Entrevista con Borja Cobeaga, director de ‘Negociador’

 

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“Uno se imagina unas negociaciones muy matemáticas, muy solemnes, muy graves, donde todo está milimetrado, y al final no era así. El factor humano pesaba mucho.”

“Una de las cosas que tienes que hacer cuando haces una película es saber dónde estás ubicado. No creo que ésta sea una película fácil.”

“Hollywood es muy impresionante. Es muy de plástico, pero también tiene una cosa inquietante de verdad. En la fiesta de nominados ¡Spielberg apareció en chándal!”

 

“España. Segunda mitad de la primera década del siglo XXI. Un político vasco decide emprender la ardua tarea de negociar con ETA el final de la violencia de la banda terrorista. Sin embargo, la situación, lejos de resultar solemne y calculada, acabará dependiendo enormemente de las relaciones personales establecidas entre los interlocutores…”

Ésta es la nueva trama que nos propone Borja Cobeaga, con un tono de humor al que no estamos habituados, en su nueva película, Negociador (que se estrena en cines el día 13 de marzo). El cineasta donostiarra, que todavía saborea el gran éxito cosechado con Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez-Lázaro, 2014), cuyo guión escribió junto a Diego San José, nos presenta su tercer largometraje como director, nuevamente imbuido en el género cómico que ya trabajó con sus anteriores filmes, Pagafantas (2009) y No Controles (2010).

El realizador atiende a Cinefilex| en un ambiente distendido, en el corazón de uno de los cines más puristas de Pamplona, los cines Golem Yamaguchi, para arrojar una mirada distinta a su película, al camino que la precede, y al que viene por delante…

Afiche de ‘Negociador’, la nueva película de Borja Cobeaga

Cinefilex|: ‘Negociador’ trata un tema complicado. La ETA, las negociaciones secretas del Gobierno con la banda terrorista, sometidas a críticas desde muchos sectores… ¿Por qué decidiste darle un tono cómico a la película?

Borja Cobeaga: Yo creo que el lado cómico de ‘Negociador’, que evidentemente es una tragicomedia (dado que tratamos un tema espinoso, que no da tanto pie a una comedia loca) viene no tanto de que yo quisiese sacarle punta cómica, sino porque la realidad tuvo mucho de cómico. Esta película viene de ese momento en que se empiezan a conocer muchas cosas de aquellas negociaciones, sobre las que el propio Jesús Eguiguren escribió un libro. El libro tiene pasajes delirantes, de comedia, ¡incluso algunos tan exagerados que no quise poner en la película! Por ejemplo, antes de ponerse a negociar Josu Ternera y Eguiguren, en aquel hotel en Suiza a las 8 de la mañana, ¡se veían el encierro de Sanfermines! Uno se imagina unas negociaciones muy matemáticas, muy solemnes, muy graves, donde todo está milimetrado, y al final no era así. El factor humano pesaba mucho. Más que hacer algo cómico, he puesto la mirada en los elementos cómicos que tenía la realidad…

C|: ¿Y cómo surge esa idea de hacer una película sobre las negociaciones entre ETA y Gobierno?

B.C.: Surge en el momento en que decido hacer una comedia algo más “tristona”. Vengo de hacer comedia alocada, y este tipo de comedia, con un poso más dramático, la había practicado en mis cortos, pero nunca en un largometraje. Y después de haber trabajado en ‘Vaya Semanita’, y haber sentido ese interés por los elementos cotidianos del conflicto vasco, más que aquello que está en primer término, apareció ‘Negociador’. Me apetecía un montón hacer una película con este tema, y por ello, dado el tamaño que tiene, y sus ambiciones, es una película muy personal. Tiene algo de capricho, de “me apetecía hacer esta película, y punto”. Por ello no había tanto estudiado al respecto. La historia apareció, encajaba muy bien con el tono que quería, y simplemente la hice.

C|: ‘Negociador’ comparte algunos ingredientes con ‘Ocho Apellidos Vascos’, de la que fuiste co-guionista, como la temática vasca, la comicidad, una duración cómoda que ronda la hora y media… ¿podría alcanzar el éxito que cosechó la película de Martínez-Lázaro?

