Felices 140: ¡Todo por la “pasta”!

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por Carlos Montes (@micarmontes)

¿Cuántas veces nos ha hecho nuestro subconsciente la pregunta del millón?: ¿Por cuánto dinero sería yo capaz de venderme? ¿y de traicionar mis principios? ¿el dinero todo lo puede, si tengo una situación difícil? … ¿y si solo lo quiero por puro interés para cambiar mi estatus social? En esta ocasión no es la pregunta del millón, es la pregunta de los 140 millones que nos presenta la directora Gracia Querejeta en su nueva película. Ésta es la cifra que ha ganado la protagonista del film y la que hace que toda la historia gire en torno a ella.

Elia (Maribel Verdú) invita a sus amigos y familiares para que celebren su 40 cumpleaños junto a ella. Después de enseñarles su flamante nueva casa y de preparar una fiesta por todo lo alto, Elia les da a todos la noticia de que le han tocado 140 millones de euros en un Euromillón.

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En la séptima cinta de la realizadora nos volvemos a encontrar con uno de los temas más recurrentes que maneja la directora cuando construye sus películas, como los problemas personales del ser humano. Nos lo mostró en Siete Mesas de Billar Francés, 15 Años y un Día, y en ésta que nos ocupa nos muestra un nuevo eslabón de cómo cada persona se enfrenta a sus propias miserias. Buen trabajo de Querejeta en el guión, acompañada de Antonio Santos Mercero (hijo del gran Antonio Mercero) que también había escrito junto a la directora su anterior cinta 15 Años y un Día. Respecto al trabajo de la directora lo único que se antoja un tanto frío es el final que nos deja su largometraje. El film desgrana claramente en qué se puede convertir cualquier persona tanto para lo bueno como para lo malo, haciendo hincapié en lo segundo cuando se trata de dinero, y como éste es capaz de desestructurar a cada persona del modo que sea. En la película nos encontramos diferentes situaciones y relaciones, bien sean de pareja, amistad, familiares… y vemos como se refleja en cada una de ellas ese poso del ¡Todo por la “pasta”! que les hace cambiar, o no, según el interés por el que la dignidad se deja manejar y puede alterar no solo la percepción de sus vidas sino la de los demás.

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El muy buen tono general de las interpretaciones elevan bastante el film de la directora, en especial el rol protagonico que adquiere durante la trama Maribel Verdú (Elia), que se intuye como la musa de Querejeta ya que le ha dado las riendas de sus últimas tres películas. La actriz resuelve con aplomo, versatilidad, destreza y verosimilitud los registros que le ofrece su personaje, algo a lo que ya nos tiene acostumbrados a lo largo de su extensa carrera. Además, aquí, el peso de la mayoría de la historia recae en Verdú y lo lleva muy bien. Eduard Fernández (Ramón) sale con una muy buena actuación una vez más (¡Y van…!), de un hombre que sabe darle el tono exacto en cada momento a su trabajo, tanto a nivel gestual como a la hora de hablar. Eduard es un gran actor y en este film vuelve a demostrarlo.

El personaje de Marian Álvarez (Cati) da bastante juego a lo largo de todo el metraje. Sin duda alguna la protagonista de La Herida (anterior película de la actriz) demuestra que sigue al alza y que es un valor seguro a la hora de apostar por ella como bien nos deja ver en esta cinta. ¡Está atinadísima en cada aparición! Buena también la interpretación de Nora Navas (Martina). Aquí la vemos como esposa de E. Fernández y realizando un trabajo con mucha naturalidad y sencillez, algo que domina con mucha soltura.

Para no desentonar del resto del reparto, aparecen dos actores que siempre ofrecen bastante fiabilidad: Antonio de la Torre (Juan), que se sigue llevando a su terreno cada papel que cae en sus manos; y por otro lado, ese actor al que siempre anteponemos su cara, con el típico ¡Ah sí, este!, a su nombre, Ginés García Millán (Mario), al que vemos con una seguridad en sí mismo que hace que su actuación fluya de manera natural durante todas las escenas en las que aparece. Alex O´Dogherty (Polo), Paula Cancio (Claudia) y Marcos Ruiz (Bruno) realizan una más que correcta interpretación de sus respectivos personajes.

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Llegados a este punto, tan solo resta decir que Felices 140, sin ser nada novedosa en cuanto a lo que nos cuenta en su trama, sí es una oportuna, convincente y eficaz propuesta sobre la avaricia, mezquindad y codicia del ser humano, aderezada con una sutil ironía que se hace notar a lo largo de su argumento, que nos “obliga” a dejarnos una pregunta final: ¿Somos nosotros los que tenemos el dinero o es el dinero el que nos maneja a nosotros?

– Lo Mejor: El muy buen tono en general a nivel interpretativo. Su buen guión.

– Lo Peor: Un final algo desangelado. Su vetusto montaje.

Negociador: El negocio es… Barea

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por Carlos Montes (@micarmontes)

No digo nada nuevo si menciono que un hombre como Borja Cobeaga ha caído de pie en el mundo cinematográfico. Le ha ido bien tanto a nivel de guionista como de director, si bien es verdad que esta última faceta como realizador de largometrajes la ha vuelto a desempeñar no hace mucho, ya que su anterior película, No Controles, la filmó hace cuatro años. ¡Pero fijáos!:

La Primera Vezcorto nominado al Goya (Cobeaga, director y guionista). Éramos Pocos, corto nominado al Goya y al Oscar (Cobeaga, director y guionista). Pagafantasnominado el director B. Cobeaga al Goya a la Mejor Dirección Novel, además de cosechar una buena acogida de crítica y público la cinta. Vaya Semanita y Gran Hermano, dos programas de televisión que a día de hoy siguen cosechando mucho éxito: en el primero estuvo como director y guionista, y en el segundo como realizador. Democráciacorto ganador del Festival de Nantes (Cobeaga; director). 7:35 de la Mañana, corto nominado al Oscar (Cobeaga, actor). Ocho Apellidos Vascos, la película más taquillera de la historia del Cine español (Cobeaga, guionista).

Ramón Barea, como ‘Manu’

Se puede decir que Borja Cobeaga ha caído de pie en el Cine, ¿no?

Manu Aranguren (Ramón Barea) es enviado como interlocutor del gobierno español para negociar con un miembro de ETA una salida al conflicto armado. Una vez establecido en Suiza, Manu, empieza a ver cómo los malentendidos y las situaciones extrañas no son lo que el esperaba en una situación tan delicada.

Claramente el realizador ha llevado el argumento de su película por un tono de tragicomedia, dándole un toque personal y particular a un tema tan escabroso como fue el de las negociaciones para poner fin a la banda terrorista ETA. Sin duda ese pulso de guionista se nota en como ha construido la parte cómica en esta cinta, y es que, nada tiene que ver con el humor ligero, ameno y agradable que vimos en un guión como Ocho Apellidos Vascos o en sus anteriores largometrajes. Aquí, el humor es tan seco como áspero y cortante, y lleva muy poco de convencional. El tono de comedia ha tenido que ser buscado porque no era fácil ni natural encontrarlo debido a la temática que se tocaba, pero Cobeaga lo acabó encontrando gracias al proceso de documentación para realizar la película.

