ‘Dave Schultz’

Esta temporada cinematográfica, cuyos meses fuertes llegan con el frío y los premios, ha venido bastante cargada de este tipo de largometrajes. Hace nada vimos La Teoría del Todo, y mi compañera Andrea Zabalza comentaba algo similar a lo que yo acabo de exponer. Ahora, con Foxcatcher, la sensación está empezando a ser repetitiva.

Hablemos de ella.

El guión de la película que dirige Bennett Miller se asienta sobre la historia real de dos competidores de lucha olímpica, los hermanos Schultz, y su relación con un magnate de la industria química, filántropo en su extenso tiempo libre, llamado John E. DuPont. El punto de partida del largometraje se establece cuando el tercero, amante del deporte que practican los anteriores, decide financiar la carrera del hermano pequeño, Mark Schultz, invitándole a vivir en su extensa finca, y formar parte de su equipo de lucha: el equipo Foxcatcher.

Más allá de los problemas de equilibrio del propio guión, demasiado extenso a la hora de presentarnos a los personajes, e increíblemente escueto a la hora de desarrollar el nudo más llamativo de la trama, el principal obstáculo que encuentro es la lentitud del film. Cierto es que estamos ante una película dramática, pero el director Bennett Miller ha dotado a su obra de un tono gris, lento y pesado, consonante con el que le ha dado su director de fotografía, Graig Fraser. Este efecto se genera en gran parte debido a una constante ausencia de música durante un número considerable de escenas. ¿De verdad era necesario teñir tanto la película…? Sus dos horas y cuarto de duración, además, no ayudan…

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Es precisamente en este punto donde el realizador ha metido la pata, de la misma forma que en aquella Moneyball del año 2011. La película se queda vacía, y acaba siendo demasiado simple. No importa cuán bonitas y estilizadas se rotulen las cifras, si al final lo que van a exponernos es ‘2 + 5 = 7’. La simplicidad ahuyenta el interés, y más aún, si la primera cifra y el símbolo operatorio ocupan dos veces la extensión del resto de la operación.

Eso sí. Hay que reconocer que la escritura es exquisita. El habitualmente cómico Steve Carell nos brinda la que por el momento es la interpretación de su carrera. Su gesto rígido y turbador a la hora de interpretar a John DuPont, junto con algunos detalles en su voz que por desgracia no podemos apreciar en la versión doblada al castellano, le han valido una merecida nominación al Oscar. Es lo mejor sin duda de la película. El premio para él estaría asegurado, de no ser por lo reñida que está la categoría este año.

Por detrás de Carell aparece Mark Ruffalo, que eclipsa, aunque tenga la mitad de escenas, a Channing Tatum, ambos interpretando a los hermanos Dave y Mark Schultz, de forma respectiva. Su soberbia actuación no tendría por qué extrañar a nadie, pero siempre sorprende ver un chorro de calidad en pantalla. Y se agradece. Tatum no está mal, de hecho, pero parece un colegial torpe al lado de un alumno que le aventaja en talento y experiencia.

El resto del reparto es un mero figurante, aunque podríamos destacar positivamente a Guy Boyd, que interpreta a Henry, el abogado de la familia DuPont. Su presencia en pantalla y su naturalidad son abrumadoras.

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En la parte más técnica del largometraje, destaca una buena ambientación, con vestuario, maquillaje y atrezzo bastante bien diseñados para la película (la escena en la que Tatum aparece con los icónicos vaqueros claros de principios de los 90’s, y unas mechas rubias, nos lleva de un salto a aquellos años…), así como una banda sonora que cuando aparece, aunque lo haga en muy pocas ocasiones, hace que la pantalla resuene y se oscurezca aún más (si es lo que el director quería, lo consigue).

No obstante, la película no llega ni de lejos a rozar la excelencia aunque sus intérpretes lo hagan, a interesar al espectador de una forma que atrape, ni a impactar visual o emocionalmente al que la observa. La sensación vuelve a ser la misma. Un par de estrellas más en la acera, y una película más al trastero…

– Lo Mejor: La interpretación de Steve Carell.