B.C.: Yo creo que ‘Negociador’ es una película pequeña, y más esquinada. Una de las cosas que tienes que hacer cuando haces una película es saber dónde estás ubicado. No creo que ésta sea una película fácil. Tiene muchos silencios, y un tono extraño que a mí me interesa mucho, pero que puede desconcertar. Quien espere ver una película de carcajada limpia puede llegar a sentirse bastante decepcionado, y eso es algo que a mí no me gustaría provocar. “Vas a entrar y te vas a partir la caja”, no, no es así. Sí que puede hacer gracia, porque yo creo que es una película graciosa, pero no es una película de las que vas a ver al cine para desconectar. Tiene un humor más incómodo, más seco. Y yo siempre pienso que si algo me interesa a mí, que me considero una persona bastante normal, podrá interesarle también a más gente. Eso me gustaría. Pero por otro lado estoy muy ubicado, y soy realista con lo que puede suponer esta película, que por otro lado tiene una distribución mucho más modesta, y un apoyo publicitario y promocional más modesto que Ocho apellidos vascos.

Ramón Barea, como el político ‘Manu Aranguren’

C|: Al final de los créditos haces una mención a Mariví Bilbao. ¿Por qué le dedicas esta película?

B.C.: Su mención, y que la película esté dedicada a ella, se debe a todo nuestro trabajo juntos. En el corto ‘La primera vez’ que fue lo primero que hice, y en ‘Éramos pocos…’, ella era la protagonista; en ‘No controles’ tenía un pequeño papel; en ‘Pagafantas’ iba a salir, pero lo hizo María Asquerino porque Mariví estaba enferma y no pudo hacerlo. Para mí Mariví ha sido como una madre en el Cine. Yo escribía para ella, y ella para mí era como un “Rolls Royce”: cuando escribía para ella, el material se levantaba muchísimo. Su muerte para mí fue como la de un familiar directo. Y ya que la película tenía ese tono personal, gracias también a que en ella volvía a trabajar Ramón Barea, creía que debía estar dedicada a ella. Por supuesto, me habría encantado que hubiese salido también en ésta…

C|: Tienes dos facetas: la de guionista y la de director. Ésta es tu tercera película como realizador, y sin embargo has trabajado en la escritura de más de seis largometrajes… ¿Qué te gusta más, escribir o dirigir?

B.C.: A mí me gusta más dirigir que escribir, porque soy bastante sociable y el hecho de dirigir te lleva siempre a socializar. Ya tienes el plan establecido, que es el guión, y lo ejecutas tratando con actores, con técnicos, … Escribir es más esclavo porque estás en tu casa comiéndote la cabeza. Escribir tiene una parte divertida, pero también una muy sufrida que ser director no tiene. Sin embargo, es algo por otro lado hago muchas veces con Diego San José, con el que he escrito cine y programas de televisión, y tiene esa parte satisfactoria de complicidad. No obstante, como proceso, me divierte más dirigir.

C|: Generalmente el material que escribes suele ser original… ¿Prefieres este tipo de guiones frente a los adaptados?

Cobeaga, en el set de rodaje

B.C.: A mí me gusta escribir con variedad. Siempre escribo comedia, aunque eso no creo que sea una decisión, sino que simplemente me sale así. ¡Una vez me puse a escribir un corto de terror, y quedó comedia! Sin embargo, disfruto de igual manera escribiendo comedias del estilo de ‘Negociador’, más secas, o comedias más alocadas, como ‘Ocho apellidos vascos’, o puntos intermedios como ‘Pagafantas’. Es verdad que cuando una historia es tuya, personal, y se te ha ocurrido a ti, tiene una cosa muy “viva”, porque eso que se te ha ocurrido va a estar en una pantalla, interpretado por unos actores, y la gente lo va a poder ver… Eso tiene algo muy especial. Pero, por ejemplo, en el caso de ‘Negociador’ tuve que investigar mucho, y es una historia original inspirada en unos personajes, por lo que tendría algo de adaptación. Y hay una parte en el proceso que es muy divertida. Una de las razones por las que hice esta película es que muchos amigos míos, guionistas, se documentaban al escribir guiones basados en hechos reales o con referentes en la realidad, y me comentaban que se lo pasaban muy bien.

C|: Estamos de resaca post-Oscars, y tú precisamente estuviste nominado en 2007 a Mejor Cortometraje con ‘Éramos pocos…’ ¿Cómo es Hollywood?