Varias son ya las cintas que han reflejado el conflicto vasco a lo largo de la filmografía española, pero la inmensa mayoría de ellas, por no decir todas, siempre volcadas en el dramatismo al hablar de un tema que había que cogerlo con alfileres. En Negociador uno tiene la sensación al salir de la sala de Cine, de que en la balanza final, la comedia está por encima del drama, pero vuelvo a insistir en que es un humor rudo, arisco y rígido.

Otra de las cosas que compensa el visionado de la película es la muy buena actuación de Ramón Barea (Manu Aranguren), un actor al que siempre hemos visto en papeles como secundario y dejándonos buenas interpretaciones. En esta ocasión pasa a ser el absoluto protagonista a lo largo de todo el metraje y creo que ha sido el mejor negocio para el film, ya que se hecha la película a sus espaldas de una manera más que digna. También es un acierto del director ya que otros compañeros de profesión al ver la cinta se darán cuenta de que Barea es muy capaz de sacar adelante un papel protagónico.

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Josean Bengoetxea se mete en la piel de Jokin, el contrapunto de Manu a la hora de las negociaciones. Durante todo el largometraje lo vemos igual de sobrepasado por las rocambolescas situaciones que vive. ¡Buen trabajo el suyo!

Melina Matthews (Sophie) es la traductora del mediador del conflicto. Bien en su papel, como ya hiciera en Mamá (2013) a las ordenes de Andrés Muschietti. Pronto la veremos junto a Sean Penn y Javier Bardem en The Gunman de Pierre Morel.

Evidentemente en Negociador cada uno puede extraer su conclusión de hacia qué lado tiende a ir la cinta al tocar un tema que durante años fue de rabiosa actualidad, y precisamente B. Cobeaga deja a la imaginación de cada uno esto, y de manera abierta claramente. Tan claro, como el “buenismo” inocentón que muestran sus personajes principales Manu y Jokin.

Negociador es esa película donde veremos si la mano de Cobeaga vuelve a funcionar, que demuestra que Ramón Barea puede ser tan protagonista principal como de reparto, en la que vuelvo a ver a Óscar Ladoire ¡Y eso me alegra!

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Se le hace una mención especial a Marví Bilbao al final de los créditos ¡Eso me alegra aún más!, y me permitió conocer a un tipo sencillo, amable y con facilidad de palabra, Borja Cobeaga. ¡Ahora sé por qué triunfan sus guiones…!

– Lo Mejor: La interpretación de Ramón Barea. La aparición de Secun de la Rosa y María Cruickshank.

– Lo Peor: Que Carlos Areces no hace creíble a su personaje.

Samba: El “baile” de Sy y Gainsbourg

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por Carlos Montes (@micarmontes)

Llega la esperada nueva película de Erik Toledano y Olivier Nakache, más aún, después del tremendo exitazo que supuso su anterior film Intocable, que a un servidor le pareció algo mejor que este del que voy a escribir ahora.

En el quinto largometraje de la pareja de realizadores franceses se puede decir que han decidido continuar por la senda que tan buen resultado les dio el protagonizado por Omar Sy y François Cluzet, con un cine comprometido que se sostiene con una correcta línea argumental, un solvente trabajo actoral, una variada banda sonora, y buenas dosis de un humor que en esta Samba no está tan marcado como en Intocable, y que se dirige más al lado del compromiso al tocar el tema de la inmigración. En cualquier caso, las dos cintas funcionan bien dentro de sus diferencias argumentales, si bien la anterior a esta era mejor.

Omar Sy, Charlotte Gainsbourg y Izïa Higelin

Toledano y Nakache hacen un compromentido, sencillo y buen trabajo para continuar el buen hacer de un cine como el francés, que demuestra año tras año ser uno de los más potentes de Europa.

Joven y Bonita (2014), Guillaume y los chicos ¡a la mesa! (2013), La Venus de las pieles (2013), La vida de Adèle (2013), De óxido y hueso (2012), En la casa (2012), Un dios salvaje (2011), The Artist (2011)… Como habéis podido comprobar, todas y cada una de ellas en un margen de cuatro años. Os aseguro que todas ellas (quien las ha visto, lo sabe) son muy buenas. Esto es un claro ejemplo de la buena salud de la que goza el cine en Francia. Sin duda alguna, las películas Intocable y Samba contribuyen para que la filmografía del país vecino siga por el buen camino.

Samba (Omar Sy) es un inmigrante en situación irregular que se gana la vida como puede en París. Alice (Charlotte Gainsbourg) es una ejecutiva que está de baja debido a una leve enfermedad que le produce agotamiento. Cuando Samba y Alice se encuentran por primera vez, comienzan una entrañable relación de amistad…

El film tiene mucho peso a través de su banda sonora, donde podemos escuchar a intérpretes y canciones como Bob Marley y The Wailers con ‘Waiting in vain’; Gilberto Gil con ‘Palco’; Syreeta y su ‘To know you is to love you’; o The Brothers Johnson con su tema ‘Stomp!’. La música es como un personaje más cuando Nakache y Toledano se ponen tras las cámaras.

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La película transcurre con una línea argumental correcta, y sin salirse un ápice de lo establecido. Quizá por ahí se le puede achacar algún pero a los realizadores franceses, a los que no les gusta demasiado buscar vías de sorpresa que puedan desajustar o desdibujar la tonalidad y la propuesta del guión. ¡Arriesgan lo justo y necesario!

Otra de las cosas que encajan bien en la película son los momentos de alternancia entre dramatismo y comedia. En su anterior film, esto se remarcaba más al haber bastantes más dosis de humor. En Samba, el tono de comedia viene en cuentagotas, pero está insertado de manera muy correcta.

Me sorprende mucho que se diga que esta cinta es la segunda parte de Intocable, cuando aquella era una comedia con algunos momentos de drama, y en esta el humor apenas aparece, y se habla de un tema como la inmigración sin darle un marcado dramatismo, y además contando una historia romántica de por medio. Esto último era algo inexistente en la anterior de Toledano y Nakache.

Que la cinta haya funcionado bien tiene su base fundamental en los buenos trabajos que han hecho los protagonistas, empezando por Omar Sy en el papel de Samba, que demuestra que no le viene grande un rol en el que ha tenido que sacar su lado más serio, y que se puede desenvolver bien cuando le lleguen papeles con mayor carga dramática. Sigue llenando la pantalla y demostrando seguridad en sí mismo, a la vez que transmitiendo buenas sensaciones. ¡Eso el espectador lo capta!

Cómo no, una vez más la grandísima Charlotte Gainsbourg (Alice) nos deja una muy buena actuación. Naturalidad, sencillez, saber estar, credibilidad… Todas esas cosas tan fáciles de decir y tan difíciles de hacer en el cine. Pero ella está tan acostumbrada a hacerlo en tantos personajes diferentes que lo domina como quiere. ¡Y lo mejor es que sigue dándolo todo!