– Lo Peor: El Oscar se lo va a llevar Eddie Redmayne.

La Teoría del Todo: breve historia de una vida

Por Andrea Zabalza (@zabal22)

Afiche La Teoría del Todo

 

El tiempo. Ha sido objeto de deseo de muchos, controlarlo, entenderlo o incluso vencerlo es la obsesión de la mayoría de las personas. Su deseo es únicamente comparable a su brevedad.

Desde el inicio de los tiempos, los humanos hemos intentado comprender todo aquello que nos rodeaba y que hasta el momento parecía estar fuera de nuestro alcance, y el tiempo no era menos, muchos son los estudios realizados sobre este tema, pero no fue hasta la aparición de una innovadora teoría de un joven estudiante de Cambridge, Stephen Hawking y su tesis doctrinal acerca del origen del “todo”, que estamos más cerca de comprenderlo, muchos han dicho de él que se trata del hombre que cambió la vida moderna.

La Teoría del Todo es precisamente una historia que también se basa en el tiempo, en concreto el tiempo que el famoso científico Stephen Hawking y la que fue su primera mujer Jane Hawking, lucharon contra la enfermedad degenerativa que dejó al físico postrado en una silla de ruedas. No entraré en valoraciones sobre si aquello que cuenta la película es la realidad o si por el contrario hay en ella más fantasía que en Avatar, pero lo que sí está claro, es que si hay una historia en la que el tiempo juegue en contra de alguien, y sea un verdadero ejemplo para todos nosotros es esta, la lucha de Stephen Hawking por poder compartir con el resto sus llamativas y avanzadas teorías.

La película está dirigida por un correctísimo James Marsh (The King, 2005; Agente Doble, 2012), quien muestra una trama que aunque lenta en ocasiones, goza de un sano sentido del humor y es que en palabras del propio Hawking “La vida sería trágica sino fuera graciosa”, dejando así un sabor agridulce en el espectador. La cinta está perfectamente rodada, mostrando la dificultad y la dureza de la vida de Hawking y de su mujer, dejando además una duda presente en el espectador, ¿quién es el protagonista real de esta película? ¿Lo es Stephen Hawking como nos han vendido?, es decir, ¿se trata realmente de un biopic de su vida? O por el contrario su protagonista real (aunque quizá menos apetecible para las productoras y para aquellos que acudimos al cine) es su primera mujer, Jane Hawking. Debemos por supuesto recordar que está película se basa en la novela “Hacia el infinito” escrita por Jane Hawking. Durante la película vemos como a medida que el famoso físico va decayendo a causa de su enfermedad, la figura de su mujer se va haciendo cada vez más presente, haciéndose más fuerte contra más nos adentramos en la enfermedad de su marido, conociendo así la vida de la mujer que estaba detrás del genio.

Stephen Hawking (Eddie Redmayne) y Jane Hawking (Felicity Jones)

Un punto fuerte de esta película es su reparto, encabezado por un magnífico Eddie Redmayne (Mi Semana con Marilyn, 2011; Los Miserables, 2012) en el papel de Stephen Hawking, y una maravillosa Felicity Jones (The Invisible Woman, 2013; The Amazing Spider-man 2, 2014) quien da vida a Jane Hawking. Si hay algo destacable en esta película es cómo gracias a la interpretación que ambos realizan, gracias a como encajan a la perfección en sus respectivos papeles y cómo la química entre ellos es totalmente palpable, podemos decir que no nos encontramos ante una simple historia más sobre un personaje conocido como ya pasó con “Diana” (Oliver Hirschbiegel, 2013) o “Grace of Monaco” (Olivier Dahan, 2014) incluso “The Iron Lady” (Phyllida Lloyd, 2011) que de no ser por la presencia de la tres veces oscarizada Meryl Streep, se hubiese quedado (al igual que el resto de películas nombradas) en un telefilm más. Y en este caso ocurre lo mismo, de no ser por sus interpretaciones y por la maravillosa BSO de la que hablaremos a continuación podríamos encontrarnos ante un nuevo fracaso a la hora de adaptar en la gran pantalla la vida de un conocidísimo personaje público.