B.C.: Hollywood es muy impresionante. Es muy de plástico, pero también tiene una cosa inquietante de verdad. Ves una familiaridad en que en cinco metros cuadrados haya cuarenta estrellas de Hollywood que resulta bastante llamativa. Por ejemplo, en la fiesta de nominados, que se celebra como un mes antes, y que es bastante distendida e informal, sin toda esa tensión de los premios, ¡Spielberg apareció en chándal! (risas). Y esas cosas impresionan mucho. A lo mejor había venido andando desde su casa, aquí al lado… ¡De hecho! el que ganó el Oscar finalmente en mi categoría, que era angelino, había ido andando al Beverly Hilton, donde era la fiesta… Para mí era todo muy “marciano”. Yo estaba escribiendo ‘Pagafantas’ cuando saltó la noticia. Viajé a Los Ángeles como si me hubiesen extraído de mi casa, teletransportado, y al final de todo te vuelven a teletransportar de vuelta. Y llegas a casa y está la cama sin hacer, la pila de platos en la fregadera… Es como una cápsula de la que sabes que vas a salir, pero muy curiosa mientras estás dentro.

Cobeaga, junto a Spielberg. vía RTVE

 

C|: ¿Y te gustaría trabajar fuera de España…?

B.C.: Sí que me gusta trabajar fuera de España, porque no me fui de Erasmus, y siempre he tenido esa cosa. Pero es verdad que una de las cosas que más me gustan de hacer cine, y lo que más disfruto cuando estoy escribiendo, es dialogar. Como director me siento más seguro con el dialogo en castellano, una lengua que domino. Si tuviera que rodar en inglés, o en otro idioma, sería como renunciar a uno de mis puntos fuertes. Creo que dialogar es lo mejor que hacemos Diego San José y yo, por ejemplo. Y si tuviera que estar dirigiendo una película en inglés, o en francés, y tuviera que tener un traductor a mi lado que me confirmase que todo está bien vocalizado, que se entiende bien, y que tiene sentido, me daría la sensación de que no estoy dirigiendo…

C|: Una pregunta original: ¿Qué pregunta te gustaría que te hiciesen sobre ‘Negociador’?

B.C.: ¡Joder, pues sí! La verdad, es curiosa… ¡Sí! Me gustaría que me hiciesen la siguiente pregunta: “¿por qué crees que una película tan pequeña y tan poco ambiciosa ha batido el récord de taquilla en su primer fin de semana…?” ¡No! ¡No creo que eso vaya a pasar! (risas). Hay una cosa que me gusta responder, que incluso cuando no me lo preguntan la saco a colación, que es: “¿esto ya supone un cambio de estilo? ¿vas a abandonar las comedias locas para seguir este tipo de historias, e incluso ya ir poniéndote en serio poco a poco?” La respuesta es “no”. Porque sí que me gusta mucho cultivar la comedia loca. Y justamente una de las cosas que me parecen maravillosas de, en el mismo año, haber escrito ‘Ocho apellidos vascos’ y haber dirigido ‘Negociador’, es que colma todas mis expectativas de lo que debe ser el cine: que puedas hacer una película pequeña y personal, y que vaya a un festival de cine y se lleve un premio, y por otro lado también una película muy comercial y muy popular. Y si consigo combinar estas dos facetas, estoy cumpliendo un sueño. Puedes llegar al punto de hacerlo con la misma película, como Alberto Rodríguez con ‘La Isla Mínima’, que consigue una película de un acabado artístico estupendo, y encima taquillera. Pero, de momento, si yo puedo combinar estas dos facetas, me siento bastante cómodo.

C|: ¡No dejes nunca de hacer comedia!

B.C.: No, no, yo eso no… Siempre hay preguntas sobre si la comedia se siente infravalorada, y todo eso… Yo creo que quienes hacemos comedia flipamos bastante cuando una idea que se nos ha ocurrido hace no sé cuántos meses, aparece en la pantalla y la gente se ríe. No hay subidón mayor que ése…

C|: En mayo empieza el rodaje de ‘Ocho apellidos vascos 2’, también sabemos que estas trabajando en el guión de ‘Superlópez’ de Javier Ruiz Caldera. Danos alguna primicia de algún proyecto futuro…

B.C.: De momento estamos con eso. Es verdad que estaba escribiendo ‘Superlópez’ junto a Diego San José para Javier Ruiz Caldera, cuando fue el éxito de ‘Ocho apellidos vascos’, y los dientes de los productores se pusieron largos ante la posibilidad de una segunda parte. Todo se interrumpió un poco con la escritura de ‘Ocho apellidos vascos 2’, que ya estamos finiquitando, y ya nos hemos vuelto a poner con ‘Superlópez’, con la expectativa de que se ruede el año que viene. Nos queda mucho trabajo por delante. Tengo que estrenar ‘Negociador’, pulir detalles del guión de ‘Ocho apellidos…’… Yo creo que el 2015 está atado y bien atado, y eso son guiones que escribo, no películas que dirijo. Ni siquiera sé qué película voy a dirigir a continuación…