A la izda.: Tahar Rahim, como ‘Wilson’

 

Tahar Rahim (Wilson) nos deja unos divertidos momentos durante el metraje y demuestra que sigue al alza después de sorprendernos en Un profeta y gustarnos en El pasado. Buena interpretación también de Izïa Higelin (Manu), una chica que debutó hace apenas tres años en el cine. Hace creíble y lleva bien su personaje de trabajadora social “responsable”.

Como dice Omar Sy en la película: “me llamo Samba, ¡como el baile!”. Y los directores han sabido marcar unos buenos pasos, y sin correr demasiados riesgos, han dejado que Sy y Gainsbourg sean la pieza principal de este baile.

– Lo Mejor: Las actuaciones de Omar Sy y Charlotte Gainsbourg. Hablar de manera natural y sencilla de un tema social sin tener que despertar conciencias.

– Lo Peor: No profundizar algo más en la relación entre Samba y Alice.

Foxcatcher: 2 + 5 = 7…

por Alejandro Aramendía (@alejandro_arame)

Estoy empezando a cogerle cierto paquete a los biopics.

Lo sé. Todo el mundo del Cine lo sabe. Últimamente, no hay un camino más sencillo (dentro de su ardua complejidad…) para que te den un Oscar como actor, que interpretar un personaje dramático basado en una persona real, existente, y generalmente, cercana en el tiempo y el espacio (tanto material como digital, pues hoy en día cualquiera puede teclear en Google “Jordan Belfort” y conocer la historia del verdadero “lobo de Wall Street”…).

¿Me equivoco? Echemos la vista atrás:

Año 2005. Jamie Foxx protagoniza Ray (Taylor Hackford), dando vida al emblemático músico Ray Charles. Se lleva el Oscar.

Año 2006. Philip S. Hoffman, que en paz descanse, se lleva el premio por interpretar a Truman Capote, bajo la dirección de Bennett Miller, a quien en breve haremos una visita.

Año 2009. Sean Penn se lo lleva por retratar al primer congresista gay de los EEUU, Harvey Milk.

Año 2011. Colin Firth gana la estatuilla dorada dando vida al rey Jorge IV.

Año 2013. Daniel Day Lewis hace de Abraham Lincoln, y se lleva el Oscar a Mejor actor.

Año 2014. Matt McCounaghey se disfraza de Ron Woodroof, famoso seropositivo que fundó el ‘Club de compradores de Dallas’ como medio para conseguir una cura alternativa para su enfermedad. Premio.

Tatum, como ‘Mark Schultz’; Carell, como ‘John DuPont’

¿Y ellas? Meryl Streep como Margareth Thatcher; Marion Cotillard como Edith Piaf; Helen Mirren como Isabel II de Inglaterra… Y ni siquiera nos hemos parado a considerar los premios de reparto.

Los biopics generan Oscars para sus intérpretes, y esto es un hecho. Pero, ¿qué sacrifican a cambio? Su genialidad. Nunca un biopic llega a ser una película redonda, de la talla de una obra maestra, y con el calado de un icono de culto. Los biopics generan estrellas en Boulevard y Vine Street, no joyas para el Archivo Nacional del Congreso.

Por eso los biopics nunca llegan a enamorarme. Por eso les estoy empezando a coger cierto paquete.

Y que nadie me malinterprete. Las películas biográficas de primer nivel (excluyo secundarias del estilo Jobs (J.M. Stern, 2013), Amelia (Mira Nair, 2009), …) generalmente son buenas. Pero nunca llegan a ser excelentes. Siempre, de ocho sobre diez. Y por ello estoy empezando a condenarlas al prejuicio.

A la dcha.: Mark Ruffalo, como ‘Dave Schultz’

Esta temporada cinematográfica, cuyos meses fuertes llegan con el frío y los premios, ha venido bastante cargada de este tipo de largometrajes. Hace nada vimos La Teoría del Todo, y mi compañera Andrea Zabalza comentaba algo similar a lo que yo acabo de exponer. Ahora, con Foxcatcher, la sensación está empezando a ser repetitiva.

Hablemos de ella.

El guión de la película que dirige Bennett Miller se asienta sobre la historia real de dos competidores de lucha olímpica, los hermanos Schultz, y su relación con un magnate de la industria química, filántropo en su extenso tiempo libre, llamado John E. DuPont. El punto de partida del largometraje se establece cuando el tercero, amante del deporte que practican los anteriores, decide financiar la carrera del hermano pequeño, Mark Schultz, invitándole a vivir en su extensa finca, y formar parte de su equipo de lucha: el equipo Foxcatcher.

Más allá de los problemas de equilibrio del propio guión, demasiado extenso a la hora de presentarnos a los personajes, e increíblemente escueto a la hora de desarrollar el nudo más llamativo de la trama, el principal obstáculo que encuentro es la lentitud del film. Cierto es que estamos ante una película dramática, pero el director Bennett Miller ha dotado a su obra de un tono gris, lento y pesado, consonante con el que le ha dado su director de fotografía, Graig Fraser. Este efecto se genera en gran parte debido a una constante ausencia de música durante un número considerable de escenas. ¿De verdad era necesario teñir tanto la película…? Sus dos horas y cuarto de duración, además, no ayudan…

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Es precisamente en este punto donde el realizador ha metido la pata, de la misma forma que en aquella Moneyball del año 2011. La película se queda vacía, y acaba siendo demasiado simple. No importa cuán bonitas y estilizadas se rotulen las cifras, si al final lo que van a exponernos es ‘2 + 5 = 7’. La simplicidad ahuyenta el interés, y más aún, si la primera cifra y el símbolo operatorio ocupan dos veces la extensión del resto de la operación.

Eso sí. Hay que reconocer que la escritura es exquisita. El habitualmente cómico Steve Carell nos brinda la que por el momento es la interpretación de su carrera. Su gesto rígido y turbador a la hora de interpretar a John DuPont, junto con algunos detalles en su voz que por desgracia no podemos apreciar en la versión doblada al castellano, le han valido una merecida nominación al Oscar. Es lo mejor sin duda de la película. El premio para él estaría asegurado, de no ser por lo reñida que está la categoría este año.

Por detrás de Carell aparece Mark Ruffalo, que eclipsa, aunque tenga la mitad de escenas, a Channing Tatum, ambos interpretando a los hermanos Dave y Mark Schultz, de forma respectiva. Su soberbia actuación no tendría por qué extrañar a nadie, pero siempre sorprende ver un chorro de calidad en pantalla. Y se agradece. Tatum no está mal, de hecho, pero parece un colegial torpe al lado de un alumno que le aventaja en talento y experiencia.

El resto del reparto es un mero figurante, aunque podríamos destacar positivamente a Guy Boyd, que interpreta a Henry, el abogado de la familia DuPont. Su presencia en pantalla y su naturalidad son abrumadoras.