Respecto al argumento de la película, lo vengo comentando,  trata de mostrarnos la vida del matrimonio formado por Stephen y Jane Hawking, mostrar como al tiempo que Stephen Hawking se convertía en el físico más importante del siglo XX gracias a sus teorías revolucionarias, una enfermedad degenerativa atacaba su cuerpo haciendo que el gran genio quedara postrado en una silla de ruedas y que su comunicación sea gracias a una avanzada máquina. No deja de ser un biopic sobre su vida, pero contada desde el punto de vista de la que era su mujer, con lo que vemos como detrás de todos sus logros, su enfermedad, sus grandes momentos o los más pequeños, detrás del genio, había alguien apoyándole (o eso nos cuenta la película), su mujer. Aunque lo cuenta poniendo el foco en demasía en la enfermedad de Hawking, llegando a tratarla casi de una forma que roza lo morboso, aunque sin llegar a la maldita lágrima fácil de la que tanto se valen últimamente en este tipo de producciones.

Felicity Jones en una imagen de la película

Si bien sus actuaciones son mucho más que destacables, su BSO no es menos, una pieza fundamental perfectamente medida para esta película, reciente ganadora de un Globo de Oro, y nominada para los próximos Oscar que se celebran en apenas unas semanas, Johann Johansson, quien quizá sea el menos conocido de los nominados, nos maravilla con una serie de piezas que acompañan al espectador en este viaje que resulta ser “La Teoría del Todo”. Es maravilloso cuando una persona es capaz de captar de forma perfecta la esencia de una historia y hacer que el resto quedemos inmersos en cada uno de sus compases. Chapó.

“La teoría del todo” es una buena película a grandes rasgos, no podemos decir que no, pero creo que hay un punto en el que ha fallado, y eso no se puede permitir en las películas nominadas a un Globo de Oro o a un Oscar. Y para mí su mayor fallo es que durante toda la película no pude dejar de compararla con otra que vimos hace unos años, “Una Mente Maravillosa” (Ron Howard, 2001), con Russell Crowe y Jennifer Connelly (quien ganó un Oscar por este papel) que daban vida al matemático John Forbes Nash y su mujer, Alicia Lardé. Y es que ambas películas comparten gran cantidad de similitudes y pocas diferencias. Ambas nos muestran la vida y la enfermedad de dos grandes genios, uno físico, otro matemático, si bien la película protagonizada por Crowe nos muestra de forma mucho más profunda el trabajo que realizada su personaje, en La Teoría del Todo, las teorías y estudios realizados por Hawking quedan renegados a un segundo plano, dando mayor importancia a su degeneración física y a su vida personal.

Si algo comparten, es que a pesar de no ser historias innovadoras, resultan agradables de ver, y nos dan unas interpretaciones magníficas, pero si bien la película de Ron Howard merecía el reconocimiento que cosechó (a pesar de contar con detractores), la película realizada por James Marsh no termina de conseguir ese punto de calidad que la convirtieran por decirlo de alguna manera en un clásico, separándola de otras de su género.