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En la parte más técnica del largometraje, destaca una buena ambientación, con vestuario, maquillaje y atrezzo bastante bien diseñados para la película (la escena en la que Tatum aparece con los icónicos vaqueros claros de principios de los 90’s, y unas mechas rubias, nos lleva de un salto a aquellos años…), así como una banda sonora que cuando aparece, aunque lo haga en muy pocas ocasiones, hace que la pantalla resuene y se oscurezca aún más (si es lo que el director quería, lo consigue).

No obstante, la película no llega ni de lejos a rozar la excelencia aunque sus intérpretes lo hagan, a interesar al espectador de una forma que atrape, ni a impactar visual o emocionalmente al que la observa. La sensación vuelve a ser la misma. Un par de estrellas más en la acera, y una película más al trastero…

– Lo Mejor: La interpretación de Steve Carell.

– Lo Peor: El Oscar se lo va a llevar Eddie Redmayne.

Whiplash: Buscando la excelencia

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por Carlos Montes (@micarmontes)

Después de salir de la sala de cine, intercambiamos opiniones el productor musical Jorge Montes y un servidor sobre la película de Damien Chazelle. Llevando la conversación al terreno que mejor conoce, como es el de la música, me dijo una frase que me llamó la atención: “La diferencia entre un buen trabajo musical y uno con talento, está entre oír, y escuchar”. ¡Tiene razón! En el Cine pasa exactamente lo mismo a la hora de ver una película. Somos capaces de apreciar y de diferenciar una muy buena cinta de una obra maestra. Sobre todo esto trata esta Whiplash de D. Chazelle. La búsqueda de talento, de llegar a la cima al precio que sea, pasar por situaciones vejatorias por conseguir un sueño casi inalcanzable, etc. Una cinta concisa, directa y tan tajante que no se permite ninguna licencia de cara a la galería, algo que por momentos puede llegar a agobiar al espectador debido a su cuadriculado argumento en el que apenas se encuentra un momento de respiro. Pero lo seductor en este largometraje es dejarte llevar por esta búsqueda de los personajes de conseguir lo que desean al precio que sea y pasar por el peaje de un thriller duro, muy bueno y rotundo. ¡Déjate llevar por la apuesta de Damien Chazelle y por sus personajes en busca de la excelencia!

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Andrew Neiman (Miles Teller) es un joven que sueña con poder convertirse en uno de los grandes talentos de la historia de la música. Da clases de batería en el conservatorio Shafer. Uno de sus prestigiosos profesores es Terence Fletcher (J.K. Simmons), conocido por sus rigurosos métodos de enseñanza. Cuando el profesor y el alumno se juntan para dar clase mantienen una tensa relación.

Extraído de un cortometraje con el mismo título, que el director había presentado en varios festivales como Sundance y Aspen, el segundo largometraje como director de Chazelle está obteniendo un rotundo éxito de crítica y público, hasta el punto de haber cosechado 5 nominaciones al Oscar (Película, Guión Adaptado, Actor de Reparto para J.K. Simmons, Montaje y Mezclas de Sonido). No está nada mal para ser la segunda vez que el realizador se pone detrás de las cámaras. Aquí lo más destacable de su trabajo es cómo posiciona la cámara especialmente respecto al personaje de Andrew, para que nos dejemos arrastrar por sus sentimientos.

También hay que reseñar que el bien estructurado guión es uno de los apartados que más fuerza y empaque dan al argumento, consiguiendo a su vez que la trama nos resulte dura, áspera y redonda en su conjunto final. El guión también está escrito por D. Chazelle, algo que no le era ajeno ya que había escrito algunos guiones cinematográficos. Es el autor del guión de Grand Piano, film protagonizado por Elijah Wood.

Y es que “una de las peores cosas que le puedes decir a un artista son estas dos palabras: ¡Buen trabajo!”. Aunque no son las palabras exactas de J.K. Simmons, en uno de los grandes momentos del largometraje, y reflejan muy bien la historia y el hilo argumental que nos cuenta la película.

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Muy relevante el sonido a lo largo de todo el metraje gracias a su acústica impoluta, y con el que se disfruta de unas escenas que toman fuerza y relevancia debido a su elegante sonoridad.

¿Quieres conseguir algo en esta vida para que te recuerden? ¿Qué estás dispuesto a hacer para conseguirlo? ¿Dónde está el limite del bien y el mal cuando quieres extraer lo máximo de una persona? Todas estas preguntas surgen en numerosos ámbitos de la sociedad: Deporte, política, trabajo… en Whiplash se centra en la música, y en cómo un profesor mediante unas formas poco convencionales desea sacar lo mejor de uno de sus pupilos, y como éste quiere ocupar uno de los suculentos puestos de trabajo tocando la batería en una alta escuela de Nueva York. Algo muy parecido ya nos había mostrado Darren Aronofsky en la magnífica Cisne Negro.

Ni que decir tiene que una de las cosas que predominan en el film es la música Jazz que suena a lo largo de la cinta y que se disfruta con la misma intensidad que los planos en los que aparecen sus protagonistas. De los que voy a hablar ahora…

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Antes de ver la película leí de pasada que no se entendía muy bien que todos los elogios fueran solo a favor de J.K. Simmons y apenas se dijera nada de Miles Teller. Después de ver la cinta os puedo asegurar que quien escribía el artículo tenía razón. Teller hace una actuación excelente, sincera, y totalmente llena de realismo. No se sabe qué pasa por la cabeza de Andrew pero se intuye. Sin duda es una gran interpretación como ya había mostrado en uno de sus anteriores trabajos The Spectacular Now (Aquí y Ahora, en España). Desde luego que está a la altura de ese grandísimo actor que es J.K. Simmons, como se suele decir: “Uno de los secundarios de lujo”, que con su reciente nominación al Oscar se perfila como uno de los grandes favoritos para ganar el premio. Es evidente que está magnífico y portentoso haciendo de maestro en un conservatorio que lleva a sus alumnos de manera firme, rigurosa y con estilo militar para obtener lo que quiere.

Melissa Benoist (Nicole) es la única del reparto a la que se le puede hacer mención ya que el resto del metraje se centra en los dos actores ya mencionados. En las pocas apariciones que tiene en la gran pantalla hace gala de seguridad, timidez y destreza de forma bien llevada.

Este trabajo mostrado le va a llevar a cotas más altas al realizador, y como bien muestran los personajes dentro de la trama, tendrá que luchar por conseguir su obra maestra. De momento Whiplash se queda en una muy buena película.

¡Por cierto! Mientras escribo estas líneas, me he enterado de que era el cumpleaños de Damien Chazelle. ¡Felicidades, aquí tienes mi regalo…!

– Lo Mejor: El excelente final que tiene la trama del film. Las actuaciones de J.K. Simmons y Miles Teller.

– Lo Peor: La interminable escena en primer plano de Andrew tocando la batería en la parte final de la cinta.