Eddie Redmayne en la imagen de la película

A pesar de esto,  quien vaya a verla disfrutará de una bonita aunque agridulce historia. Pero en la actualidad, cuando cada semana tenemos 4 o 5 estrenos por semana, el sobresaliente queda reservado para aquellas películas que nos sorprenden y nos enamoran, aquellas que mientras estás viéndolas no puedes pensar en nada más. Y quizá el problema que tenemos es que no hay apenas películas que produzcan estas sensaciones en los espectadores, y cuando las hay, no las premiamos, véase lo ocurrido con Moonrise Kingdom (Wes Anderson, 2012) o la más reciente Her (Spike Jonze, 2014), películas que no han sido todo lo reconocidas que debieran pero cuya calidad es tal que perdurarán en el tiempo. El Tiempo, que será el que convierta a “La Teoría del Todo” en un clásico moderno o por el contrario hará que el espectador la olvide, ojalá sea la primera, aunque lo dicho, únicamente el tiempo lo dirá.

Lo mejor: sus excelentísimas actuaciones principales, tanto Eddie Redmayne como Felicity Jones. Así como su preciosa BSO, que bien podría valer un Oscar.

Lo peor: su gran parecido con otras películas de su género que no le dejan ser todo lo brillante que podría haber sido, pudiendo acabar en el olvido del espectador.

Whiplash: Buscando la excelencia

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por Carlos Montes (@micarmontes)

Después de salir de la sala de cine, intercambiamos opiniones el productor musical Jorge Montes y un servidor sobre la película de Damien Chazelle. Llevando la conversación al terreno que mejor conoce, como es el de la música, me dijo una frase que me llamó la atención: “La diferencia entre un buen trabajo musical y uno con talento, está entre oír, y escuchar”. ¡Tiene razón! En el Cine pasa exactamente lo mismo a la hora de ver una película. Somos capaces de apreciar y de diferenciar una muy buena cinta de una obra maestra. Sobre todo esto trata esta Whiplash de D. Chazelle. La búsqueda de talento, de llegar a la cima al precio que sea, pasar por situaciones vejatorias por conseguir un sueño casi inalcanzable, etc. Una cinta concisa, directa y tan tajante que no se permite ninguna licencia de cara a la galería, algo que por momentos puede llegar a agobiar al espectador debido a su cuadriculado argumento en el que apenas se encuentra un momento de respiro. Pero lo seductor en este largometraje es dejarte llevar por esta búsqueda de los personajes de conseguir lo que desean al precio que sea y pasar por el peaje de un thriller duro, muy bueno y rotundo. ¡Déjate llevar por la apuesta de Damien Chazelle y por sus personajes en busca de la excelencia!

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Andrew Neiman (Miles Teller) es un joven que sueña con poder convertirse en uno de los grandes talentos de la historia de la música. Da clases de batería en el conservatorio Shafer. Uno de sus prestigiosos profesores es Terence Fletcher (J.K. Simmons), conocido por sus rigurosos métodos de enseñanza. Cuando el profesor y el alumno se juntan para dar clase mantienen una tensa relación.

Extraído de un cortometraje con el mismo título, que el director había presentado en varios festivales como Sundance y Aspen, el segundo largometraje como director de Chazelle está obteniendo un rotundo éxito de crítica y público, hasta el punto de haber cosechado 5 nominaciones al Oscar (Película, Guión Adaptado, Actor de Reparto para J.K. Simmons, Montaje y Mezclas de Sonido). No está nada mal para ser la segunda vez que el realizador se pone detrás de las cámaras. Aquí lo más destacable de su trabajo es cómo posiciona la cámara especialmente respecto al personaje de Andrew, para que nos dejemos arrastrar por sus sentimientos.

También hay que reseñar que el bien estructurado guión es uno de los apartados que más fuerza y empaque dan al argumento, consiguiendo a su vez que la trama nos resulte dura, áspera y redonda en su conjunto final. El guión también está escrito por D. Chazelle, algo que no le era ajeno ya que había escrito algunos guiones cinematográficos. Es el autor del guión de Grand Piano, film protagonizado por Elijah Wood.

Y es que “una de las peores cosas que le puedes decir a un artista son estas dos palabras: ¡Buen trabajo!”. Aunque no son las palabras exactas de J.K. Simmons, en uno de los grandes momentos del largometraje, y reflejan muy bien la historia y el hilo argumental que nos cuenta la película.

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Muy relevante el sonido a lo largo de todo el metraje gracias a su acústica impoluta, y con el que se disfruta de unas escenas que toman fuerza y relevancia debido a su elegante sonoridad.

¿Quieres conseguir algo en esta vida para que te recuerden? ¿Qué estás dispuesto a hacer para conseguirlo? ¿Dónde está el limite del bien y el mal cuando quieres extraer lo máximo de una persona? Todas estas preguntas surgen en numerosos ámbitos de la sociedad: Deporte, política, trabajo… en Whiplash se centra en la música, y en cómo un profesor mediante unas formas poco convencionales desea sacar lo mejor de uno de sus pupilos, y como éste quiere ocupar uno de los suculentos puestos de trabajo tocando la batería en una alta escuela de Nueva York. Algo muy parecido ya nos había mostrado Darren Aronofsky en la magnífica Cisne Negro.

Ni que decir tiene que una de las cosas que predominan en el film es la música Jazz que suena a lo largo de la cinta y que se disfruta con la misma intensidad que los planos en los que aparecen sus protagonistas. De los que voy a hablar ahora…

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Antes de ver la película leí de pasada que no se entendía muy bien que todos los elogios fueran solo a favor de J.K. Simmons y apenas se dijera nada de Miles Teller. Después de ver la cinta os puedo asegurar que quien escribía el artículo tenía razón. Teller hace una actuación excelente, sincera, y totalmente llena de realismo. No se sabe qué pasa por la cabeza de Andrew pero se intuye. Sin duda es una gran interpretación como ya había mostrado en uno de sus anteriores trabajos The Spectacular Now (Aquí y Ahora, en España). Desde luego que está a la altura de ese grandísimo actor que es J.K. Simmons, como se suele decir: “Uno de los secundarios de lujo”, que con su reciente nominación al Oscar se perfila como uno de los grandes favoritos para ganar el premio. Es evidente que está magnífico y portentoso haciendo de maestro en un conservatorio que lleva a sus alumnos de manera firme, rigurosa y con estilo militar para obtener lo que quiere.

Melissa Benoist (Nicole) es la única del reparto a la que se le puede hacer mención ya que el resto del metraje se centra en los dos actores ya mencionados. En las pocas apariciones que tiene en la gran pantalla hace gala de seguridad, timidez y destreza de forma bien llevada.

Este trabajo mostrado le va a llevar a cotas más altas al realizador, y como bien muestran los personajes dentro de la trama, tendrá que luchar por conseguir su obra maestra. De momento Whiplash se queda en una muy buena película.

¡Por cierto! Mientras escribo estas líneas, me he enterado de que era el cumpleaños de Damien Chazelle. ¡Felicidades, aquí tienes mi regalo…!

– Lo Mejor: El excelente final que tiene la trama del film. Las actuaciones de J.K. Simmons y Miles Teller.

– Lo Peor: La interminable escena en primer plano de Andrew tocando la batería en la parte final de la cinta.

Corazones de acero: Pintando con sangre…

por Alejandro Aramendía (@alejandro_arame)

Nunca he sentido especial atracción por el arte pictórico. Siempre he creído que no tengo el gusto (o la inteligencia) necesarios para analizar un cuadro o una pintura, por el que acaban pagándose verdaderas fortunas, sobretodo, y esto creo que nos pasa a la mayoría, si pertenece a lo que actualmente se denomina “Arte Moderno”. Esto tal vez sea porque, prácticamente, nunca un cuadro ha llegado a hacerme experimentar algún tipo de emoción o sentimiento. Me pasó con Dalí. Una vez. La metamorfosis de Narciso. Que nadie me pregunte por qué.

Sin embargo, me encantan las obras de arte cinematográfico que parecen verdaderos cuadros. Son cintas que, valiéndose de la historia que relatan, nos describen de forma impactante una situación, una escena. El argumento pasa a un nivel secundario. El contexto es lo que prima.