Corazones de acero: Pintando con sangre…

por Alejandro Aramendía (@alejandro_arame)

Nunca he sentido especial atracción por el arte pictórico. Siempre he creído que no tengo el gusto (o la inteligencia) necesarios para analizar un cuadro o una pintura, por el que acaban pagándose verdaderas fortunas, sobretodo, y esto creo que nos pasa a la mayoría, si pertenece a lo que actualmente se denomina “Arte Moderno”. Esto tal vez sea porque, prácticamente, nunca un cuadro ha llegado a hacerme experimentar algún tipo de emoción o sentimiento. Me pasó con Dalí. Una vez. La metamorfosis de Narciso. Que nadie me pregunte por qué.

Sin embargo, me encantan las obras de arte cinematográfico que parecen verdaderos cuadros. Son cintas que, valiéndose de la historia que relatan, nos describen de forma impactante una situación, una escena. El argumento pasa a un nivel secundario. El contexto es lo que prima.

El ‘Fury’, junto a sus 5 tripulantes: Biblia, Norman, Chacal, Gordo, y Grady

Esto precisamente es Corazones de acero (la nueva travesura del delegado de títulos de Columbia Pictures España, que juzgó poco adecuado el título original ‘Fury’…).

Corazones de acero nos presenta un cuadro bruto, crudo, y áspero de lo que fue la 2ª Guerra Mundial, y lo que es, por extensión, un escenario de guerra. El argumento es la historia del sargento Don Collier, apodado ‘Chacal’ por el equipo bajo su mando, junto al que gobierna un tanque de guerra americano (el Fury) sumergido en los últimos compases de la guerra contra los nazis, en la Alemania del segundo trimestre de 1945. Las últimas batallas han dejado una vacante dentro de su unidad, que será ocupada por Norman Ellison, un joven soldado poco acostumbrado al barro de la batalla.

De izda. a drcha.: Biblia (LaBeouf), Gordo (Peña), Norman (Lerman), y Grady (Bernthal)

El guión es una genialidad. Con poco diálogo, da sin duda preferencia a la descripción, con escenas que nos muestran escenarios horrorosos, con una crudeza salvaje, un realismo nauseabundo, y una brutalidad a la que pocos estamos acostumbrados en nuestro cómodo sofá occidental. Boyd Swan, al que apodan Biblia por su obsesión religiosa, le advierte con estas palabras a su recién añadido compañero Norman: “Espera a ver de lo que es capaz el Hombre”. Esta frase podría ser el título del cuadro que nos pinta el director y guionista, David Ayer. Pero no todo de lo que es capaz el Hombre es negativo, o moralmente bajo. También hay lugar para los valores encumbrados. También hay luz entre la oscuridad que arroja el humo de la pólvora quemada. Además, la ausencia de maniqueísmo en la película es uno de los puntos más fuertes del guión. Aquí no hay buenos ni malos. Solo personas en guerra.

Plasmar todo eso en la pantalla con la fuerza con la que lo ha hecho el propio Ayer no es nada fácil, máxime si podemos contar las escenas de acción con los dedos de una mano. Se nota, y mucho, que el director pertenece a esa raza de cineastas que, como Tarantino, crecen a base de vender guiones (David Ayer es responsable del guión de, entre otras, la oscarizada Training Day (Antoine Fuqua, 2001)), y que se convierten en el “Juan Palomo” del mundo del Cine: yo me imagino la película, y yo la hago realidad.

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Curiosamente, también como Tarantino, el director ha tenido la diestra habilidad de exprimir a sus actores. Si el guión es el boceto del cuadro, la imperceptible línea que sirve de estructura, la pintura son sin duda las actuaciones de su reparto, que Ayer consigue elevar a una cota altísima.

Brad Pitt es el encargado de dar vida a Chacal. El actor, maltratado a lo largo de la historia, aquejado de esta maldición de la que os he hablado muchas veces que tienen los actores guapos que se convierten en ídolos de carpeta, está, una vez más, soberbio. Transmite con precisión y calidad la complicada personalidad del protagonista, en un papel comedido y pausado. Me da pena ver cómo uno de los mejores actores del mundo va camino de retirarse sin un Oscar (como actor, pues ya tiene uno como productor).

No obstante, Brad Pitt está justo por debajo de la que yo creo que es la mejor actuación de la película, que es la que da vida al personaje Grady Travis. El actor Jon Bernthal, al que consideré sin dudarlo lo mejor de aquella pasable El Mensajero (Ric Roman Waugh, 2013), y que también ha estado a la altura de grandes producciones como El escritor (Roman Polanski, 2010) o El lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2013), empieza ya a ser un secundario a tener en cuenta. Se ha hecho su hueco en la industria a base de grandes pequeñas actuaciones. No me extrañaría que algún día este chico ganase un Oscar. Tiene talento y trabaja bien.

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A la sombra de estas dos figuras, se encuentran los actores Shia LaBeouf, que da vida a Biblia, y Logan Lerman, que se mete en la piel del joven Norman. El primero está bien, pero no tan bien como en el videoclip que recientemente ha grabado para una no tan nueva canción de la cantante Sia, titulada ‘Elastic Heart’, que pudimos escuchar como pieza de la banda sonora de Los Juegos del Hambre: En llamas (Francis Lawrence, 2013). Lo de la música está muy bien, pero si yo fuese él, echaría el resto en la industria que me da de comer.

El segundo, sin embargo, me ha sorprendido gratamente. Alejado de papeles insípidos como los que interpreta como protagonista de la saga Percy Jackson o en Los tres mosqueteros (Paul W. S. Anderson, 2011), y más cerca de buenos trabajos como el que nos brindó en Las ventajas de ser un marginado (Stephen Chbosky, 2012), se mete de lleno en su papel, y nos lo muestra de una forma muy convincente.

El quinto integrante de la unidad, Gordo, interpretado por Michael Peña, pasa totalmente desapercibido, algo que no dice mucho del actor, al que el guión tampoco le ofrece demasiadas posibilidades.

Con un guión que facilita las cosas para que el reparto dé sus frutos, el trabajo de montaje, fotografía y el departamento sonoro hacen el resto. Principalmente, éste último, que a escasas horas de conocer las nominaciones a los premios de la Academia de Artes Cinematográficas Americana, se perfila como el único capaz, para mí, de competir este año con Interstellar (Christopher Nolan, 2014) para llevarse la famosa estatuilla dorada en las categorías de Mejor sonido y Mejor mezcla de sonido.

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La banda sonora de Steven Price es también uno de los buenos puntos que dan los últimos retoques con pincel fino a esta obra de arte que David Ayer ha conseguido producir de la nada, y que se sitúa dentro de mi Top 10 de las mejores películas bélicas de los últimos 50 años, codeándose con verdaderas joyas del género como Salvar al soldado Ryan, La delgada línea roja, o Platoon.

El director ya se encuentra produciendo su próximo trabajo. Se titulará Suicide Squad, y contará con figuras de primer nivel como Will Smith, Jared Leto o Tom Hardy.

Esperen a ver de lo que es capaz un buen cineasta…

– Lo Mejor: El trabajo de David Ayer, tanto en guión como en dirección, y el producto general que se obtiene como resultado.

– Lo Peor: Pertenece a un género que cotiza a la baja. Eso le cerrará muchas puertas.

Birdman: Volando entre bambalinas

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por Carlos Montes (@micarmontes)

Una cosa está muy clara después de ver Birdman: su director Alejandro González Iñárritu se ha alejado completamente del Cine al que nos tenía acostumbrados en sus últimos trabajos, 21 Gramos, Babel y Biutiful. Lo nuevo de Iñárritu nada tiene que ver con lo antes visto del realizador, hasta el punto de abandonar aquellos delirantes dramas para pasar a una atípica comedia trepidante. Una cinta llena de humor cínico, realista, conciso y sobre todo acertado. Porque, si bien es verdad que dentro del argumento nos encontramos una amalgama de personajes desubicados, llenos de engreimiento y artificio, y que no se molestan en disimular su vulgaridad e inseguridades, la película por encima de todo lo que resalta muy bien son los momentos de banalidad, egocentrismo y patetismo que tiene cada personaje. Y lo hace mediante un enorme sentido del humor como ya he descrito unas lineas más arriba.

IMG_4115Tras haberse convertido en uno de los superhéroes más aclamados por el público después de trabajar en la trilogía Birdman, Riggan (Michael Keaton) trabaja en un teatro de Broadway años después de haber abandonado el personaje. Pero su “voz de subconsciente” le incita para que retome su viejo papel.

La labor del realizador en la primera hora y cuarto de largometraje es encomiable: nos lleva por todo el set teatral cámara en mano en un tour de force (una maniobra de habilidad, fuerza, ingenio o técnica en una situación difícil) entre bambalinas para no perderse ni un solo detalle de cómo se mueven los actores, para apreciar mejor la fotografía, descubrir todo el trabajo de dirección artística en las escenas, etc. Respecto al resto del metraje pasada esa hora y cuarto, la cinta de iñárritu da un pequeño bajón debido a que el propio director pierde un poco el control respecto al personaje que es la voz de la conciencia de Michael Keaton. ¡Dicho personaje le da casi lo mejor y lo peor al buen trabajo del realizador mexicano!

Grandísima labor la que ofrece el director de fotografía una vez más Emmanuel Lubezki, ganador el año pasado del Oscar fotográfico por Gravity. Presumiblemente estará también este año entre los cinco candidatos al premio por Birdman.

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A la dcha.: Michael Keaton como ‘Riggan Thomson’, papel por el que recientemente ha obtenido un Globo de Oro

La B.S.O. es muy destacable a lo largo de este film, especialmente en su parte central y muy llamativa en los créditos de principio y final. Antonio Sánchez ha compuesto una música donde uno de sus puntos fuertes es la batería, algo bastante inusual en las bandas sonoras en el Cine. ¡Una apuesta cuando menos arriesgada, buena y remarcable!

La forma y manera de mezclar los entresijos de los personajes con la “gente de a pié”, la acidez y negrura que destila el personaje Birdman, los “cuchillos” que se lanzan mutuamente y sin miramientos los protagonistas, unas situaciones donde el egocentrismo y la desesperación van de la mano en cada momento… Todo dentro de un microcosmos bajo el techo de un teatro.

Abarcando ya la parte de los actores empezamos por Michael Keaton (Riggan Thomson), que hace una de sus mejores actuaciones en el Cine. Dándonos unas idas y venidas mentales merced a su “alter ego” que son dignas de estar entre los nominados al Oscar de mejor actor. Lo sabremos el próximo jueves día 15 de enero.

Vemos haciendo de hija de Keaton a Emma Stone (Sam), llevando una vida tan infeliz como entregada a las nuevas tendencias en las redes sociales. Hace poco comenté en mi crítica de Magia a la Luz de la Luna que a la actriz le hace falta un papel de protagonista absoluta para sacar a relucir lo gran interprete que es. Éste trabajo en Birdman la sube un peldaño más arriba…

Edward Norton se mete en la piel de Mike, y sus cara a cara con Keaton y Stone son una de las muchas cosas disfrutables que tiene el largometraje. Vemos unas interpretaciones en todo su esplendor en una cinta que es muy propicia para ello.

En cuanto a los secundarios, tanto Naomi Watts (Lesley), como Andrea Riseborough (Laura), a la que pudimos ver en Welcome To The Punch y Oblivion (para los que su nombre no os suene tanto), nos dejan unas buenas e interesantes actuaciones, destacando una escena en la que se refleja perfectamente lo que supone moverse en el mundo del espectáculo.

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Del último actor de reparto del que voy a escribir es Zach Galifianakis (Jake) que aparece en torno a unas cinco o seis veces a lo largo del metraje para dejarnos un buen sabor de boca. ¡Está magnífico! Alterna humor y seriedad en su personaje como no habíamos visto hasta ahora. Digamos, en su lado más serio o dramático.

Sin ser redonda y aún cayéndose algo en su tramo final… te hace reír y mucho, tiene una excelente primera parte, gran fotografía y actuaciones de gran nivel… ¿Que más quieres para ver una muy buena película?

– Lo Mejor: Las interpretaciones de Keaton, Norton y Galifianakis. Su fotografía. El acertadísimo humor.

– Lo Peor: Que Iñárritu se exceda en el uso de la cámara en mano.

 

 

Unbroken (Invencible): Louis de Nazareth

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por Carlos Montes (@micarmontes)

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Una de las muchas cosas buenas que tiene el Cine es que te da la oportunidad de conocer personajes e historias de cuya existencia ni por casualidad sabríamos, de no ser por el Séptimo Arte (los libros, la televisión, prensa, etc., son otras vías: a mí me encanta descubrirlos en la sala de cine ante la gran pantalla). Me ha ocurrido con este Louis Zamperini. Este hombre nacido en Nueva York en 1917 era hijo de padres italianos. Ni él ni sus progenitores hablaban inglés, y eso hacía que Louis tuviera problemas en el colegio, y para evitarlos se hizo miembro del equipo de atletismo donde a los 17 años ganó un importante campeonato en USA, y a los 19 años se clasificó para los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 (aquellos famosos JJ.OO donde participaba Jesse Owens, y tenían como espectador a Hitler). Tres años después de dichos juegos, Zamperini entró en el ejército tras estallar la Segunda Guerra Mundial…

¡Tranquilos! No he desvelado nada sobre la película ya que la historia comienza a partir de esta citada 2º Guerra Mundial y se centra en el sufrimiento al que fue sometido durante la misma Louis Zamperini.

En la segunda cinta como directora tras su debut con En Tierra de Sangre y Miel (2011), nos encontramos con una Angelina Jolie valiente que ha plasmado sin alardes una película basada en hechos reales. Algo que no siempre es sinónimo de éxito, ya que este tipo de trabajos suelen ser un arma de doble filo. Pero la directora sale airosa (nunca mejor dicho) ya que lo más potente de su realización son las escenas aéreas (leí en una entrevista suya que era lo que más miedo le daba en su nuevo proyecto) que nos ofrece en los primeros minutos del metraje con planos muy buenos y llenos de realismo. La relizadora, a parte de todo lo dicho hasta ahora, en ningún momento ha adornado su película con detalles absurdos y facilones donde se podría prestar a ello al tratarse de una historia real. No, se ha centrado exclusivamente en lo que le ocurrió a Zamperini y ya está. ¡Eso se agradece!