El ‘Fury’, junto a sus 5 tripulantes: Biblia, Norman, Chacal, Gordo, y Grady

Esto precisamente es Corazones de acero (la nueva travesura del delegado de títulos de Columbia Pictures España, que juzgó poco adecuado el título original ‘Fury’…).

Corazones de acero nos presenta un cuadro bruto, crudo, y áspero de lo que fue la 2ª Guerra Mundial, y lo que es, por extensión, un escenario de guerra. El argumento es la historia del sargento Don Collier, apodado ‘Chacal’ por el equipo bajo su mando, junto al que gobierna un tanque de guerra americano (el Fury) sumergido en los últimos compases de la guerra contra los nazis, en la Alemania del segundo trimestre de 1945. Las últimas batallas han dejado una vacante dentro de su unidad, que será ocupada por Norman Ellison, un joven soldado poco acostumbrado al barro de la batalla.

De izda. a drcha.: Biblia (LaBeouf), Gordo (Peña), Norman (Lerman), y Grady (Bernthal)

El guión es una genialidad. Con poco diálogo, da sin duda preferencia a la descripción, con escenas que nos muestran escenarios horrorosos, con una crudeza salvaje, un realismo nauseabundo, y una brutalidad a la que pocos estamos acostumbrados en nuestro cómodo sofá occidental. Boyd Swan, al que apodan Biblia por su obsesión religiosa, le advierte con estas palabras a su recién añadido compañero Norman: “Espera a ver de lo que es capaz el Hombre”. Esta frase podría ser el título del cuadro que nos pinta el director y guionista, David Ayer. Pero no todo de lo que es capaz el Hombre es negativo, o moralmente bajo. También hay lugar para los valores encumbrados. También hay luz entre la oscuridad que arroja el humo de la pólvora quemada. Además, la ausencia de maniqueísmo en la película es uno de los puntos más fuertes del guión. Aquí no hay buenos ni malos. Solo personas en guerra.

Plasmar todo eso en la pantalla con la fuerza con la que lo ha hecho el propio Ayer no es nada fácil, máxime si podemos contar las escenas de acción con los dedos de una mano. Se nota, y mucho, que el director pertenece a esa raza de cineastas que, como Tarantino, crecen a base de vender guiones (David Ayer es responsable del guión de, entre otras, la oscarizada Training Day (Antoine Fuqua, 2001)), y que se convierten en el “Juan Palomo” del mundo del Cine: yo me imagino la película, y yo la hago realidad.

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Curiosamente, también como Tarantino, el director ha tenido la diestra habilidad de exprimir a sus actores. Si el guión es el boceto del cuadro, la imperceptible línea que sirve de estructura, la pintura son sin duda las actuaciones de su reparto, que Ayer consigue elevar a una cota altísima.

Brad Pitt es el encargado de dar vida a Chacal. El actor, maltratado a lo largo de la historia, aquejado de esta maldición de la que os he hablado muchas veces que tienen los actores guapos que se convierten en ídolos de carpeta, está, una vez más, soberbio. Transmite con precisión y calidad la complicada personalidad del protagonista, en un papel comedido y pausado. Me da pena ver cómo uno de los mejores actores del mundo va camino de retirarse sin un Oscar (como actor, pues ya tiene uno como productor).

No obstante, Brad Pitt está justo por debajo de la que yo creo que es la mejor actuación de la película, que es la que da vida al personaje Grady Travis. El actor Jon Bernthal, al que consideré sin dudarlo lo mejor de aquella pasable El Mensajero (Ric Roman Waugh, 2013), y que también ha estado a la altura de grandes producciones como El escritor (Roman Polanski, 2010) o El lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2013), empieza ya a ser un secundario a tener en cuenta. Se ha hecho su hueco en la industria a base de grandes pequeñas actuaciones. No me extrañaría que algún día este chico ganase un Oscar. Tiene talento y trabaja bien.

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A la sombra de estas dos figuras, se encuentran los actores Shia LaBeouf, que da vida a Biblia, y Logan Lerman, que se mete en la piel del joven Norman. El primero está bien, pero no tan bien como en el videoclip que recientemente ha grabado para una no tan nueva canción de la cantante Sia, titulada ‘Elastic Heart’, que pudimos escuchar como pieza de la banda sonora de Los Juegos del Hambre: En llamas (Francis Lawrence, 2013). Lo de la música está muy bien, pero si yo fuese él, echaría el resto en la industria que me da de comer.

El segundo, sin embargo, me ha sorprendido gratamente. Alejado de papeles insípidos como los que interpreta como protagonista de la saga Percy Jackson o en Los tres mosqueteros (Paul W. S. Anderson, 2011), y más cerca de buenos trabajos como el que nos brindó en Las ventajas de ser un marginado (Stephen Chbosky, 2012), se mete de lleno en su papel, y nos lo muestra de una forma muy convincente.

El quinto integrante de la unidad, Gordo, interpretado por Michael Peña, pasa totalmente desapercibido, algo que no dice mucho del actor, al que el guión tampoco le ofrece demasiadas posibilidades.

Con un guión que facilita las cosas para que el reparto dé sus frutos, el trabajo de montaje, fotografía y el departamento sonoro hacen el resto. Principalmente, éste último, que a escasas horas de conocer las nominaciones a los premios de la Academia de Artes Cinematográficas Americana, se perfila como el único capaz, para mí, de competir este año con Interstellar (Christopher Nolan, 2014) para llevarse la famosa estatuilla dorada en las categorías de Mejor sonido y Mejor mezcla de sonido.

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La banda sonora de Steven Price es también uno de los buenos puntos que dan los últimos retoques con pincel fino a esta obra de arte que David Ayer ha conseguido producir de la nada, y que se sitúa dentro de mi Top 10 de las mejores películas bélicas de los últimos 50 años, codeándose con verdaderas joyas del género como Salvar al soldado Ryan, La delgada línea roja, o Platoon.

El director ya se encuentra produciendo su próximo trabajo. Se titulará Suicide Squad, y contará con figuras de primer nivel como Will Smith, Jared Leto o Tom Hardy.

Esperen a ver de lo que es capaz un buen cineasta…

– Lo Mejor: El trabajo de David Ayer, tanto en guión como en dirección, y el producto general que se obtiene como resultado.

– Lo Peor: Pertenece a un género que cotiza a la baja. Eso le cerrará muchas puertas.

Birdman: Volando entre bambalinas

Pincha aquí para ver los horarios de esta película

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por Carlos Montes (@micarmontes)

Una cosa está muy clara después de ver Birdman: su director Alejandro González Iñárritu se ha alejado completamente del Cine al que nos tenía acostumbrados en sus últimos trabajos, 21 Gramos, Babel y Biutiful. Lo nuevo de Iñárritu nada tiene que ver con lo antes visto del realizador, hasta el punto de abandonar aquellos delirantes dramas para pasar a una atípica comedia trepidante. Una cinta llena de humor cínico, realista, conciso y sobre todo acertado. Porque, si bien es verdad que dentro del argumento nos encontramos una amalgama de personajes desubicados, llenos de engreimiento y artificio, y que no se molestan en disimular su vulgaridad e inseguridades, la película por encima de todo lo que resalta muy bien son los momentos de banalidad, egocentrismo y patetismo que tiene cada personaje. Y lo hace mediante un enorme sentido del humor como ya he descrito unas lineas más arriba.

IMG_4115Tras haberse convertido en uno de los superhéroes más aclamados por el público después de trabajar en la trilogía Birdman, Riggan (Michael Keaton) trabaja en un teatro de Broadway años después de haber abandonado el personaje. Pero su “voz de subconsciente” le incita para que retome su viejo papel.