En plena Segunda Guerra Mundial y después de un tiroteo de fuego cruzado, el avión en el que viaja Louis Zamperini (Jack O`Connell) cae al océano Pacífico. Comienza en ese momento una odisea para él y dos de sus compañeros del ejército.

A. Jolie ha querido rodearse de lo más granado para este film: ha escogido a Alexandre Desplat para que componga la banda sonora. No es de lo mejor del compositor pero es una pieza destacable. Por otro lado, en el apartado fotográfico tenemos al gran Roger Deakins, que nos da una bonita y apreciable visión de su trabajo por tierra, mar y aire. ¡Desplat y Deakins son dos hombres en busca del Oscar cuyas respectivas carreras ya merecen! El primero ha estado nominado en seis ocasiones, y entre sus trabajos encontramos El Curioso Caso de Benjamin Button, Fantastic Mr. Fox, Argo y Philomena. El segundo cuenta con once nominaciones y algunos de sus meritorios logros los hemos podido ver en Fargo, El Hombre Que Nunca Estuvo Allí, El Asesinato de Jesse James por el Cobarde Robert Ford y Prisoners. Hago una reseña sobre estos dos grandes artistas porque me apetecía destacarlos ahora que han trabajado juntos.

Lo que ya no es bueno en el largometraje de Angelina Jolie es el tener siempre la sensación de estar ante un film lento, con poca agilidad a la hora de trazar su argumento. No sé si debido al guión (costaría creerlo al ser de los Coen), a su montaje, o a que Jolie lo haya querido así. ¡No se hace soporífero pero algo más de ritmo le hubiera venido bien!

Muy destacable la interpretación de Jack O`Connell (Zamperini), llena de serenidad, contención y sosiego, para este actor al que vimos en películas como This Is England y 300: El Origen de un Imperio. También lo veremos en cartelera proximamente en el film 71 del director Yann Demange.

Buena actuación de Takamasa Ishihara (Watanabe), donde su intenso, agresivo y autoritario papel no baja un ápice en toda la película.

Correcto y bien llevado el trabajo de Domhall Gleeson (Phil) como el compañero de andanzas durante todo el metraje de Zamperini.

Poco más que destacar en cuanto a interpretaciones se refiere, ya que aunque el resto del reparto es también convincente, son los tres actores mencionados los que copan la gran mayoría de escenas y planos (en especial Jack O`Connell) en el largometraje de A. Jolie.

La directora Angelina Jolie, junto al verdadero Louis Zamperini

 

Así que… con bastantes más pros que contras en esta Unbroken donde destacan esos primeros veinte minutos para luego ponerse en “modo diesel”, sería injusto no mencionar que ha sido bonito y agradable descubrir quién era Louis Zamperini, quien falleció el 2 de julio de 2014 sin poder llegar a ver la buena película que Angelina Jolie hizo sobre su historia. ¿O quizás sí?, en esa grandísima pantalla que es el cielo!

– Lo Mejor: La actuación de Jack O´Connell, y lo bien filmados que están los ataques aéreos.

– Lo Peor: No haberle dado más ritmo al largometraje.

 

Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?: La familia Benetton

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por Carlos Montes (@micarmontes)

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Con no mucho intervalo de tiempo han llegado a la cartelera las comedias Relatos Salvajes de Damián Szifron, y ésta de la que voy a escribir ahora.

Hago la comparación entre las dos (algo que nunca se debe hacer: eso es para los premios…) porque a mí es el género cinematográfico que más me gusta, y resulta curioso darte cuenta a base de ver cientos de ellas cómo eres capaz de acabar sabiendo (perdón por la pedantería…) por sus pequeños detalles, si una comedia es buena o mala. Por ejemplo, la mencionada cinta de Szifron es una mala comedia (ya sé que muchos no estáis de acuerdo en esta afirmación), a pesar de que los actores están bien, la idea es buena y demás. Una cinta basada en seis historias, de las cuales cinco terminan de forma poco convincente, y de manera infantiloide, deja bien a las claras que esos detalles son suficientes para considerar que no es una comedia acertada. En cambio, la cinta de Phillippe De Chauveron que nos ocupa tiene el gusto de cuidar los detalles: no cae en lo grotesco en ningún momento, tiene un humor de lo más fino para no molestar a nadie (debido a la delicada temática que toca), tira de ironía de manera subyugante… Cuida los detalles lo suficiente para poder considerarla una buena comedia.5179C4EB-1759-406A-931F-D70B7544C51C

La trama nos habla de un matrimonio conservador y católico que se ve un tanto frustrado al no haber podido casar a sus tres primeras hijas por la Iglesia. Las esperanzas recaen ahora en su hija pequeña para poder tener una alegría.

El realizador francés Philippe De Chauveron ha desarrollado su corta carrera cinematográfica en su país natal, y siempre mostrando el lado humorístico en sus films, pero sin duda alguna guardará para siempre en su memoria ésta “Qu’est ce qu’on a fait au bon Dieu?”, título original de la cinta francesa, que, con más de 12 millones de espectadores, ya se ha convertido en la película más taquillera en el país galo en 2014, recaudando una suma mayor que aquella que consiguió Intocable en el año 2011.

Además de todo esto el director ha puesto de su parte un trabajo que mantiene su buen tono desde el principio, casi hasta el final, y digo casi, porque baja levemente en su último tramo. Pero nada malo se puede decir de un film que mantiene muy bien sus constantes vitales, que te saca dulces carcajadas, y que tiene un buen trabajo tras las cámaras y una buena elección de la música también a lo largo del metraje, ofreciéndonos una mezcla de temas muy acorde a la temática del argumento. Para no variar, y como ocurre casi siempre en estos casos, una de las mejores piezas suena al principio de los créditos finales. ¡Qué raro!

856A271D-270E-4BE2-A513-A25BE7167B1CTocando ya el lado de los intérpretes, podríamos decir que estamos ante uno de los grandes puntos de la película, sobretodo de sus protagonistas: en la piel de Claude Verneuil vemos al gran actor Christian Clavier, reconocible por las sagas Los Visitantes y Astérix y Obélix. Sus caras y gestos son una maravilla a lo largo de la cinta, pero nada comparable a su sarcasmo e ironía, que son para disfrutar, y es además lo que hace que su actuación fluya de forma muy convincente. A su lado casi siempre veremos a la esposa con toques alocados, un poco insegura, que no es otra que Chantal Lauby, que lleva a cabo una interpretación llena de jugosos matices para dar vida a Marie Verneuil. Condenso en un mismo paquete a los actores Ary Abittan, Medi Sadoun y Frédéric Chau, que con unas acertadas actuaciones son un punto vital en la trama, al igual que las esposas de estos mismos, que aquí son las actrices Julia Piaton, Frédérique Bel, y Emilie Caen. Si decía que ellos han estado bien, ellas no se quedan atrás en sus interpretaciones tan medidas y con una verosimilitud tremenda.