La labor del realizador en la primera hora y cuarto de largometraje es encomiable: nos lleva por todo el set teatral cámara en mano en un tour de force (una maniobra de habilidad, fuerza, ingenio o técnica en una situación difícil) entre bambalinas para no perderse ni un solo detalle de cómo se mueven los actores, para apreciar mejor la fotografía, descubrir todo el trabajo de dirección artística en las escenas, etc. Respecto al resto del metraje pasada esa hora y cuarto, la cinta de iñárritu da un pequeño bajón debido a que el propio director pierde un poco el control respecto al personaje que es la voz de la conciencia de Michael Keaton. ¡Dicho personaje le da casi lo mejor y lo peor al buen trabajo del realizador mexicano!

Grandísima labor la que ofrece el director de fotografía una vez más Emmanuel Lubezki, ganador el año pasado del Oscar fotográfico por Gravity. Presumiblemente estará también este año entre los cinco candidatos al premio por Birdman.

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A la dcha.: Michael Keaton como ‘Riggan Thomson’, papel por el que recientemente ha obtenido un Globo de Oro

La B.S.O. es muy destacable a lo largo de este film, especialmente en su parte central y muy llamativa en los créditos de principio y final. Antonio Sánchez ha compuesto una música donde uno de sus puntos fuertes es la batería, algo bastante inusual en las bandas sonoras en el Cine. ¡Una apuesta cuando menos arriesgada, buena y remarcable!

La forma y manera de mezclar los entresijos de los personajes con la “gente de a pié”, la acidez y negrura que destila el personaje Birdman, los “cuchillos” que se lanzan mutuamente y sin miramientos los protagonistas, unas situaciones donde el egocentrismo y la desesperación van de la mano en cada momento… Todo dentro de un microcosmos bajo el techo de un teatro.

Abarcando ya la parte de los actores empezamos por Michael Keaton (Riggan Thomson), que hace una de sus mejores actuaciones en el Cine. Dándonos unas idas y venidas mentales merced a su “alter ego” que son dignas de estar entre los nominados al Oscar de mejor actor. Lo sabremos el próximo jueves día 15 de enero.

Vemos haciendo de hija de Keaton a Emma Stone (Sam), llevando una vida tan infeliz como entregada a las nuevas tendencias en las redes sociales. Hace poco comenté en mi crítica de Magia a la Luz de la Luna que a la actriz le hace falta un papel de protagonista absoluta para sacar a relucir lo gran interprete que es. Éste trabajo en Birdman la sube un peldaño más arriba…

Edward Norton se mete en la piel de Mike, y sus cara a cara con Keaton y Stone son una de las muchas cosas disfrutables que tiene el largometraje. Vemos unas interpretaciones en todo su esplendor en una cinta que es muy propicia para ello.

En cuanto a los secundarios, tanto Naomi Watts (Lesley), como Andrea Riseborough (Laura), a la que pudimos ver en Welcome To The Punch y Oblivion (para los que su nombre no os suene tanto), nos dejan unas buenas e interesantes actuaciones, destacando una escena en la que se refleja perfectamente lo que supone moverse en el mundo del espectáculo.

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Del último actor de reparto del que voy a escribir es Zach Galifianakis (Jake) que aparece en torno a unas cinco o seis veces a lo largo del metraje para dejarnos un buen sabor de boca. ¡Está magnífico! Alterna humor y seriedad en su personaje como no habíamos visto hasta ahora. Digamos, en su lado más serio o dramático.

Sin ser redonda y aún cayéndose algo en su tramo final… te hace reír y mucho, tiene una excelente primera parte, gran fotografía y actuaciones de gran nivel… ¿Que más quieres para ver una muy buena película?

– Lo Mejor: Las interpretaciones de Keaton, Norton y Galifianakis. Su fotografía. El acertadísimo humor.

– Lo Peor: Que Iñárritu se exceda en el uso de la cámara en mano.