Terminando con el reparto, hablo de otros “pasajeros” que han estado a la altura de este tren que ha sabido llevar a la estación del entretenimiento el director francés. Noom Diawara, Elodie Fontan, y Pascal N’Zonzi han realizado un excelente trabajo en esta comedia que no es de notable alto, pero tampoco deja nada malo.

Dos cosas más. La primera: prestad atención al comentario de Charles Koffi (Noom Diawara) en la escena en la que conoce a los padres de su novia. La segunda: he querido resaltar a todo el reparto (si me dejo a alguno, que me perdone) ya que normalmente en las películas siempre hay algún protagonista o secundario que por exigencias del guión se queda en el limbo. Pero en esta cinta, todo el que aparece, más o menos, está en estado de gracia.

 

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Estamos ante un largometraje cuyo único propósito es que sepamos reírnos de los prejuicios, y bordea el humor de una manera tan acertada en momentos puntuales en los que se podría meter en terrenos escabrosos, que su transparente y ligerísima capa de mordacidad no da pie a malas interpretaciones.

Para ir terminando con la comedia francesa de Philippe de Chauveron, debo apuntar que tiene algunas similitudes con nuestra 8 apellidos vascos, como el suegro protestón, una boda que apacigua los males, y el exitazo que han supuesto en sus respectivos países.

Se ve que estas temáticas tan actuales siguen funcionando a la perfección, como en su día sucedía con las comedias de Berlanga, o Wilder. Pero eso ya son palabras mayores…

– Lo Mejor: El buen tono general de su reparto coral.

– Lo Peor: Que baje hacia el final levemente.

Magia a la Luz de la Luna: Término médium

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por Carlos Montes (@micarmontes)

Nueva película en la extensa carrera del cineasta neoyorkino y de nuevo comenzará ese absurdo “debate” sobre si esta cinta que toca ahora es la buena o es la mala de éste Woody Allen que hace películas como churros. ¡Si la anterior fue Blue Jasmine y era buena, esta debería ser mala! ¿O quizá la cinta protagonizada por Cate Blanchett no era tan acertada y A Roma Con Amor era algo mejor? Pero entonces… si esta última estaba bien, ¿no era buena Midnight In Paris a pesar de su flamante Oscar a guión original? En fin… como el propio nombre de la película indica: la Magia de ver cada uno el cine a nuestra manera. A la luz de la luna, o de la forma que uno crea conveniente… lo que está claro es que es innecesario entrar en raros debates sobre si esta cinta es mejor o peor que la anterior. Lo que está muy claro es que W. Allen ha hecho mucho por el Séptimo Arte y con eso me quedo.

Stanley (C. Firth) y Sophie (E. Stone)

Sin salirse de sus marcados renglones y con unas pautas a las que ya nos tiene acostumbrados, el realizador nos cuenta una historia de amor poco convencional además de dejar entrever su poca creencia en todo lo relacionado con el mundo del esoterismo. Bien filmada, con una buena elección de la música a la hora de acompañar las escenas (quizás, de sus últimos films, la mejor selección musical), gran acierto a la hora de ambientar la cinta; dirección artística, vestuario… Buen trabajo del director, aunque en unos meses nadie hablará de esta Magic In The Moonlight.

Stanley (Colin Firth) es un prestigioso mago de la alta sociedad de los años veinte que se encarga de desenmascarar a los farsantes médiums que tratan de vivir del cuento. Tras conocer a Sophie (Emma Stone), una joven que se gana la vida con sesiones de espiritismo, Stanley se replantea su tozuda y rígida visión del mundo esotérico.

A pesar de tener un reparto coral, en la nueva cinta de Allen, al contrario que en el resto de sus largometrajes los actores secundarios en esta ocasión tienen un rol apenas testimonial tanto a la hora de actuar como de salir en pantalla. Nombres como los de Eileen Atkins, Simon McBurney (los dos actores más destacados de los de reparto), Marcia Gay Harden o Jackie Weaver nos dejan una presencia casi testimonial durante el film. Algo extraño y poco habitual en un realizador al que le encanta que la gente que se pone delante de las cámaras tenga bastante presencia y dé más juego.

Diálogos acertados pero que no enseñan nada nuevo, un guión de toques ligeros que se hace ameno y agradable, una historia bien contada para un relato intrascendente… como veis, todo gira en torno a contradicciones y a un ni fu ni fa. ¡Está bien, pero no pasa de ahí! Después de ver la película, valga el juego de palabras que da título a la crítica para decir que lo nuevo de Allen es de término médium.

Sophie, realizando una de sus sesiones

Sin duda alguna lo más destacable del largometraje es la gran ambientación que ha creado el realizador, enseñándonos unos paisajes costeros muy bonitos a lomos de la rivière francesa, una buena fotografía de la mano de Darius Khondji y un cuidado vestuario que lleva la firma de Sonia Grande.

Destacan los dos actores protagonistas, ya que llevan totalmente el peso de la cinta y consiguen crear una entrañable conexión entre ellos. A Colin Firth se le ve una seguridad y un aplomo en lo que hace que provoca que el espectador empatice pronto con su personaje, lleno a su vez de terquedad, inseguridad y egocentrismo a partes iguales. El lado femenino lo pone Emma Stone, una actriz a la que le tiene que llegar ese gran papel que explote al completo todo su potencial interpretativo. Hasta ahora nos ha dado buenas interpretaciones en Criadas y Señoras, Rumores y mentiras, … pero si le llega un buen papel, esta chica subirá un par de peldaños a nivel de actuación. En Magic in the Moonlight da la dulzura necesaria en cada plano, expresando su mirada más que su cuerpo, y sentándole realmente bien el vestuario de la época de los años veinte que Woody Allen nos muestra a lo largo del metraje.

Como he comentado anteriormente, los secundarios brillan por su ausencia. En este caso, tanto Eileen Atkins como Simon McBurney tienen algo más de presencia que Marcia Gay Hardenm o Jackie Weaver. A pesar de esto, los momentos en los que aparecen, están a la altura de su grandeza como intérpretes.

Que nadie se lleve a engaño. Aunque la mayoría de la crítica extraiga cosas positivas sobre la película, no es un trabajo que de aquí a un tiempo te haga retener nada de su argumento. Vuelvo a repetir que estamos ante un buen y decente film que nos deja un resultado escaso y olvidable.

Retomando el principio de la crítica, y aunque a mí el largomentraje no me ha dado ni frío ni calor, y siendo una cinta ligera e ingenua, también  hay que reconocer que la dulce historia de amor y la poca creencia en lo espiritual que se ve en su trasfondo son de lo más agradable. Así que no seré yo quien sitúe a Magia a la luz de la Luna por encima o por debajo de otras películas del director, pero sí diré que W. Allen es necesario para el Cine.

¡Por cierto! El director ya prepara su nuevo film, con Joaquin Phoenix de protagonista. ¡Ya deseo verla!

– Lo Mejor: La ambientación de la película

– Lo Peor: La escasa aparición de los grandes secundarios